Revista hispanoamericana: artculos actualidad, cultura, ciencias, ecologa y Derechos Humanos.

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Manuel Ruiz Rico

Por Manuel Ruiz Rico, Addis Abeba

Una hambruna anunciada

CRÓNICAS


 

Era la crónica de una hambruna más que anunciada. «La sequía no ha cogido a Naciones Unidas por sorpresa», reconocí el pasado 1 de agosto la coordinadora de Emergencia de Naciones Unidas para el Cuerno de ́frica, Valerie Amos. Su declaración llegó apenas once días después de que la ONU declarara la hambruna en dos regiones del sur de Somalia, Bakool y Lower Shabelle. Dos días más tarde, otras dos regiones y la capital del país, Mogadiscio, quedaron incluidas también en esta situación. En realidad, pocos ignoraban lo que se avecinaba y las crudas consecuencias se están viviendo ahora, con más de medio millón de somalíes refugiados en Kenia y Etiopía, quienes seguramente jamás vuelvan a los hogares que dejaron atrás porque no tenían que comer. A corto plazo la situación no es mucho mejor: la ONU prevé que haya que mantener la ayuda humanitaria a lo largo del año que viene, ya que la hambruna no cesará.

«En el caso del Cuerno de África, una vez más, la comunidad internacional ha reaccionado tarde. Las alarmas se dispararon hace más de un año así que todo el mundo sabía lo que se venía encima. Pero no se tomaron las medidas necesarias para anticipar y mitigar la crisis. Al contrario, se ha reaccionado sólo con una respuesta de emergencia, que es mucho más costosa y menos rentable que una intervención de prevención», asegura el director técnico de Acción contra el Hambre, Amador Gómez.

La evolución de la hambruna conoció sus semanas más drásticas entre julio y la primera semana de septiembre. El día 5 de ese mes fueron declaradas en situación de hambruna la región de Bay, por lo que las zonas en hambruna se extendían ya al área de Bakool, la región del Bajo Shabelle, los distritos Balcad y Cadale del Shabelle Medio, el corredor de Afgoye, los campos de desplazados internos de Mogadiscio. Es decir, gran parte del sur del país. La ONU, ese día, alertó de la existencia de 750.000 personas «que están en riesgo de morir en los próximos cuatro meses si no se produce una adecuada respuesta».

A partir de ahí la situación tendió a mejorar. El 18 de septiembre, FEWS-NET (Famine Early Warning System Network Net), un organismo vinculado a la ONU, rebajó, debido a la aparición de lluvias en la estación secundaria, la calificación de hambruna a todas esas regiones salvo las áreas del Shabelle Medio, el corredor de Afgoye y los campos de desplazdos internos de Mogadiscio. Sin embargo, lejos de lanzar campanas al vuelo, alertó de que «cualquier interrupción de la asistencia humanitaria resultaría en el regreso de la hambruna».

De hecho, puede que ésta regrese aún manteniéndola. El Cuerno de África está ahora a expensas de la temporada actual de lluvias y de las cosechas de ésta, en los meses de enero y febrero. Los primeros informes apuntan a que estarán en los niveles medios, lo que producirá una leve mejoría. A partir de ahí, donde Somalia se la juega es en la temporada de lluvias principal, entre abril y junio, de la que dependen las cosechas de junio y julio. Y éstas, aunque aún es muy pronto, apuntarían en principio «a que lo más probable es que las precipitaciones estén por debajo de la media», según un informe de FEWS-NET.

Pero lo peor de la hambruna no es la sequía sino que la escasa capacidad de Somalia de introducir ayuda humanitaria de cualquier tipo (sanitaria y alimentaria) en el interior del país debido a que el gobierno apenas es efectivo en la capital del país.

El sur de Somalia está controlado por Al Shabab, milicia islamista vinculada a Al Qaeda, que mantiene una guerra con el gobierno somalí y desde el pasado octubre también con el gobierno de Kenia, que ha realizado una incursión militar tras el secuestro ese mes de dos cooperantes españolas de Médicos Sin Fronteras en los campamentos de refugiados de Dadaab, Monserrat Serra, de 40 años, y Blanca Thiebaut, de 30, de las que nada se sabe desde entonces.

Al Shabab mantiene un veto en sus territorios a toda organización humanitaria y organismos internacionales (a los que ha acusado de espionaje) y no ha reconocido la hambruna, cuya declaración ha achacado poco menos que una conspiración de la comunidad internacional.

Ante esta situación, la única posibilidad para los somalí es de sobrevivir a una hambruna que ha arrasado, entre otras cosas, con un tercio de las cabezas de ganado de Somalia (debido a la falta de agua y de cereales), era huir. Y eso está ocurriendo sobre todo desde junio. Casi 300.000 somalíes, de hecho, han huido este año sobre todo a Etiopía y Kenia, país que ostenta el escaso mérito de albergar ya el mayor campamento de refugiados del mundo, Dadaab, donde viven más de 520.000 personas, casi en su totalidad refugiados del país vecino.

Hace 20 años que la ONU no declaraba una hambruna en Somalia, la vez anterior fue precisamente cuando estalló la guerra civil tras la caída de la dictadura militar de Siad Barre. Aún hay dos regiones bajo esta situación en la Somalia de hoy, que está a expensas de que aparezcan las lluvias, de la guerra, de Al Shabab y del desgobierno, sin duda, los ingredientes idóneos para que la hambruna, lejos de desaparecer, se enquiste durante 2012 en este país cuya tierra no deja de expulsar al hombre.

Firma Manuel