Entender a España

El actualizarse de una nación como España consiste efectivamente en estar con el ritmo del tiempo, aunque no solo manteniendo el ritmo del propio tiempo sino también marcándolo. Se trata de sostener el tiempo y de elevarlo. Más que de estar a la altura del tiempo, se buscaría una forma de elevar la intensidad del tiempo. ¿No consiste en esto el progresismo? El tiempo histórico parece presentarse como la composición de una polifonía para recordarnos que tampoco aquí se puede prescindir de la estética.

Para Ortega, tal como leemos en Meditaciones del Quijote (1914), cada concepto es un órgano con que captamos las cosas, y sólo la visión mediante el concepto es una visión completa. De esta forma, añade Ortega que únicamente cuando algo ha sido pensado, cae debajo de nuestro poder.

También podría haberse apurado Ortega a señalar que si el concepto de las cosas no es adecuado, será la realidad misma la que nos puede hasta destruir. Es como si mediante el concepto el hombre tuviera un resorte imprescindible en sus opciones de existencia. El ser humano puede discurrir en la existencia, gracias al concepto también, para alcanzar la vida que le corresponde. Seguimos así, por nuestra parte describiendo lo que en el Dinamorfismo Filosófico se entiende como Prodomorfismo.

El movimiento 15-M emprendió el día 15 de octubre una fase nueva cuando en un millar de ciudades de los cinco continentes, los indignados expresaron sus sentimientos reivindicativos. Precisamente, este 15 de octubre, como si se aproximaran a la diana, cinco mil personas también se manifestaron en Nueva York al grito de “Ocupa Wall Street”. No admiten que se especule con sus vidas. Vivimos un gran momento para las decisiones importantes. No lo desaprovechemos. Es hora de estar despiertos.

Advierte también Ortega “que sólo cuando quedan sometidas las cosas elementales, es posible avanzar hacia las más complejas, y que por eso una cultura impresionista está condenada a no ser progresiva”. Me pregunto que si no fue precisamente esto lo que marcó el carácter final de la legislatura del presidente socialista español (2011) al atenerse al dictado del discurso financiero de un modo atomístico, podríamos decir impresionista, y por lo mismo imposibilitado para asumir un carácter progresista que se suponía el específico de su perspectiva. Pareció que Zapatero cuando se declaró reformista renunciaba ya al planteamiento progresista de la política. La raíz del problema pudo estar en la inacción para alcanzar el concepto adecuado, aunque haya sido por presiones tan insuperables como tal vez incompetentes. Pueden ser servidumbres de la política real.

En todo caso, la dialéctica que presenta hoy el poder financiero con el protagonismo y prioridad de los mercados frente a la política de los gobiernos nos avisa sobre los riesgos de proponer un “hombre disminuido”.

El movimiento de los indignados expresa la inconformidad con este planteamiento que pretende imponer, como lo objetivo, la reducción del hombre a un factor de mercado financiero. Pero estamos ante una profunda cuestión antropológica que ni las agencias de calificación deberían desconocer en sus cálculos.

El movimiento 15-M emprendió el día 15 de octubre una fase nueva cuando en un millar de ciudades de los cinco continentes, los indignados expresaron sus sentimientos reivindicativos. Precisamente, este 15 de octubre, como si se aproximaran a la diana, cinco mil personas también se manifestaron en Nueva York al grito de “Ocupa Wall Street”. No admiten que se especule con sus vidas. Vivimos un gran momento para las decisiones importantes. No lo desaprovechemos. Es hora de estar despiertos.

No sería la primera vez que señalo la necesidad de una teoría conveniente para hacer política. Me remito a un período, en circunstancias completamente distintas, de Felipe González. Guardo la postal que me remitió, en aquellos momentos complicados de la transición, con unas líneas orientativas, y le reitero mi agradecimiento por el gesto. Nadie dice que sea ésta una cuestión sencilla o fácil. En todo caso, nada es ya lo mismo.

Recientemente, decía Rüdiger Safranski en una conversación mantenida en Segovia que estamos metidos en una terrible trampa y solo nos queda reconocerla como tal para poder defendernos de ella. Añadió Safranski, pensador y crítico cultural alemán, que había llegado el momento de recobrar la fe en las ideas, y que si carecemos de políticos carismáticos, sólo nos quedan los grandes principios. Aunque pienso por mi parte que no es exactamente fe lo que reclaman las ideas.

Recuerdo ahora que Camilo José Cela declaraba enfáticamente que a los políticos carismáticos había que cargárselos en España ¿Se ha levantado la veda? ¿Fue la corrupción casi generalizada el antídoto contra lo carismático? También por TV escuché al periodista Cueto Alas decirle al propio Cela que él era un mito que no había que destruir. No me propondré eso yo ahora.

Recuperemos la advertencia orteguiana sobre la necesidad del concepto.

Se preguntaba Ortega que si no era ésta la historia de la cultura española cuando señaló que todo genio español ha vuelto a partir del caos. Aquí Ortega abre para España y su historia una importante sospecha. También pude yo escuchar en España no hace mucho lo de “una golondrina no hace primavera” ¿No puede anunciarla? Posiblemente estamos tocando un tema central de España que reclamaría una corrección de su cultura o mentalidad para poder actualizarse.

Para conocer a España hay que ver su proyecto porque España no es nada sin un proyecto. Su actualización es el proyecto sugerido por nosotros cuando hablamos de España Actual.

El actualizarse de una nación como España consiste efectivamente en estar con el ritmo del tiempo, aunque no solo manteniendo el ritmo del propio tiempo sino también marcándolo. Se trata de sostener el tiempo y de elevarlo. Más que de estar a la altura del tiempo, se buscaría una forma de elevar la intensidad del tiempo. ¿No consiste en esto el progresismo? El tiempo histórico parece presentarse como la composición de una polifonía para recordarnos que tampoco aquí se puede prescindir de la estética.

Juega un papel imprescindible en el tiempo histórico para completar su forma y dinamismo el grado o nivel de conciencia, aunque no todo sea o tenga que ser conciencia. Pero si el gobernante, por ejemplo, no alcanza mediante el concepto el nivel más alto de esta conciencia histórica, y la dirección adecuada de su dinamismo, entonces tiene anunciado su fracaso histórico y el del pueblo que representa. ¿No era esto lo que sugería Platón? Lo que se reconoce como filosofía adquiere nuevamente relevancia.

Para comprender a España, habría que comenzar por admitir que estamos tratando con una Nación con diferentes perspectivas. ¿No ocurre lo mismo con toda Nación?

La unidad económica española, para el bien de todos, debe ser-técnicamente hablando-cuanto más fuerte mejor. En ella se basa el mayor valor ético: la valoración de lo común, piedra angular en la construcción de grandes ámbitos humanos.
S. Petschen.

Sobre el tema, por ejemplo, señaló recientemente Santiago Petschem que la perspectiva catalana de España es una perspectiva de poder y de intereses. Igual que la castellana. Desde hace siglos, debido a la acción de la Corona, estas dos comunidades operaron como vasos comunicantes dentro de una misma entidad política cuando había en una parte seis millones de habitantes y en Cataluña menos de medio. Había también un imperio y derechos exclusivos sobre América cuando el castellano se expansiona por la Península como una cuña. Señala Santiago Petschem (El País, 30 de setiembre, 2011) que la relación entre estas dos comunidades formó costumbre “llegándose a entender no como circunstancia, sino como carta de naturaleza”, y añade la consideración de que la historia nunca es estática. Siempre es evolutiva. Se trata ésta de una puntualización que el Dinamorfismo Filosófico asume.

También fue certera la observación de que al desarrollo material se añadió el de la propia conciencia. En la exposición de 1888, Barcelona ya puede presentar ante Madrid un nuevo rostro. La nueva realidad hace surgir nuevas aspiraciones y hubo una conclusión posterior con la guerra civil y la siguiente dictadura. La Transición supone una transformación del pasado dictatorial cuando se establece una Constitución nueva (1978) y nuevas leyes. A partir de este momento, se refiere Santiago Petschen a Cataluña como “Un poder que juega medio en serio con manifestaciones propias de la soberanía. Pero que necesariamente tiene límites”. Los límites y los intereses se conjugan. Luego se formula la sugerente cuestión “¿Cómo incluir la vida en la interpretación de la letra para hacer que los límites sirvan para acercar?” Es una actitud que comparto. Se añade que en la dirección política y económica de España quedan aún ciertas lacras del espíritu castellano de viejo estilo. Pero frente al estilo viejo y anquilosado, operaría “el empirismo cotidiano, que en su enorme sencillez, actúa como motor de la historia”. Hay en esta expresión un tema importante que no debe pasarnos desapercibido porque pienso que en la historia no hay nada que no sea motor, como se supone cuando se habla de un motor de la historia y no de un motor “en” la historia. Es una cuestión que por nuestra parte deriva teóricamente de los principios básicos del Dinamorfismo Filosófico sobre la realidad cuando establece entre sus proposiciones primeras la estructura forma-formante y forma-formada.

Añade S.Petschen que “En los tiempos que corremos es más ventajoso prestar atención a la economía”. El motor económico no puede operar adecuadamente por vasos incomunicados”. En este momento presenta la Unión Europea en general y la zona euro en particular como un gran espejo que nos alecciona. “La unidad económica española, para el bien de todos, debe ser-técnicamente hablando-cuanto más fuerte mejor. En ella se basa el mayor valor ético: la valoración de lo común, piedra angular en la construcción de grandes ámbitos humanos”. En general, sigo compartiendo esta actitud.

También admito que no ha de darse carta de naturaleza a formas que expresan circunstancias históricas, y que la historia es dinámica mudanza, pero esto no afecta sólo a Castilla o Cataluña. En todo caso, tampoco ha de entenderse que la circunstancia no es relevante. Recordemos el yo soy yo y mis circunstancias de Ortega.

Pienso que las nociones políticas con las que reconocemos o ponemos límites a ciertas comunidades han de regularse operativamente en un dinamismo de acercamiento y comunicación, pero sin olvidar que el referente de toda sociedad humana no es desvinculable en última instancia del destino de la humanidad.

Los sentimientos son siempre significativos, pero no se puede desconocer que todos los humanos los tienen. Los tenemos. Lo razonable busca atender esta complejidad de significaciones que aportan los sentimientos, y es en este contexto donde la noción de España, también compleja, puede presentarnos hoy su aspecto más valioso al actualizarse.

Advierte Ortega que trata de comprender lo español. Para ello se precisa ensayar fórmulas de comprensión e inteligencia, y añade que sólo así podrá llegar a ser fecunda la afirmación de españolismo.

Añade que “Pudiera ocurrir que esta indocilidad fuera el síntoma de todo lo definitivamente grande. Pudiera ocurrir todo lo contrario. Pero es un hecho que los productos mejores de nuestra cultura contienen un equívoco, una peculiar inseguridad.”

En contraste con esto, escribe Ortega que la preocupación por la seguridad, la firmeza, comienza a germinar en Grecia para extenderse luego por el continente europeo. Es lo firme frente a lo vacilante, lo fijo frente a lo huidero, lo claro frente a lo oscuro. Cultura, así entendida, no es para Ortega la vida toda, sino el momento de seguridad, de firmeza, de claridad. Así afirma que se inventa en Grecia el concepto como instrumento.

Y Ortega puntualiza “no para sustituir la espontaneidad vital, sino para asegurarla.”

Vamos comprendiendo que ese dinamismo de la centralidad que Ortega quiere ocupar en la historia de España no es el producto de un narcisismo enfermizo sino el diseño geométrico que precisa para hacer girar desde su propio eje la tradición de España e iniciar otro periodo histórico nuevo. Por ello hablaba Ortega de Nueva España. Era un proyecto, y en esta actitud de proyectar es donde estaba más acertado. También hay que decir que un proyecto es algo más que un programa.

Pero la cuestión es que la importancia del concepto se hace patente hoy también a nivel global. Sin embargo, no es la firmeza exactamente lo que personalmente valoro en el concepto, si la firmeza expresa quietud, sino la posibilidad que otorga, por su claridad, de comunicación y consecuentemente de “edificación” compleja y colectiva a favor de la comunidad de ciudadanos libres precisamente al posibilitar su construcción y demandarla incluso.

Tampoco puede olvidarse que el pensamiento en Grecia tiene una historia. En realidad, es la naturaleza misma del pensamiento al fundarse en el concepto y la razón, lo que le permite ser histórico. Es la forma que adquiere en el tiempo su precisión, agilidad y dinamismo. Algunos están tan desnaturalizados por la actitud dogmática que ven en esto un inconveniente. Pero la historia puede hacerse precisamente así progresiva para evitar el atascamiento autodestructivo al que conduce un trágico inmovilismo dogmático.

Hay cosas claras y cosas que dan claridad. Al concepto que es claro se le demanda también que aporte claridad. Que sea clarificante. Otra vez unidas ética y estética en la propuesta que formula el Dinamorfismo Filosófico.

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Guillermo Menéndez de Llano

Es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense de Madrid. Obtiene la condición de Catedrático de Filosofía en la Universidad Laboral de Gijón (Asturias).