Revista hispanoamericana: artculos actualidad, cultura, ciencias, ecologa y Derechos Humanos.

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Manuel Ruiz Rico

Por Manuel Ruiz Rico, Addis Abeba

Hermanos de sangre: la guerra que no cesa

CRÓNICAS


A menos de tres meses de que Sudán del Sur declarara oficialmente su independencia de Sudán (9 de julio de 2011), la vida de ambos países, lejos de discurrir por la senda del hermanamiento ha estado marcada por la guerra y la sangre.

A pesar de que el Norte del país siempre se mostró, sobre todo por la presión internacional, más o menos flexible y dispuesto a no interferir en el proceso independentista de sus hermanos (o enemigos, casi cabría decir) del Sur, las piedras en el camino han surgido después: nada más Sudán del Sur se convirtiera en un país por derecho propio.

El problema fundamental es delimitar la frontera entre ambas naciones porque esto supone incluir ciertas zonas en el Norte o en el Sur, y esas áreas en juego son las más petroleras del país.

Del resultado de quien gane en este tira y afloja puede depender el futuro de la región frontera de Abyei, de donde procede gran parte del petróleo de la antigua Sudán.

Abyei es, en principio, una región tradicionalmente adscrita al Sur si bien serán sus ciudadanos quienes tengan que decidir esto en un referéndum que se pospone siempre sine die y que no se celebrará hasta que las aguas no estén en un cauce más pacífico, cosa que no parece que vaya a pasar a corto o medio plazo.

El resultado de todo esto es que ambos países llevan a cabo una guerra en la frontera prácticamente desde el día siguiente de que el Sur se declarara independiente.

Esta guerra está costando miles de refugiados, muchos de ellos han alcanzado ya la vecina Etiopía, donde el gobierno del país y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) han tenido que establecer diversos campos de refugiados para dar cobijo al éxodo de personas que huyen de su país que acaba de nacer.

Sin embargo, Sudán y Sudán del Sur están condenados a entenderse. El Sur tiene el petróleo pero sólo puede exportar por el Norte, que tiene los oleoductos para poner en circulación los barriles de petróleo. Esta situación de guerra ha llevado a una caída sin precedentes de la producción que está privando a ambos países de obtener ingresos. Curiosamente, si hay algo que pueda unirlos en unas negociaciones de paz no será el hermanamiento por vecindad ni un cierto pasado compartido, sino el dinero.

Para desatascar esta situación en los últimos días de marzo se concertaron unas conversaciones de paz en Addis Abeba, sede de la Unión Africana. Por unos momentos llegó un destello de esperanza: el 3 de abril, los presidentes del Norte, Al-Bashir, y del Sur, Salva Kiir Mayardit, acordaron que firmarían un acuerdo para declarar el libre movimiento de ciudadanos y trabajadores de un país a otro y fijar diversos comités destinados a establecer la frontera entre ambas naciones.

Un día más tarde, sin embargo, todo se rompió. Sudán volvió a reanudar las hostilidades y la firma de cualquier acuerdo se hizo imposible. “Las fuerzas de la República de Sudán del Sur han derribado y destruido un MiG-29”, confirmó a los periodistas el 4 de abril Pagan Amum, el director de las negociaciones por parte de Sudán del Sur. Amum acusó a Sudán de estar tirando bombas mientras negociaban esos días en Addis Abeba.

Las conversaciones de paz en Addis Abeba terminaron finalmente sin ningún acuerdo firmado.

Según Médicos Sin Fronteras (MSF), hasta 80.000 personas han huido del Estado del Nilo Azul, una de las regiones más afectadas. “El número de personas huyendo de la guerra ha crecido mucho más allá de lo que nadie había anticipado. Ahora se encuentran en zonas remotas y hay que dotarlos de lo esencial para vivir, con el riesgo de la estación de lluvias que está llegando y que va a suponer un serio desafío”, explica Julien Matter, coordinador de emergencias de MSF.

Una de las personas que huyó del Estado del Nilo Azul es Younassa Lifa Lenya, una refugiada que trabaja ahora en un hospital de MSF en el campamento de refugiados Doro atendiendo a otros refugiados.

"Vine del Nilo Azul hace cuatro meses. Me vine con mi familia desde Kurmuk, donde viv�amos. El viaje fue todo a pie y fue horrible. Tardamos 30 d�as en llegar hasta aqu� y no ten�amos comida y en el camino apenas la encontr�bamos", dice Younassa.

"Antes de todo esto yo ya hab�a sido una refugiada en Etiop�a durante casi 20 a�os", a�ade. "Despu�s, regres� al Estado del Nilo Azul, en Sud�n, con la independencia, y ahora he tenido que volver a huir por los combates y la guerra. Vuelvo a ser una refugiada".

7 de abril de 2012

Firma Manuel