sábado, agosto 1, 2026
Filosofia

Deconstruir la masculinidad: un análisis epistemológico

En los últimos años, se ha popularizado la tesis de que los hombres deben “deconstruirse” para desprenderse de supuestos rasgos negativos tradicionalmente vinculados a la masculinidad: agresividad, dominio, competitividad, autoridad o represión emocional.

Este discurso se presenta como un camino liberador, progresista y esencial para construir una sociedad más equitativa. Sin embargo, cuando se examina con rigor epistemológico —y no desde presupuestos ideológicos—, emerge una pregunta ineludible:

¿Por qué deconstruir exclusivamente la masculinidad si los rasgos negativos son inherentes a la condición humana y no privativos de un sexo?

El error de partida: atribuir rasgos humanos a un solo sexo

La agresividad, la competitividad, la dominación y la manipulación no son rasgos masculinos, sino rasgos humanos universales.

Desde edades muy tempranas, las niñas compiten, ejercen dominio, manifiestan agresividad y buscan estatus, tal como lo hacen los niños. Aquí, hay quien puede afirmar que, pese a esto, la violencia física es cosa más del género masculino. Eso también es discutible.

De hecho, ya de adultas, algunas mujeres pueden ejercer la violencia en su entorno inmediato, igualmente como hacen los hombres. Algunos ejemplos —afortunadamente cada día menos comunes— es el maltrato a los hijos, que se produce porque la madre es más fuerte que sus hijos. Y en la sociedad más amplia, cada día más mujeres se suman a la práctica de artes marciales o formas de lucha tan agresivas como el MMA.

Las imágenes de a continuación son de extrema violencia, pero muestran como las mujeres pueden ser tan agresivas e inclementes como los hombres:

Por consiguiente, calificar estos rasgos como “masculinos” no es ciencia, sino esencialismo cultural y, en los últimos años, pura ideología.

La asimetría ideológica: deconstruir al hombre, eximir a la mujer

Después de lo dicho anteriormente, podemos seguir avanzando en nuestra reflexión de la siguiente manera: Si los rasgos negativos son universales, entonces la lógica exige una deconstrucción simétrica basada en tres pilares:

  • examinar la masculinidad (por supuesto),
  • examinar la feminidad (también),
  • y someter (finalmente) a escrutinio cualquier identidad que pueda generar dinámicas perjudiciales para la sociedad, más allá de su sexo.

Sin embargo, de forma sectaria, el discurso dominante en gran parte de occidente, a la hora de deconstruir, apunta exclusivamente a un sexo. Esta asimetría carece de fundamento empírico y responde, en cambio, a una narrativa política que necesita:

  • un sujeto problemático (el hombre),
  • un sujeto virtuoso (la mujer),
  • y un ritual de purificación simbólica (la deconstrucción masculina).

Aunque se viste de progresismo civilizatorio, esto no es epistemología. Es simple moralización ideológica. Una posición reaccionaria y sectaria que cosifica a un colectivo: los hombres. Y que ahoga las aspiraciones de respecto a la individualidad.

La alternativa epistemológica: analizar conductas, no a colectivos

Si realmente aspiramos a una sociedad más justa y que mejore la anterior (verdadero progresismo), una vía más racional sería:

  • analizar comportamientos concretos y observables,
  • estudiar las dinámicas sociales reales,
  • identificar factores estructurales e individuales,
  • y atribuir responsabilidad a las personas, no a colectivos biológicos o de cualquier otra índole.

Para muchos puede ser un juego, una moda, pero a lo largo de la historia, generalizar y colectivizar (negativamente) a grupos no ha generado más que sectarismos, autoritarismos y genocidios.


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Jesús Sordo Medina

Programador informático, redactor y director de homohominisacrares.net

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