La subordinación religiosa de las mujeres

[Foto: ‘Susana y los viejos’, Artemisia Gentileschi (1610). Museo del Prado.]

La fertilidad y la maternidad -dos actividades vitales pero comunes para cualquier ser vivo- son las causas más importantes de devaluación y disminución de la mujer. En diversas culturas, las mujeres sólo pueden adquirir estatus social casándose o teniendo hijos. Las funciones biológicas son reglamentadas bajo códigos sociales y morales. La religión judeocristiana condena la menstruación y las relaciones sexuales antes del matrimonio. Asimismo, muchas religiones han reprimido la femineidad, reafirmando actitudes androcéntricas y patriarcales, como es el caso actual de las mujeres afganas que con la vuelta de los talibanes al poder político, han perdido toda esperanza de futuro, acostumbradas en su historia a un régimen sanguinario de lapidaciones, decapitaciones y ausencia de posibilidades de estudio o trabajo.

El matrimonio y la maternidad son las principales razones que permiten la explotación femenina; por ejemplo, todas las mujeres hindús deben casarse y convertirse en madres, actos considerados como ritos de iniciación imprescindibles en la vida de las mujeres [1], a fin de alcanzar un determinado estatus social y mantener el honor de sus familias. Las esposas hindúes practican rituales de protección y actos devocionales por sus esposos (pativratya) [2]. Adicionalmente, el Ramayana -una de las obras más importantes de la India antigua– ha impuesto a Sitam, personaje principal de esta obra, como el arquetipo de esposa leal [1], debido a sus demostraciones de sumisión hacia Rama. Un claro ejemplo de ello fueron las ceremonias Sati, llevadas a cabo en la India a inicios del siglo XIX, en las cuales se evidenciaba que el valor de una mujer disminuye en ausencia de su pareja. Otros actos, como el establecimiento de la dote, en contraposición al precio de la esposa, son la prueba de la concepción que se tenía sobre la mujer como una carga económica y una molestia para la familia del esposo.

De igual forma, el androcentrismo y el patriarcado garantizan el lugar que ocupan los hombres en los altos niveles de la jerarquía. De hecho, los hombres son los principales receptores del culto de sus esposas [2]. Aunque el islam condenó el “infanticidio femenino” [3], en gran parte de las culturas aún existe la preferencia por el hijo nacido varón. La mayoría de las culturas en la historia, excepto navajo, apache y otras pocas, son patrilineales [4]; las deidades más significativas en la mayoría de las culturas son masculinas: Zeus, Odín, Alá, Marduk y Vishnu, ocupando roles asociados con la realeza, el cielo (Urano) y reinos superiores, mientras que las diosas como Hera, Frigg, Zarpanitu y Lakshmi estaban relegadas a roles secundarios vinculados con la fertilidad, la tierra (Gaia) y los reinos inferiores.

Incluso el budismo y el cristianismo, religiones consideradas como pacíficas, presentan cierto grado de desprecio hacia las mujeres. El Buda mismo no estaba muy complacido con la idea de crear una sangha femenina, ya que podría limitar el impacto y la duración de sus enseñanzas [5]. Existe una analogía cristiana en términos bíblicos: “Tu deseo será para tu marido y él te dominará.” (Génesis 3:16) [6]. En esencia, las mujeres deben ser controladas por patrones patriarcales, principalmente en términos de sexualidad, además se suele creer que son más pecaminosas que los hombres, por ello requieren supervisión masculina.

No obstante, las mujeres han sido elogiadas de forma intermitente a través de la historia: La Virgen María, Juana de Arco y la reina de Inglaterra Elizabeth I. Según bases bíblicas, tanto hombres como mujeres fueron creados a imagen y semejanza de Dios, teniendo la misma naturaleza. Muchas tradiciones antiguas y movimientos de la nueva era se orientan hacia la adoración de la naturaleza y las imágenes de las diosas ancestrales. Hoy más que nunca, las mujeres tienen acceso a una mejor educación, salario y funciones políticas, sin embargo, el igualitarismo total está lejos de lograrse. Si la religión siempre ha tenido una excusa para devaluar la femineidad, entonces el secularismo y el feminismo parecen ser la solución a siglos de explotación [7].

Trabajos citados

  • [1] Gudorf, C. “Women in Hinduism. FIU, 2012. Slide Program. 22 Jul 2012.
  • [2] Falk, N. and Gross R. “Unspoken Worlds: Women’s Religious Lives.” Third Edition. Belmont: Wadsworth, 2001. Print.
  • [3] Gudorf, C. “Women in Islam: Reclaiming the Tradition.” FIU, 2012. Slide Program. 22 Jul 2012.
  • [4] Elkind, D. “Apache-A-Go-Go: Arigon Starr Went from Matlock to Alternapop Star in Indian Country.” Alice, Jan. 31, 2000: 18–. Ethnic NewsWatch. Web. 22 July 2012.
  • [5] Gudorf, C. “Women in Buddhism.” FIU, 2012. Slide Program. 22 Jul 2012.
  • [6] Multiple Authors. “Genesis 3:16.” Bible Gateway, New International Version, 2012. Web. 22 Jul 2012.
  • [7] Reilly, N. “Rethinking the Interplay of Feminism and Secularism in a Neo-Secular Age.” Feminist Review 97 (2011): 5 – 31. GenderWatch. Web. 22 July 2012.

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Dr. Raúl Quintana Selleras

Doctor en Gerencia de Ingeniería y nacido en Cuba, actualmente reside en Texas, Estados Unidos. También posee una licenciatura en Artes y Letras en Teología por la Universidad de Florida, ha escrito varios libros, recibido varios galardones como el Premio Limaclara Internacional de Ensayo 2017 y colabora como ensayista y artículista en diversos medios de habla hispana.