El orientalismo en Jesús de Nazaret

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz cada día y sígame», (Lucas 9:23-24).

Un nuevo mundo ahoraLa frase que da inicio a este artículo la recoge, entre otros, Eckhart Tolle (Un Mundo nuevo, ahora, 2007) para explicar algunos pasajes de los Evangelios que pueden interpretarse en clave oriental si los comparamos con aspectos del budismo, como son las enseñanzas sobre la comprensión y liberación del ego en el Dhammapada y otras obras del Canon Pali.

Cuando leemos en la Biblia frases como «niégate a ti mismo», «pon la otra mejilla», o «si alguien se lleva tu camisa, deja que también se lleve tu capa» (Lucas, 6:29-30), no sólo se habla de una moral reformista, también estamos en el terreno de la lucha psicológica para vivir con menos apegos materiales y emocionales. Así, si comparamos las palabras del nazareno con estas otras: «Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad», atribuida a Siddhārtha Gautamá, el Buda, la ética cristiana muestra evidentes similitudes a la budista. Es decir, como resume Osho: «Sólo el ego se siente siempre herido» (Los misterios de la vida, 1996, pp. 114); y tanto en la doctrina de Jesús como en la de Buda se pone el acento en la supresión del ego, el cual, sabían Siddhārtha y el galileo, es la vía natural hacia la ira y la violencia.

Y todo para confluir, como hacen también Confucio, el Tao y otros reformadores sociales antiguos, en la famosa Regla de Oro que en el Evangelio de Lucas dice así: «Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos» (Lucas, 6-31). Mientras que Buda lo expresa de la siguiente manera: «no hieras a los otros de una forma que tú mismo encontrarías hiriente». (Udanavarga 5:18). Jesús de Nazaret demuestra así su conocimiento sobre otros convenios éticos y en el caso de cómo se acerca al tema del ego, se hace difícil pensar que no tuviera información sobre el budismo o doctrinas orientales en general.

Otro aspecto que destaca enormemente en la doctrina de Jesús es la forma en la que trata a la mujer. En su tiempo, ni griegos, ni romanos, ni egipcios y mucho menos, judíos, tenían una visión positiva de la mujer. Aunque es cierto que la figura de la Diosa Madre existía en las cosmogonías de griegos, egipcios y romanos, la realidad era bien distinta y ser mujer en aquellas sociedades suponía ocupar el estrato social entre los hombres libres y los esclavos.

En el caso de Oriente, la mujer podía ser adorada como diosa, como es el caso del hinduismo que posee varias deidades femeninas. En la literatura sagrada antigua hinduísta (védica y posterior) no existe una concepción negativa de la mujer, sino todo lo contrario. El Rig-veda, considerado el primer texto sagrado hindú y escrito en sánscrito, otorga sabiduría a un total de treinta mujeres. Además, la mujer en la familia ocupa un lugar privilegiado y es respetada por todos. Aunque la sociedad hinduísta y budista no ha escapado al machismo en general, el cual ha dominado el mundo desde la noche de los tiempos, sí es cierto que los primeros textos sagrados hindúes buscan la unión y el equilibrio entre hombre y mujer y no el sometimiento de una por el otro. Sin embargo, como sabemos, el texto que da comienzo al mundo tanto en la literatura hebrea como cristiana, el Génesis, desde un primer momento, coloca a la mujer en una difícil situación para afrontar la historia posterior: «Multiplicaré en gran manera los dolores en tus embarazos, con dolor darás a luz los hijos, tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti» (Génesis, 3. 16.). Un ejemplo de cómo la sociedad judía era patriarcal mientras que en Oriente se tendía al matriarcado.

En este sentido, Jesús establece un «justo medio» muy interesante entre matriarcado y patriarcado igualando casi la figura del «Padre» y de la «Madre»; de Dios y de la Virgen María. Esto nos lleva a pensar que el nazareno pudo conocer de primera mano el orientalismo y una mirada diferente hacia la mujer y establecer con ella una relación de igualdad, como se hace evidente en multitud de pasajes del Nuevo Testamento y que corrigen, deliberadamente, al Antiguo.

Ahora bien, ¿cómo pudo el galileo haber llegado a esas reflexiones tan orientales? En relación a esto, pueden existir dos hipótesis:

Primera: que Jesús viajara a Oriente

Esta teoría nos llevaría a pensar que Jesús, en los llamados años oscuros, viajó al este, atravesando Siria y Persia hasta llegar a la India, en concreto a la zona de Cachemira, un centro de aprendizaje budista y sánscrito en aquella época. Durante esos años de viajes, Jesús pudo aprender las doctrinas principales de aquella zona del mundo, como son el hinduismo y el budismo, asumiéndolas para aumentar su propio pensamiento. Razones tenía para hacerlo, pues ya en su época, gracias a las conquistas de Alejandro y al contacto con los Persas, se sabía de la existencia de pueblos en aquella parte del mundo con cosmovisiones y tratados ético distintos. También, antes que él, el griego Pitágoras de Samos incluyó en su filosofía elementos orientales, como la «transmigración de las almas» muy similar a la teoría de re-encarnación hinduísta-budista y que Platón también recogió en su pensamiento. Por lo tanto, no es tan descabellado pensar que Jesús de Nazaret, si viajó a otras tierras, hiciera algo parecido y se empapara del saber védico.

Con respecto a esta hipótesis, algunos han añadido que Jesús no murió en la cruz sino que sobrevivió a la crucifixión y volvió de nuevo a Oriente en busca de las «10 Tribus Pérdidas de Israel» que en tiempos del Rey Asirio Sargón II, en el siglo VIII a.C., huyeron hacia la India y otros lugares del Medio Oriente. Tras alcanzar Cachemira, donde pudieran encontrarse los descendientes de estas tribus, Jesús formó una familia y falleció siendo anciano.

Para no pocos, este relato tiene base histórica. Primero porque Jesús fue crucificado en viernes por la mañana y, ya que al día siguiente era sábado, día sagrado para los judíos, fue bajado de la cruz por la noche. Cuando José de Arimatea fue ese viernes a visitar a Poncio Pilatos para pedir bajar el cuerpo, Pilatos se sorprendió de que ya hubiera muerto (Marcos, 15:44-45); muchos condenados podían permanecer vivos en la cruz durante días. La secuencia de esta versión es que Jesús, después de ser bajado de la cruz, fue llevado a un lugar secreto y seguro donde se curó de sus heridas, para luego encontrarse con sus discípulos, despedirse y partir, junto a su madre María, hacia el Este.

El otro hecho que algunos destacan para afirmar que Jesús sobrevivió a su crucifixión y volvió a Oriente, es la existencia de la tumba de Isá –como llaman los musulmanes a Jesús– que desde hace 1,900 años existe en la ciudad de Srinagar, en Cachemira, en el oeste de la India. Allí, también existe una comunidad de judíos o al menos una comunidad que cuenta en su dialecto con muchas palabras de origen hebreo.

Segunda: Jesús conoce el conocimiento y espiritualidad oriental en su región

Tumba de Jesucristo en Cachemira
Fotos del viajero Antonio Aguilar – Para más información sobre la ubicación y la ciudad de Srinagar: http://www.historiasdenuestroplaneta.com/la-tumba-de-cristo-en-cachemira/

Si Jesús no viajó a Oriente, entonces tuvo acceso al pensamiento oriental a través de diversas fuentes, es decir, pensadores que ya conocían la filosofía y espiritualidad hindú y residentes en Israel o alrededores. Esto es posible si echamos la vista atrás unos siglos y advertimos el contacto cultural que produjo la marcha de Alejandro Magno hacia Oriente, llegando al río Indo. El macedonio, como ha quedado escrito, además de llevar tras de sí a una gran hueste de soldados helenos, también se dejó acompañar de historiadores y filósofos; de hecho su maestro fue Aristóteles. Esta estrategia de unir las armas al conocimiento obedecía a la ilusión del hijo de Filipo por crear una oekumene, o mundo común de hombres civilizados que hablaban griego. Este proyecto, que sucumbió tras la muerte de Alejandro, no obstante sí que logró una especie de acercamiento definitivo de las culturas tanto a nivel geográfico como a nivel intelectual. La filosofía griega entró en contacto -si no lo había hecho antes a través de los Persas- con la espiritualidad hinduista y budista y se mantuvo ese intercambio a través del Reino Seléucida hasta los tiempos de Roma, imperio que se hizo con parte de los territorios del reino macedonio más oriental.

De esta forma, al igual que sus discípulos y Pablo de Tarso, Jesús pudo conocer en detalle Grecia y la filosofía pitagórica y platónica, Egipto y su magia o incluso Babilonia, regiones donde los judíos tenían comunidades y donde el orientalismo ya se había recibido.

La manipulación del pensamiento de Jesús de Nazaret

Es cierto que mucho de lo escrito en el Nuevo Testamento no es nuevo. El día de nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre, se justifica para coincidir la fecha con el día de la festividad del Sol y el nacimiento del dios pagano Mitra. En cuanto al lugar y el año del nacimiento, ni tal cosa ocurrió en Belén ni en el año cero. En relación a la localización, todo se debe a que los apologetas cristianos quisieron cumplir con la profecía de Miqueas de que el Mesías que habría de gobernar Israel nacería en Belén (Miqueas, 5-2). En cuanto al año de nacimiento, si Jesús nació en tiempos de Herodes el Grande quien se sabe que murió en el 4 a.C., Jesús tuvo necesariamente que nacer en un año indeterminado anterior, por lo que la Edad Cristiana comenzaría, al menos, en el 4 a.C.

En cualquier caso, incoherencias a un lado, lo interesante de la doctrina de Jesús, más allá de las creencias personales de cada uno, es la universalidad de algunas de sus propuestas y reformas morales como son la práctica de la no-violencia, la igualdad de derechos entre mujeres y hombres y sobre todo la reflexión gnóstica que realiza sobre la psicología humana. Estos aspectos son los que destacan como verdaderos de entre toda la apologética y manipulaciones que han llevado a cabo las distintas iglesias cristianas a lo largo de dos milenios. Es una pena que aquel gran legado humanístico no haya sido aprovechado y potenciado por las superestructuras cristianas a lo largo de su historia.

Fuentes:

http://www.historiasdenuestroplaneta.com/la-tumba-de-cristo-en-cachemira/

JUAN ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Maeva Ediciones, 2012, Madrid.

ECKHART TOLLE, Un Mundo nuevo, ahora, 2007

Los misterios de la vida, Introducción a las enseñanzas de Osho, Arkano Books, 1996, Madrid.

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Jesús Sordo Medina

Programador informático, redactor web y escritor.

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