El trabajo infantil en América Latina

Infantes explotación
Ladrillera en el distrito de Huacipa en Lima (Perú). EFE/Archivo

América Latina es la región más desigual del planeta. Las riquezas se han concentrado en unas cuantas manos, mientras la población en estado de pobreza y pobreza extrema se incrementa desmesuradamente. Según datos de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), luego de la crisis económica que azotó al mundo, en los países latinoamericanos se espera que 39 millones de personas se integren a las dolorosas, y cada vez más indignantes, cifras de la pobreza.

Uno de los sectores más vulnerables, que sufren desde sus primeros años la desgracia de ser parte de lo que para muchos analistas son sólo cifras, son los niños y niñas.

Ser una niña o niño pobre en América Latina, significa vivir discriminad@s, sin acceso a la educación y a una vivienda digna, sin contar con los servicios básicos de salud. prohibida para ellas, para ellos, la alegría.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se estima en 550 millones de personas la población total de la región, aproximadamente 280 millones viven en pobreza, la mayor parte son mujeres, niños y niñas. Según datos de la misma fuente, en el informe “Panorama social de América Latina 2009”, presentado en noviembre del año pasado, la pobreza es 1.15 veces mayor en mujeres que en hombres y 1.7 veces más alta en menores de 15 años que en personas adultas .

Algunos ejemplos de esa brecha: en Nicaragua la pobreza es 1.3 veces mayor entre niños y niñas que en personas adultas; este rango sube a 1.8 cuando hablamos de Chile, llegando a 3.1 en Uruguay.

De acuerdo con el informe antes citado de la CEPAL, “el origen étnico de la población es una condición altamente correlacionada con la posibilidad de ser pobre”, y agrega: “uno de los rasgos más determinantes de la pobreza es la alta tasa de fecundidad y el alto nivel de dependencia en el hogar, algo que deja en una situación especialmente desmedrada a los niños”.

Ser pobre es una condición, a la que se le suman: ser niño, ser indígena o afrodescendiente, ser mujer, multiplicándose así las condiciones de discriminación.

En el artículo “Las mujeres indígenas y la erradicación de la pobreza”, que puede ser consultado en http://www.eclac.org/mujer/noticias/noticias/0/26960/Tarcila%20Rivera.pdf la indígena quechua Tarcila Rivera Zea, define así su situación:

Nuestra definición de pobreza está relacionada con la afectividad, el bienestar físico y espiritual. Somos pobres cuando escasean los alimentos, cuando el agua se convierte en mercancía, cuando los animales mueren porque no hay pasto ni espacio para su desplazamiento.

La Doctora Irma Depianteduri, en su artículo “Situación del niño en América Latina” se refiere de la siguiente manera a las condiciones actuales de la niñez:

La pobreza es un estado cualitativo caracterizado por el hambre, la ausencia de salud, las malas condiciones de vivienda, el ambiente social inadecuado, el analfabetismo, la falta de calificación y los ingresos bajos. Ser pobre significa también envejecer rápidamente, y morir joven, trabajar duro y no ejercer control sobre su entorno político. Ser en la práctica ciudadano de segunda.

Ser pobre es vivir en la incertidumbre, segregado social y territorialmente. El hábitat de la pobreza es opresivo. (1)

Esas condiciones objetivas son lo que obliga a millones de niñas y niños de la región a dejar en el olvido los juegos y las risas e ingresar tempranamente al ámbito laboral.

Existen algunas actividades que realizan las personas desde la infancia, algunas de ellas son culturalmente aceptables, puesto que están adaptadas a su edad y cumplen una función formativa como ser humano y como parte de su comunidad, sin embargo, según los organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se entiende por trabajo infantil:

  • Un trabajo realizado por un niño o niña que no alcance la edad mínima especificada para un determinado trabajo y que, por consiguiente, impida probablemente la educación y el pleno desarrollo del niño o de la niña.
  • Un trabajo que se denomina trabajo peligroso porque, ya sea por su naturaleza o por las condiciones en que se realiza, pone en peligro el bienestar físico, mental o moral de adolescentes o niños y niñas que están por encima de la edad mínima para trabajar.
  • Cualquiera de las incuestionablemente peores formas de trabajo infantil, que internacionalmente se definen como esclavitud, trata de personas, servidumbre por deudas y otras formas de trabajo forzoso, como el reclutamiento forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados, explotación sexual comercial y pornografía, y actividades ilícitas. (2)

Según cifras de la UNICEF y de la misma OIT, cerca de 17 millones de niñas, niños, adolescentes de entre 5 y 17 años de edad se encuentran sometidos a alguna de las condiciones antes mencionadas, la mayor parte de ellas y ellos, el 70%, desarrollando actividades agrícolas.

El número de niños y niñas indígenas que pertenecen a esa porción de la población es difícil de determinar, pero debemos recordar que, por ejemplo, en México, la mayor parte de los pueblos originarios se encuentran en zonas de alta marginación, entre 2006 y 2008 se ha incrementado la pobreza en ese país, y que hasta 2006, 11 municipios mexicanos se encontraban entre los más pobres del mundo y que todos son mayoritariamente indígenas.

En las zonas rurales los niños y niñas se integran a edad más temprana que en las zonas urbanas al ámbito laboral, la mayoría de ellas y ellos trabajan en la economía informal (80%), las actividades realizadas les impiden ejercer su derecho humano a la educación, ya que el trabajo o bien los limita en rendimiento, o les impide asistir a la escuela por completo. Según datos de la OIT, tres de cada cuatro niñas o niños que trabajan abandonan sus estudios.

Cuando los niños y niñas emigran hacia las ciudades, el trabajo que realizan generalmente se relaciona con el reciclaje de basura, comercio ambulante, servicio doméstico -principalmente las niñas-, construcción, boleros, etcétera. Siendo vulnerables a caer en las redes de las organizaciones de prostitución infantil, tráfico de personas y pornografía.

Entre los trabajos que realizan los niños y niñas en el área rural se encuentran: trabajo asalariado por temporadas en haciendas ajenas, y en muchos casos tan lejanas que tienen que trasladarse de una región a otra, asimismo, realizan labores que complementan el trabajo asalariado de sus padres; estas actividades se realizan sin protección de ningún tipo, en condiciones casi de esclavitud: tienen jornadas laborales superiores a los límites establecidos para las personas adultas, ingresos inferiores, sin derechos laborales, ocupadas y ocupados en empleos precarios.

Algunos ejemplos: De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Ecuador (INEC) existen aproximadamente 779,000 niñas, niños y adolescentes trabajando en ese país 3 . En Chile se reporta la más baja incidencia con 196 mil; en Brasil, de acuerdo con Louis Coirradini, periodista del Correo de la UNESCO, 40 mil niñas y niños son vendidos cada año para trabajar en tareas rurales o domésticas.

Pero en México, la cifra es alarmante, según los últimos datos del Módulo sobre Trabajo Infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE 2007) el número llega a 3.6 millones de niñ@ y adolescentes de entre 5 y 17 años.

El caso de México es angustiante: el 12.5% de la población infantil en ese rango de edad se encuentra laborando, peor todavía, de ell@, 1.1 millones tiene menos de 14 años, incumpliendo la cuestionada Ley Federal del Trabajo, que establece 14 años como edad mínima para trabajar. Más de 280 mil son explotados en el sector agrícola, medio millón en el comercio, 800 mil en diversos servicios y 400 mil en la industria manufacturera.

De acuerdo con datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, en Guatemala la tasa de trabajo infantil es de 30%, Paraguay 23% y sobresale Venezuela pues se encuentra entre los países con menor tasa de trabajo infantil, 2.2%.

En Colombia, por su parte, existe más de un millón de niñas y niños de entre 5 y 17 años de edad insertados en el ámbito laboral y un millón más, realiza diferentes actividades domésticas durante más de 15 horas a la semana.

Estos datos nos pueden dar una idea general de la situación de los niños, niñas y adolescentes pobres del Continente, sin embargo, no debemos olvidar que detrás de cada número, lo que en realidad existen son vidas humanas, vidas que se apagan desde sus primeros años, arrebatadas las sonrisas, muerta la esperanza.

El trabajo infantil -desde mi punto de vista un eufemismo de esclavitud, dadas las condiciones en las que los niños y niñas llevan a cabo las actividades que les son impuestas- crea un círculo vicioso que los encierra en el entramado doloroso de la pobreza, de la exclusión.

Existen diversas consecuencias de él: mantiene y profundiza las desigualdades sociales, violenta derechos fundamentales del ser humano, particularmente derechos de la infancia, obliga a los niños y niñas a comportarse y asumir responsabilidades inapropiadas para su edad, limita o impide el disfrute del derecho a la educación, son violentados derechos laborales fundamentales, llegando a convertirse en esclavos modernos, sufren violencia y agresiones físicas, psicológicas o sexuales de parte de sus patrones.

El realizar trabajos sin seguridad social y en condiciones deplorables, los conduce a sufrir enfermedades crónicas, retrasan su crecimiento, agotamiento físico crónico, dependencia a fármacos, drogas y alcohol, accidentes constantes en los que incluso pueden perder desde un miembro de su cuerpo, hasta la vida.

Es necesario que quienes detrás de esas cifras vemos vidas, que quienes no vemos esos números fríos como sin sentido, aquellas organizaciones de derechos humanos, derechos civiles y en pro de la infancia, que la sociedad toda, impulsemos acciones que pongan un alto a este flagelo. No lo harán aquellos que se ven crecer sus ganancias gracias a la explotación de niñas y niños, no lo harán aquellos que se benefician y les succionan la vida día con día.

La solución debe venir de una sociedad organizada y decidida a hacer cumplir los derechos fundamentales de los niños y las niñas del Continente.

Notas

1. Depianteduri, Irma, “Situación del niño en América Latina”, disponible en:

http://www.silvitablanco.com.ar/editorial/editorial.htm

2. OIT: Un futuro sin trabajo infantil. Informe global con arreglo al seguimiento de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo. Conferencia Internacional del Trabajo 90 a reunión, 2002, Informe I (B), pág. x. Disponible en: http://www.ilo.org/ipecinfo/product/download.do?type=document&id=5665 .

3. Sin embargo, para el año 2010 se han propuesto terminar con el trabajo infantil en basurales, según datos de el periódico “El Ciudadano”, órgano oficial del gobierno de ese país, de 2014 casos detectados, en ocho años lograron que 1,900 niños, niñas y adolescentes salieran del trabajo de los basurales, esperan cumplir la meta de la erradicación para junio de este año.

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