Yaguar: en peligro de extinción

El yaguar ( Panthera onca ) es el felino más grande de América, según la especie y sexo, puede alcanzar un peso de 150 kg. y medir hasta dos metros de longitud. Su cuerpo es musculoso, cubierto de denso pelo, amarillo rojizo con manchas negras en forma de roseta alrededor de su dorso y costados, y blanco en el vientre y la parte interna de las patas.

También existe la posibilidad de encontrar yaguares completamente negros con manchas aún más oscuras sobre el pelaje, estos reciben en algunas culturas un nombre especial, por ejemplo, los guaraníes lo llaman yaguareté hú; también existen yaguares completamente blancos, llamados albinos, se han encontrado algunos de ellos en Paraguay.

Se cree que el yaguar desciende de una especie que vivió hacia la mitad del Pleistoceno: la Panthera gombaszoegensis , o jaguar europeo, desaparecido; la Panthera onca hoy también está en peligro de extinción, el exterminio capitalista los amenaza, pero ellos no lo saben hasta 13 días después de nacer, cuando abren por primera vez los ojos y sus pupilas amarillo oro observan su cada vez más reducido hábitat.

Originalmente se distribuía desde el sur de Estados Unidos hasta Argentina en Sudamérica; pero la caza furtiva y la destrucción de su hábitat natural han reducido su población e incluso han desaparecido ya en algunas regiones, sobre todo de Centroamérica.

Los que aún viven, prefieren ambientes con vegetación tropical, zonas pantanosas, manglares o bosque mesófilo de montaña rico en cañadas y serranías.

Puede reproducirse en cualquier época del año, la madre da a luz después de un periodo de gestación de entre 90 y 100 días, elige como cubil paredes rocosas, huecos en las raíces de los árboles o cuevas, pero siempre cerca de alguna fuente de agua dulce.

Entre dos y cuatro cachorros nacen en cada camada, durante dos meses permanecen en la madriguera, luego, salen a explorar, siempre con la madre cerca para amamantarlos, por ello, en ese periodo dependen por completo de la defensa de ella, que a la vez que los alimenta con su leche, retoza jugando a cazarse unas a las otras.

La madre durante este periodo está decidida a protegerlas con toda su fiereza, incluso a costa de su propia vida; no se separaran hasta cumplir dos años, tiempo en que las hembras alcanzan su madurez sexual, los machos tardan un año más en agilizarse sexualmente; entonces marcan su territorio con orina y rasguños en los troncos de los árboles, y recorren su espacio de día o de noche, ensamblando resonantes rugidos a la melodía natural de la selva.

Fuertes mandíbulas y poderosas garras que afila en los troncos de los árboles; cabeza y pecho anchos, compacto cuerpo; suave, anaranjado y corto pelaje; orejas pequeñas, redondeadas; cola relativamente corta y gruesa; utiliza sus bigotes para detectar cambios en el ambiente y guiarse en la oscuridad; le han llamado Yaguareté, Yaúi, Zauat, Uturunco, Nahuel, Yaguar, Acangusú, Tigre mariposa, Balam, Ocelotl, Chivi-guasu, Otorongo. al llegar los españoles le llamaron tigre, jaguar es la designación europeizada, su nombre proviene del vocablo aborigen “Yaguara” que significa “el que mata de un salto”.

Terrestres, excelentes trepadores, grácil nado; sigiloso acecha por la noche entre humedales, matorrales, montañas y márgenes de ríos, esperando algún mamífero para cazar, cuando la presa está cerca se abalanza sobre ella, la derriba con su peso y le muerde el cuello con los fuertes colmillos curvados hacia atrás, así provoca la fractura de las vértebras cervicales. Si la presa es pequeña, un zarpazo basta.

Se alimenta de venados, tepezcuintles, monos, conejos, jabalíes, tortugas, peces, grandes serpientes e incluso cocodrilos.

Hay un tiempo para cazar y arrastrar el cuerpo de la presa hasta un lugar oculto entre la vegetación; hay un tiempo para tenderse sobre los troncos; hay un tiempo para caminar en silencio distancias de 20 kilómetros o más en una noche bajo la luz tenue de la luna, guiado por la sensibilidad de sus bigotes y su perfecta visión nocturna. cuando se es yaguar para todo hay momento.

Y llegará el de aparearse: si es macho, llamará a su pareja con maullidos; si es hembra lo atraerá con su olor ungido en los árboles, seduciéndolo con su cuerpo rodando sobre la tierra y rugiendo; se acercan. se rozan. al principio ella se tornará agresiva. él seseará la nuca de ella, arañará sus costados, mordisqueará su lomo, y gruñendo en apasionada danza, las espículas de su pene provocarán la ovulación de su compañera; copularan en promedio 9 segundos, varias veces en un día. Estarán juntos unos días, mientras el instinto sexual los obliga, luego, la hembra ya preñada, se dedicará al cuidado de sus cachorros y el macho volverá a su andar solitario.

Para la reproducción natural del yaguar esa amorosa danza sería suficiente, sin embargo, la destrucción de su hábitat, arrasado al extenderse las poblaciones humanas, que conlleva también la extinción de los animales de los cuales se alimenta, lo obliga a cazar incluso ganado, siendo así víctima de ataques de los ganaderos, esto aunado a la caza furtiva para el tráfico de su piel en el mercado negro lo tienen en peligro de extinción.

Poderoso cazador, enigmático, gran nadador, fuerte y ágil. su imagen quedó plasmada incluso en el arte rupestre de Sudamérica, en 1985 fue descubierta la “Cueva de los yaguaretés” en Argentina, en ella, según el paleontólogo Fernando Ramírez Rozzi, hace entre siete y ocho mil años, los hombres y mujeres antiguos dibujaron en sus paredes de roca cuatro figuras con la silueta, los colores y las manchas característicos del gran felino.

En las culturas aborígenes de América su imagen fue usada como símbolo de poder, belleza, valentía. Acechando, agazapado. sus fauces se abrieron como portal hacia lo desconocido, al corazón de la noche, de la selva.

El yaguar tuvo gran importancia simbólica entre los pueblos originarios del continente, presente en vasijas ceremoniales, atuendos, estructuras piramidales, etcétera. En Mesoamérica, los olmecas, por ejemplo, lo introdujeron en su cultura casi hasta la obsesión; para los habitantes del país del hule, el yaguar unido a una serpiente simbolizaba el agua que fecundiza la tierra de la que nace el alimento.

Bibliografía:

Saunders, Nicholas J., El icono felino en México, fauces, garras y uñas, “Arqueología Mexicana”, INAH/Ediciones Raíces, México, Vol XII, Núm. 72, pp 20-27.

Zarza Mercado José Luis, Hombre y animales en Mesoamérica, “Imagen Veterinaria”, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia/UNAM, México, Vol. 3, Núm. 4, oct-dic, 2003, pp 5-8.

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