Elena Maria, creadora de contenido Sede Naciones Unidas Nueva York

Pequeña biografía profesional como creadora de contenidos:

He producido contenido textual y audiovisual para la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, para el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Ginebra y para la Asociación para la Prevención de la Tortura. Colaboro en RNE, Politikon y he escrito 3 artículos para la revista “Anoche Tuve Un Sueño”.

Artículo de la autora:

Hoy en el CIE innumerables inmigrantes esperan su turno para ser atendidos/as por algún/a oficial que respete la hora a la que les han dado cita previa. Muchos/as pidieron cita hace meses, incluso antes de que se expandiera la pandemia en el país. Durante los días con más restricciones de movimiento y actuaciones impuestas por el confinamiento obligatorio, se anularon y aplazaron todas las citas presenciales —el Ministerio del Interior no ha habilitado una vía telemática ni postal para que las personas extranjeras realicen tramitaciones policiales—.

Bajo un sol de justicia, la fila de inmigrantes comienza a convertirse en una masa de personas a las que un policía grita “¡solo será atendido/a ahora quien tenga cita previa para pedir o renovar la tarjeta de residente!” “¿Por qué los/as migrantes tienen que pedir su residencia o renovación de la misma en un Centro de Internamiento de Extranjeros/as?” —nos preguntamos mi novio y yo. Ser migrante no es ilegal. Ningún ser humano lo es. Todas las personas a las que el policía grita, esperan, impacientes, sin que nadie les explique por qué no les atienden a la hora a la que les han citado previamente. Tiempo que podrían dedicar a sus familiares, ocupaciones laborales u otras de su preferencia. A la joven de en frente le está regañando por teléfono su jefe. Hoy es el segundo día que ella vuelve al CIE porque “la primera cita, a pesar de lo mucho que esperó, le pidieron que regresara en otro momento” porque le faltaba algo.

Avanzamos 5 metros después de esperar media hora. Le digo al oficial que mi novio, salvadoreño, tenía cita a las doce (ya es la una) para solicitar un certificado de residencia en España (reside desde hace ya 3 años aquí). Nos indica que entremos en el CIE para proceder a realizar la burocracia. ¿Por qué nosotros antes que los demás? Nos miran frunciendo el ceño, gesticulamos con cara de sorpresa y entramos al centro. Desde el exterior parece una cárcel para los/as criminales más violentos/as del mundo. ¡Recuerda un poco a Guantánamo! Aquí no hay ventanas, todas las paredes están cubiertas de barrotes. Las personas privadas de libertad no pueden ver el cielo sin que esté rayado. Hasta mirar las nubes les recuerda su falta de libertad de movimiento (art.13 Declaración Universal de los Derechos Humanos). Además, hay muy poco espacio para pasear, si es que pueden, entre las paredes exteriores y el gran muro vallado con concertinas que recorre parte del recinto. Pienso en sus familias, donde quiera que estén, y en sus hijos e hijas (sobre todo en los/as menores de edad), probablemente también detenidos/as en un centro para menores o adolescentes, o a punto de ser repatriados/as (sin poder ser acompañados/as por sus padres). Por lo menos, durante la pandemia, los/as internados/as puestos/as en libertad han sido acogidos/as por sus redes familiares o en plazas del programa de ayuda humanitaria de la Secretaría de Estado de Migraciones, gestionadas por ONGs como Cruz Roja (Portal de Inmigración).

En el interior del centro hay tantas personas que no es posible mantener la distancia física mínima de prudencia para evitar el riesgo de contagio por el novel coronavirus. Quien tiene, utiliza gel hidroalcohólico; la mascarilla es obligatoria. El CIE dispone de kits higiénicos contados para desinfectar las áreas de atención al público.

Los CIEs siguen internando a inmigrantes cuyos países de origen han reabierto sus fronteras. Las nacionalidades de las personas deportadas recientemente desde España son argelina, marroquí y mauritana.

Los CIE no respetan los derechos humanos, no tienen razón de ser. No deben cerrarlos por salud pública, sino por la dignidad y derechos humanos de las personas extranjeras privadas de libertad. La Ley de Extranjería contempla alternativas al internamiento como medida cautelar (art. 61) para la expulsión de “migrantes en situación administrativa irregular”. No se puede hacer sufrir a personas por esta razón.

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