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Libro el Genocidio de Ruanda  

Indice

1. Introducción
2. La Guerra de Ruanda de 1990 A 1994.
3. El genocidio.
4. El General Romeo Dallaire
5. Notas finales.
6. Bibliografía.

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"El Genocidio de Ruanda"

El genocidio

relato del genocidio de abril a julio de 1994

Superviviente de un ataque con machete.

Considerando todos los datos y testimonios que se poseen acerca del genocidio de Ruanda, hay que aclarar que éste no fue exactamente un genocidio de hutus por un lado contra tutsis, por otro, sino que una falange radical y mayoritaria de la etnia hutu fue la que preparó el aniquilamiento masivo tanto de tutsis como también de hutus moderados u opositores del régimen del Habyarimana y cercanos al FPR. Por lo tanto, el genocidio no fue solo de carácter étnico sino también político. Por otro lado, no debemos olvidar que también hubo entre las víctimas miles de ciudadanos de la etnia hutu muertos a manos del FPR. Diversos testimonios nos aclaran que también los militares del Frente Patriótico Ruandés cometieron asesinatos masivos. Pese a todo, está claro que los tutsis fueron masacrados: se eliminó al 75% de la etnia durante el genocidio.

El ciudadano belga, Marcel Gérin, recuerda como él y su mujer quedaron atrapados por el conflicto. Fueron testigos de las matanzas indiscriminadas en la zona donde residían y pudieron constatar, al ser hechos prisioneros, como los que aparentemente parecían milicianos «Interahamwe» (radicales hutus) no eran sino mercenarios contratados por el ejército tutsi, los cuales realizaron, según Marcel Gérin, las mayores matanzas en la zona donde residían. Sin embargo, cualquier imagen que se tomara llevaba a creer que los autores eran miembros de las milicias hutus radicales. Milagrosamente, y gracias a unos periodistas y a los cascos azules, tanto él como su mujer¡ lograron escapar de aquel infierno.

Otro testimonio importante es el de Santos Ganuza, un misionero navarro el cual era el rector de la parroquia de Kiziguro por aquel entonces. Dice:

«Fui muchos años rector de una parroquia, en el este del país. En abril de 1994 llegaron los interahamwe y mataron a unos 1.000 tutsis que se habían refugiado en la iglesia, sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Poco días después, llegaron los militares tutsi y mataron a 10.000 hutus. Las televisiones occidentales proyectaron las imágenes de estos hutus asesinados en mi parroquia, identificándolos como a tutsis».

Otra opinión interesante acerca de la situación reinante en los primeros meses de 1994, nos la ofrece el padre catalán Joaquín Vallmajó, misionero en Ruanda, que decidió quedarse y que desapareció el 26 de abril después de que un grupo de soldados del FPR lo detuviera:

«Después de varios años de crisis política y social, se está produciendo la guerra más absurda, que está desembocando en una crisis política vergonzosa. Un pequeño grupo de politicastros corruptos hasta el extremo quiere conservar el poder a cualquier precio, sacrificando al pueblo y al país si es preciso. Otro grupo no menos corruptos aspira al poder por los medios que sea. Un tercer grupo, el más numeroso y digno de respeto, sufre las consecuencias del poder y de sus agentes: es el pueblo, víctima del racismo, la dictadura, la pobreza, la guerra, el hambre, el robo, el bandidismo, la violencia y la manipulación. La situación es muy grave desde el punto de vista político, económico, social, cultural y racial. La manipulación de los políticos en el poder y sus acólitos y de los partidos y sus líderes es vergonzosa.
En espera de acontecimiento, actualmente no tenemos ni gobierno, no autoridades, ni presupuesto, ni trabajo. Los funcionarios llevan sin cobrar desde enero (1996) y los maestros han amenazado con no convocar los exámenes de secundaria. El ministro de Economía ha declarado que se irá pagando a los funcionarios a medida que se recauden los impuestos. Se dan todas la condiciones para que estalle un conflicto social que algunos políticos alientan para pescar en río revuelto. ¿Y el "Frente Patriótico Ruandés"? Son todavía peores. Unos no 'desmerecen' de los otros
».

El 6 de abril de 1994 ha pasado a ser una fecha macabra no solo para la historia de Ruanda sino también para la historia de la humanidad. A raíz, sobre todo, del asesinato de presidente Habyarimana, el conflicto interno ruandés ganó en crueldad y se convirtió en un enfrentamiento a gran escala que alcanzó todos los rincones del país. Mostramos a continuación una secuencia cronológica de los terribles hechos que tuvieron lugar en los meses de abril, mayo, junio y julio de 1994.

Al día siguiente, el 7 de abril, la primera ministra Agathe Uwlingiyimana y 10 soldados belgas de las fuerzas de la ONU que la custodiaban, fueron asesinados por la guardia presidencial y radicales que acusaban al contingente de la ONU, según nos cuenta Romeo Dallaire, de haber derribado el avión del presidente.

«Fui muchos años rector de una parroquia, en el este del país. En abril de 1994 llegaron los interahamwe y mataron a unos 1.000 tutsis que se habían refugiado en la iglesia, sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Poco días después, llegaron los militares tutsi y mataron a 10.000 hutus. Las televisiones occidentales proyectaron las imágenes de estos hutus asesinados en mi parroquia, identificándolos como a tutsis.»

Independientemente del motivo utilizado para perpetrar este asesinato, el hecho en sí tuvo una importante repercusión internacional, lo que hizo pensar a muchos que la ONU intervendría firmemente y pararía el terrible conflicto que se avecinaba. Por el contrario, el gobierno belga ordenó la retirada de sus cascos azules, dejando a la población civil sin la protección del contingente mejor preparado. Esta situación fue aprovechada por los radicales hutus para comenzar el genocidio.

El 8 de abril, ante esta violenta situación, se formó un gobierno interino presidido por Jean Kambanda, con la característica principal de que no incluía a ningún tutsi ni hutu moderado o de la tendencia cercana al FPR entre sus filas. Los radicales hutus, por lo tanto, habían tomado el poder gubernamental y además, contaban con milicias organizadas («Interahamwe»): jóvenes del partido MRND, que se ocuparon de la población civil y que destacaron por su crueldad en las matanzas masivas.

Las brigadas del FPR, formadas por jóvenes tutsis y repartidas de forma clandestina a lo largo de las colinas, fueron el primer objetivo de los «Interahamwe». Sin embargo, de forma progresiva, toda la etnia tutsi se convirtió en el enemigo a batir, así como también los miembros de la etnia hutu que de alguna manera protegieran a los tutsis, se negaran a participar en los asesinatos o tuvieran incluso familiares tutsis. Pese a esto, muchas familias hutus, aun conscientes de la suerte que corrían, escondieron en sus casas a vecinos y conocidos tutsis.

En ese mismo día, Bélgica y Francia, entre otros países, comenzaron a movilizar a sus soldados para evacuar del país a sus nacionales, sin preocuparse de los ruandeses, ni siquiera de los que trabajaban en sus empresas. Hay un dato que cifra en 25.000 soldados el grueso que occidente movilizó a Ruanda para rescartar a ciudadanos de países extranjeros. Un cantidad suficiente para detener el conflicto en unos días.

El 9 de abril, el Frente Patriótico Ruandés lanzó un ataque en los alrededores de Kigali buscando proteger a las víctimas tutsis y enlaza con un batallón de 600 soldados de su ejército que se encontraban en la capital desde la firma de los Acuerdos de Paz de Arusha. Aunque el FPR tuvo presencia en la ciudad de Kigali durante todo el genocidio no fue hasta julio que pudo hacerse con la ciudad.

El día 11 de abril, un comunicado de la Cruz Roja Internacional estima que decenas de miles de ruandeses han sido asesinados en tan solo unos días. Mientras tanto, la misión de pacificación de Naciones Unidas UNAMIR, no recibió refuerzos de ningún tipo.

El 14 de abril, el contingente belga anuncia su retirada que se hará efectiva en días. Aun así el General Dallaire, con las fuerzas que le quedaban, logró proteger miles de personas en Kigali. So solicitu de apoyo ante la retirdad de los belgas, volvió a ser rechazada por ordenes directas del Cuartel General de la ONU. Su superior, el actual secretario general de Naciones Unidas, Koffi Anan, le ordenó mantenerse al margen a través del siguiente comunicado:

«[...]a cooperar con los oficiales franceses y belgas para facilitar la evacuación de sus nacionales y otros extranjeros que soliciten ser evacuados. Usted puede comunicarse con los oficiales para alcanzar este propósito. Deberá hacer todo el esfuerzo posible para no comprometer su imparcialidad o actuar más allá de su mandato pero puede valerse de su competencia si es esencial para la evacuación de los extranjeros. Esto no debe llevarle a participar en un posible combate, excepto en legítima defensa».

«[...]to cooperate with both the French and Belgian commanders to facilitate the evacuation of their nationals, and other foreign nationals requesting evacuation. You may exchange liaison officers for this purpose. You should make every effort not to compromise your impartiality or to act beyond your mandate but may exercise your discretion to do [so] should this be essential for the evacuation of foreign nationals. This should not, repeat not, extend to participating in possible combat, except in self-defense».

Lejos de Kigali, el 17 de abril, y concretamente en la población de Kibuye, perteneciente al Fuente: http://www.el-mundo.es/cronica/2002/357/1029752781.htmlcondado del mismo nombre y cercana al lago Kivu, según nos cuenta la antropóloga forense Clea Koff en su libro El lenguaje de los huesos, fue el día en el que comenzaron las labores de exterminio de la población tutsi en aquel condado. Durante los tres siguientes meses, murieron o desaparecieron casi 250.000 personas. Varios miles fueron asesinadas en la iglesia de Kibuye en una sola masacre: «Según los escasos supervivientes de Kibuye, el préfet, o gobernador de Kibuye organizó a los gendarmes para que condujeran a la gente que él ya había elegido para ser asesinada a dos lugares: la iglesia y el estadio. El préfet les dijo que era por su propia seguridad, que así quedarían protegidos de la violencia que se extendía por todo el país. Pero al cabo de dos semanas de haber sido conducidos a esas «zonas de seguridad», la gente que estaba dentro fue atacada por la misma policía y la misma milicia que supuestamente debía protegerlos. Ésa era la típica táctica de los genocidas de Ruanda: reunir a un gran número de víctimas en edificios y terrenos cerrados con escasos medios de escape y matarlos. De hecho, en Ruanda había muerto más gente en iglesias que en cualquier otro lugar».(9)

Clea Koff relata estos estremecedores acontecimientos basándose en la publicación «Muerte, desesperación y desafío», investigación realizada por la organización African Rights, basada, a su vez, en multitud de relatos de testigos de la masacre y los propios perjudicados recogidos pocos meses después del genocidio. La lectura de este documento y otros publicados en esta web, no dejan duda de la crueldad con la que se llevó a cabo el genocidio y el clima infernal que reinaba en el país. En este trágico conflicto hubo todo tipo de víctimas y como podemos comprobar a través de los siguientes testimonios (10), los radicales hutu aprovecharon su posición de poder para llevar a cabo multitud de crueles abusos.

«Emma es original de Kibuye, pero se encontraba en Kimihurura, Kigali, en Abril de 1994, visitando a unos amigos de la familia. Consciente de que sus vidas corrían peligro, una amigo le recomendó que se prostituyera. [Nos cuenta Emma] Probablemente una semana antes de que comenzara en genocidio, los vecinos ya sabían que me encontraba con esta familia. El criado fue uno de los que delataron mi estancia allí. A partir de ese momento, todos los chicos de la zona, amigos del criado, venían a violarme. No estoy segura de cuántos, o de el número de veces que me violaron. Había muchos y venían varias veces al día. La dueña de la casa no se preocupó por mi para nada. Dijo que incluso si miles de hombres venían a violarme, al menos seguiría aun con vida. Sufrí esta situación durante toda mi estancia en Kigali».

«Emma is originally from Kibuye, but was in Kimihurura, Kigali, in April 1994, visiting family friends. Aware that their lives were at risk, her friend advised her to “prostitute herself. [Emma tells] Probably a week after the genocide started, the locals knew that I was staying with this family. The servant was the one who flagged up the fact that I was there. From then on, all the local boys, friends of the servant, came to rape me. I can’t be sure how many, or the number of times they raped me. There were a lot of them and they came several times a day. The lady of the house wasn’t concerned about me at all. She said that even if thousands of men raped me, at least I’d still be alive. I lived with this situation throughout my stay in Kigali».

También, en la entrevista concedida por el General Romeo Dallaire a Sol Alameda, éste recuerda hechos que aun no ha logrado olvidar y que le han mantenido bajo tratamiento psquiátrico durante varios años:

«Sol Alameda: De todas las atrocidades que vio, ¿cuáles le han perseguido más después?

Romeo Dallaire: Las escenas de violaciones. Les introducían palos y botellas que rompían; les cortaban los pechos. Todas esas escenas con mujeres, para mí, con mi cultura, me parecían lo peor que se puede imaginar. Aun muertas, veías en los ojos de esas mujeres el horror y el sufrimiento, la indignidad que habían padecido. Muchas veces mataban a los niños delante de sus padres, les cortaban las extremidades y los órganos genitales, y les dejaban desangrarse. Luego también mataban a los padres. Había gente que pagaba para que les pegaran un tiro en vez de ser matados con machete. Pagar por cómo morir...».

Como podemos comprobar, el nivel de violencia en Ruanda era extremo y respondía a un desenfreno de las pasiones más bajas. Sin embargo, detrás de todo esto también había una gran organización. Si en las zonas rurales y pequeñas localidades el método para acabar con la mayor cantidad de personas era reunirlas en estadios deportivos o iglesias para luego darles muerte, en las ciudades existía todo un operativo humano y logístico suficiente para identificar a cualquier persona que por alguna razón debiera ser aniquilada. Clea Koff, nos lo describe:

«[...] en Kigali los asesinos habían utilizado controles de carreteras para detener a los peatones y a los automovilistas y poder inspeccionar así sus carnéts de identidad. En esta documentación que todo ruandés llevaba en esa época figuraba una información crucial para los asesinos: la «etnia». Todo ruandés pertenecía a uno de los tres grupos «étnicos»: hutu, tutsi o twa, y los políticos que planearon el genocidio dejaron bien claro que abril de 1994 suponía la bajada de bandera para el genocidio de los tutsis, y para cualquiera que estuviera casado con un tutsi o cuyas opiniones políticas pudieran calificarse de moderadas».

Mientras tanto en Nueva York, el 20 de abril, Boutros Ghali, consciente de la situación en la que se encuentraba toda Ruanda propuso un: «inmediato y masivo refuerzo de UNAMIR para parar la contienda y las masacres, requiriendo varios miles de tropas adicionales y reforzar los poderes bajo el Capítulo VII»(11). Tras la decisión del Secretario General de las Naciones Unidas, al día siguiente, paradógicamente, el Consejo de Seguridad votó de forma unánime reducir, paulatinamente, la Misión UNAMIR de 2,539 soldados a 270. (Resolución del consejo de Seguridad 912). Pero a día 20 de abril la misión UNAMIR ya se había reducido a 1,515 efectivos, debido a la retirada total del contingente belga (14 de abril) a causa de la muerte de diez de sus soldados, lo que confirmaba -hay que insistir- que si el macabro plan desvelado por el informador de Dallaire («Pierre») en enero de ese mismo año, era real, éste se había completado con éxito.

La marcha de los soldados belgas dejó a miles de personas sin protección. Un grupo de al menos dos mil tutsis y hutus moderados se refugiaron del conflicto en la Escuela Técnica Oficial (ETO) Don Bosco. Tras la retirada del contingente belga fueron asesinadas a los pocos días. El 25 de abril, las fuerzas de la ONU ya habían descendido a 503 soldados. Aun así, Dallaire consiguió proteger a unos 25.000 ciudadanos durante algunas semanas.

Al día siguiente, 21 de abril, la Cruz Roja Internacional emitió otro comunicado donde adviertía de que el número de asesinados era de decenas de miles sino cientos de miles. Unos días después, el FPR, recompuesto, atacó masivamente desde el noroeste produciendo la huida a Tanzania de al menos 250,000 refugiados hutus en un solo día (30 de abril).

El 2 de mayo, Kofi Annan, manifiestó: «Cuando los belgas se retiraron quedó claro que las Naciones Unidas no podrían implementar el mandato que tenían, y tampoco, el mandado podía ser cambiado o introducido un refuerzo...No se lo que el Consejo decidirá después de haber revisado y reconsiderado la situación al día de hoy. Si el Consejo va a recomendar un refuerzo, éste debe estar bien equipado, con mucha movilidad y, además, capaz de protegerse a sí mismo. Si no enviamos este tipo de refuerzo...entonces no estoy seguro si serán capaces de establecer el orden y la ley... que llevaría al final de las masacres...aquí estamos observando a personas que están siendo privadas de los más fundamentales derechos, el derecho a la vida, y da la impresión de que no hacemos nada...».(12)

Al día siguiente, ante esta petición de las Naciones Unidas por reforzar de nuevo la misión UNAMIR, el presidente Clinton firmó una Decisión Directiva Presidencial que imponía estrictas restricciones al apoyo norteamericano a futuras misiones de paz de las Naciones Unidas. Ante este hecho, el 4 de mayo, Boutros Ghali respondió con energía y utilizó, por primera vez, el término «Genocidio» para describir lo que estaba ocurriendo en Ruanda, lo que colocó a Bill Clinton, junto a otros importantes dirigentes internacionales, en una situación embarazosa. La aceptación de la palabra «genocidio», implicaba, a causa de la legislación internacional para estos casos, la intervención militar inmediata. El gobierno estadounidense, de forma implacable, ordenó a todos los miembros del gobierno que omitieran el uso de la palabra «genocidio» y en su lugar, utilizaran la expresión «actos de genocidio».

Durante los días siguientes, importantes dirigentes norteamericanos se justifican por no intervenir. Madeline Albright, representante de los Estados Unidos ante la ONU manifiestó en la sede las Naciones Unidas: «Déjenme decirles que en el caso de Ruanda, creo, en mi opinión, que de sobremanera el Consejo de Seguridad y las Naciones Unidas han perdido el barco. Al día de hoy estamos tratando con una situación más allá de lo que cualquier hubiera esperado. Y como comenté antes, lo que ocurrió fue que estábamos en un proceso donde una pequeña fuerza de las Naciones Unidas, creíamos, podría sobrellevar los problemas en aquel área, y entonces nos encontramos con el derribo del avión con los dos presidentes, lo que ha creado una avalancha. Por lo que es difícil de juzgar si aquellas particulares operaciones (misión de UNAMIR y UNOMUR, nota del traductor) se pusieron en marcha de forma correcta». (13)

El 13 de mayo, el Secretario General de la ONU anunció una votación para restaurar la misión UNAMIR en Ruanda. Sin embargo, Madeline Albright retrasó esta votación por cuatro días. Cuando por fín fue aprobada, los tutsis, atacaban por el norte dejando desolación a su paso.

Se aprueba finalmente el envío de 5,500 soldados Ruanda por mandato de Consejo de Seguridad que expresa: «actos de genocidio pueden haberse cometido». No obstante, la misión militar se retrasó debido a las diferencias entre los países africanos que aportaban la mayoría de los soldados y que no alcanzaron ningún acuerdo sobre quién iba a pagar la factura. Las relaciones entre la ONU y los países que deben colaborar era tensa. Mientras tanto, un comunicado del día 19 de mayo emitido por la Cruz Roja estimó en 500.000 ruandeses asesinados. Sorpresivamente, ningún dirigente político internacional había utilizado todavía la palabra genocidio.

A principios del mes de junio, el FPR, que se organizó en el noreste del país, lanzando un ultimátum a todos los extranjeros residentes en Rwanda para que abandonaran el país en menos de tres días al anunciar un ataque inminente. En el oeste, se crea una guerrilla tutsi llamada Ejército de Liberación de Rwanda (ALIR).

Pasan las semanas y la misión UNAMIR, por falta de acuerdo entre los países que la componen, no estaba operativa. Entre tanto el genocidio continuaba.

El 22 de junio, el Consejo de Seguridad, de forma temporal, autorizó al gobierno francés a ocuparse de establecer el orden y crear un área de seguridad en la zona sur-oeste del país. Esta acción es conocida como la «Operación Turquesa». Aun así, sus 2,500 soldados, no pudieron evitar la matanza de más tutsis a manos de hutus radicales ni las respuestas de venganza de algunos sectores del FPR.

El cese de las masacres, contra la población tutsi y hutus moderados por parte de los radicales, acabó casi por completo cuando el FPR tomó el control de país. Sin embargo, desde ese momento comenzó otra gran catástrofe humanitaria calificada como el mayor y más rápido éxodo en África. En tan solo unos días, dos millones de ruandeses de etnia hutu, convencidos de que con la llegada al poder del FPR correrían un grave peligro, abandonaron sus hogares para refugiarse en distintos campos de refugiados dentro y fuera de Ruanda, siendo el campamento de Goma el que más refugiados recibió: alrededor de un millón de personas.

Organizaciones como Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja y Oxfam, estaban alertadas de los grandes movimientos de población que iban a producirse. Desde Goma, Samantha Bolton de MSF-Francia, describió la llegada de los refugiados así: «Era una línea silenciosa, una línea negra larga, larguísima, de gente que caminaba en silencio, como autómatas […] Era como si todo el país se estuviera vaciando ». (14) Los representantes de estas organizaciones humanitarias contactaron con la BBC y con la CNN para que estos medios se hicieran eco de las masivas movilizaciones. Si el genocidio había pasado desapercibido para la opinión mundial a causa del escaso eco en los medios de información, el éxodo sí que obtuvo una cobertura mediática mayor dando a conocer, de paso, la gran tragedia que había ocurrido en Ruanda en los últimos tres meses.

La distribución de los refugiados fue enorme: 500.000 refugiados huyeron al campamento de Benaco, en Tanzania; 200.000 habían huído a Burundi; 200.000 hasta Bukavu y, como escribimos en el párrafo anterior, un millón a Goma, en el Zaire. En el interior de Ruanda, varios campamentos protegidos por los soldados franceses asumían más y más refugiados hutu cada día. 600.000 en Gikongoro, 800.000 en Cyangugu y 300.000 en Kibuye. De una población anterior al genocidio de aproximadamente ocho millones de habitantes, alrededor de 800.000 habían muerto y casi cuatro millones se encontraban desplazados.

Para evaluar el conflicto y poder conocer las pérdidas en vidas humanas, las Naciones Unidas, la organización de Médicos por los Derechos Humanos (ONG encargada de hallar sobre el terreno pruebas fehacientes de que hubo genocidio a petición del Tribunal Internacional de La Haya y que llegó a exhumar en una sola fosa hasta 500 muertos, la mayoría asesinadas a machete) y otros organismos, realizan diversos estudios y acuerdan que fue durante los meses de abril, mayo, junio y julio de 1994 (más o menos 100 días) cuando se produjeron la mayoría de los asesinatos que costaron la vida a 800,000 ruandeses. Por último, la comisión de expertos de la ONU encargada de investigar las matanzas, aun reconociendo que tanto los tutsis como hutus habían cometido «crímenes contra la humanidad», concluyó:

«hay indicios evidentes de que han sido perpetrados actos de genocidio contra el grupo tutsi por parte de elementos hutus, de manera concertada, planificada, sistemática y metódica».




(9) Clea Koff , El lenguaje de los huesos, E. Martínez Roca, Madrid, 2004.
(10) http://www.africanrights.org/publications/BrokenBodies404.pdf
(11) «immediate and massive reinforcement of UNAMIR to stop the fighting and the massacres, requiring several thousand additional troops and enforcement powers under Chapter VII", Thomas Pogge, 'Power v Truth: Realism and Responsibility - Comment on Thomas Franck', http://www.etikk.no/globaljustice/papers/GJ2003_Thomas_Pogge_Power_vs._Truth_-_Realism_and_Responsibility.doc. A pesar de los intentos de Boutros Ghali por remediar la pasividad de la comunidad internacional, el General Dallaire, califica la actuación del secretario general de la siguiente forma: «Se cruzó de brazos, no actuó ni me dejó hacerlo. Decía que no había que comprometer el proceso político. Incluso llegó a cambiar uno de mis informes y a escribir que todo progresaba, lenta pero constantemente».

(12) «When the Belgians left it was clear that the U.N. colad not implement the mandate it had, and either the mandate had to be changed, or reinforcements introduced ... I do not know what the Council will decide after they have reviewed and reconsidered the situation today. If the council is going to recommend reinforcement, the reinforcement that goes in has to be well equipped, very mobile, and also able to protect itself. If we do not send in that kind of reinforcement ... then I'm not quite sure they'll be able to bring about a sort of law and order ... that will lead to the end of the massacres ... here we are watching people being deprived of the most fundamental of rights, the right to life, and yet we seem a bit helpless ...»
http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/evil/etc/slaughter.html
(13) «But let me just tell you that on the Rwanda thing, it is my sense that to a great extent the Security Council and the U.N. missed the boat. We are now dealing with a situation way beyond anything that anybody expected. And as I mentioned earlier, what happened was that we were on one process where a smaller United Nations force, we felt, could deal with some of the issues in the area, and then all of a sudden with the shootdown of this airplane with the two presidents, it created an avalanche. And so it is hard to judge whether that particular operations started out properly». http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/evil/etc/slaughter.html

(14) LINDA MELVERN, Un pueblo traicionado, Intermón Oxfam, Barcelona, 2000, pp 281.

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