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Capítulos del libro:

1. Introducción - Historia de Ruanda.
2. La Guerra de Ruanda de 1990 A 1994.
3. Preparación del Genocidio.
4. Misión UNAMIR y los meses anteriores al genocidio.
5. Asesinato del Presidente Habyarimana.
6. El genocidio.
7. Reacciones internacionales ante el genocidio.
8. Los refugiados.
9. ¿Qué ocurrió con los Twa durante el genocidio?
10. El General Romeo Dallaire.
11. Tribunal Penal Internacional de Ruanda.
12. La visión africana del genocidio.
13. Notas finales.
14. Bibliografía.

 

El Genocidio de Ruanda, por Jesús Sordo Medina

Historia de Ruanda

Fuente: www.gfbv.it/3dossier/ africa/img/ruanda1.jpg

Introducción

"La crisis de Ruanda adquirió relevancia internacional con la muerte de los jefes de Gobierno de Ruanda y Burundi [.]
[.] La situación se interpretó como el resultado de un enfrentamiento étnico, sin buscar otras explicaciones. La comunidad internacional ha demostrado su carencia de institucionalización para intervenir en crisis en las que se mezclan las deformaciones históricas del colonialismo, la competencia interna por los recursos y las reglas del mercado global. La organización regional (OUA) no tiene ni medios ni consenso para intervenir, la ONU se ha visto atrapada en las contradicciones de los miembros del Consejo de Seguridad y los gobiernos que podrían haber intervenido, lo han hecho cautelosamente o de forma oportunista. Fueron las ONG y las congregaciones religiosas las que trataron de solucionar parcialmente los desastres del conflicto, pero sería muy grave que la comunidad internacional, a través de la ONU, descuidase sus obligaciones en los estados frágiles".

Guiomar del Ser (1)

A raíz del asesinato de los presidentes de Ruanda y Burundi, Juvenal Habyarimana y Cyprien Ntaryamira, se inició una contienda entre las dos etnias mayoritarias de Ruanda donde la violencia llegó a límites difíciles de imaginar.
Tras el homicidio de los dos presidentes centroafricanos, el ejército ruandés (de mayoría hutu) y milicias armadas y organizadas de hutus radicales, los «Interahamwe», iniciaron el asesinato selectivo contra tutsis y hutus moderados.

Historia de Ruanda

 

Autor del artículo: Jesús Sordo Medina

Jesús Sordo
Autor del artículo

Conocemos la historia reciente de este pequeño país centroafricano, especialmente de sus últimos ciento cincuenta años, a raíz de la colonización europea. La incipiente ciencia antropológica de la época colonial sirvió a los primeros exploradores para describir a los pueblos centroafricanos. La primera incursión occidental en la zona se produjo en 1858. Fue el explorador británico John Hanning Speke quien, en su empeño por encontrar las fuentes del Nilo, atravesó la región de la actual Ruanda. Con el descubrimiento de los Grandes Lagos se abrió el camino para que otros nuevos exploradores, principalmente alemanes, comenzaran a colonizar la zona. Colonización que, ya de forma más organizada, se planificó en 1885 en la Conferencia de Berlín, donde los europeos se repartieron África convirtiendo al Conde Adolf von Götzen, en 1894 (1), en el primer Gobernador del África Oriental. Sin embargo, poco sabemos de la historia antigua y pre-colonial de los pobladores de la «Tierra de las mil colinas», como los europeos solían llamarla.

Las fuentes de información locales sobre el pasado ruandés envuelven su propia historia en el misterio, debido a que están basadas en relatos míticos transmitidos de forma oral sobre linajes de reyes antiguos y movimientos poblacionales, sin que exista una información precisa y objetiva sobre la historia antigua de Ruanda. Así, son pobladores foráneos como los árabes y la antropología occidental, las fuentes que aportan algo de luz sobre la estructura poblacional de Ruanda en la antigüedad.

La antropología, recogiendo toda esta información, propone que el pueblo twa o batwa, pigmeos cazadores y recolectores, es la población más antigua de Ruanda, la cual penetró en las zonas boscosas de la región en el siglo VI a.C (2). En cuanto al origen étnico de hutus y tutsis, el estudio etnográfico difiere al elaborar una teoría sobre la procedencia de ambas poblaciones. Una primera posición asegura que ambos pueblos pertenecen a una misma etnia y un mismo origen geográfico, y que sus diferencias son de clase y no morfológicas. Por otro lado, una segunda propuesta etnográfica, basándose en unas supuestas diferencias físicas entre una población y otra, asegura que los orígenes poblacionales son distintos si tenemos en cuenta la afinidad en muchos aspectos anatómicos de la población hutu con los pueblos bantúes del oeste del Rift Valley, y el posible origen de la población tutsi en el cuerno de África y Uganda. No obstante, la realidad étnica actual en Ruanda no concede mucho crédito a los que piensan que hay una separación racial tan pronunciada y aun vigente entre hutus y tutsis, o simplemente si realmente la hay, ya que los siglos de convivencia entre ambos han acabado por unificar al pueblo ruandés y las características físicas que supuestamente diferencian a una etnia y otra, se pueden encontrar tanto en hutus como en tutsis, sin que se pueda determinar a qué etnia pertenece cada individuo.

En cualquier caso, y continuando con la historia de los pobladores de Ruanda, más o menos a mitad del primer milenio de nuestra era, los ganaderos tutsi comenzaron a internarse en los territorios del sur del territorio, buscando pastos para su ganado, además de la pretensión de dominar la zona; de hecho, tutsi significa «persona rica en ganado» y hutu «súbdito» (3). Lentamente, se produjo una migración constante sin un dominio claro de una etnia sobre otra, y hasta el siglo XII y XIII la convivencia entre los twa (cazadores), hutus (agricultores) y tutsis (ganaderos) fue relativamente equilibrada, compartiendo creencias, costumbres, recursos y un lenguaje común: el kinyarwanda.

Ya en el XVI, de forma clara, los tutsi habían evolucionado cualitativamente en el tipo de organización social fundando una monarquía de carácter feudal que intentó dominar tanto a la población hutu como twa, lo que produjo algunas revueltas contra el pueblo de los ganaderos. Según relatos orales de la tradición histórica local, diversas campañas militares de los tutsis dieron fin a la oposición hutu iniciando un sistema de clases entre unos y otros que pervivió, con la ayuda occidental, hasta finales del siglo XX.

El sistema feudal impuesto por la monarquía tutsi, al frente de la cual estaba el Mwami o rey, encontraba su fundamento y justificación en lo divino. Según una leyenda antigua, (4) en tiempos remotos tres niños cayeron a la tierra por accidente, provenientes del cielo. De aquellos tres infantes, uno de ellos, Kigwa, inició un clan tutsi muy poderoso que habría de sobrevivir hasta la aparición de los Mwami o reyes y que dotaba a éstos de una realeza divina. Este toque trascendental que los propios tutsis atribuían a sus orígenes facilitó, y mucho, establecer una relación de vasallaje entre los tres pueblos de Ruanda dominada por la etnia menos significativa en la zona, los tutsis, con una población del 14%.

No obstante, y en relación a esta estructura social en la Ruanda de la segunda mitad del segundo milenio, y basándonos en los relatos históricos africanos, a pesar del dominio de los tutsis en la zona, las diferencias socioeconómicas no estaban aun muy pronunciadas. Un hutu, por ejemplo, podía ascender de clase si poseía las suficientes propiedades y riqueza. De ahí que podamos deducir, o al menos contemplar la idea, de que la separación entre tutsis y hutus no sea tan claramente étnica sino también económica.

Ya en el siglo XIX, los gobernantes tutsi, étnicamente separados de los hutus o no, habían reforzado su dominio. La mejor organización del clan real Nyiginya dominaba todo el país, lo que provocó una casta militar y social compuesta por tutsis y que excluía a la mayoría de la etnia hutu. Los primeros exploradores y colonizadores alemanes se sorprendieron al comprobar aquella estructura social. El gobierno administrativo estaba dividido en provincia, distrito, colina y vecindad. Estos niveles tenían sus propias jefaturas, lideradas en su mayoría por tutsis designados por el Mwami o rey, que también era de esta etnia. En los niveles más bajos, colinas y vecindad, la administración podía estar en manos de hutus, que siempre respondían a un nivel superior que normalmente era tutsi. La relación era de una cierta reciprocidad, obviamente, dentro de un sistema clasista. Los jefes tutsi, en los niveles provincia y distrito, se encargaban del cobro de los impuestos, la prestación de servicios y proporcionar seguridad a la población, y ésta, de mayoría hutu y representada por los jefes de colinas y vecindad, aportaba el trabajo.

Ante esta situación, los colonizadores alemanes decidieron gobernar con la estrategia de apoyar a las clases altas del país, es decir a los tutsis. En 1907, en la ciudad de Kigali, Prusia estableció el primer puesto administrativo. A partir de entonces, los alemanes colaboraron de manera interesada con la monarquía ruandesa en su expansión hacia el norte, a lo que la población hutu respondió rebelándose, insurrección que fue aplastada en 1911.

Unos años antes, en 1900, misioneros cristianos europeos, apodados «los padres blancos» por la población local, fundaron la primera misión en Ruanda-Urundi dando comienzo a la cristianización del país.

Desde el punto de vista económico, los alemanes introdujeron en 1913 el cultivo de café para su manufacturación y posterior venta a lo que se añadió un impuesto per capita. Ya durante la Primera Guerra Mundial, los belgas ocuparon el lugar de los alemanes en la región y tras las sanciones impuestas a Prusia algunos años después de la guerra, en 1923, y por mandato de la Liga de Naciones, Bélgica asumió el control de la zona.

Los belgas optaron entonces por intensificar su presencia en el gobierno ruandés hasta el punto de designar a los jefes regionales y empezar a socavar, sutilmente, el poder administrativo y militar. El rey ruandés de entonces, Mwami Muyinga, nada partidario de ceder poder a la fuerza colonial belga, fue obligado a dimitir en 1931. El título real pasó a manos de su hijo Mutara Rudahigwa, más afín a la cultura europea y conocido como el «rey de los blancos». Su afiliación a la cultura occidental le llevó incluso a convertirse, en 1943, al cristianismo, lo cual facilitó a los colonos belgas, con ayuda de los misioneros, hacer prosperar la estrategia de convertir a una importante parte del pueblo ruandés a esta religión (5), hecho que se consagró en 1946, cuando Ruanda se entregó oficialmente al cristianismo, relegando al Mahometismo y a las tradiciones animistas oriundas de la región a un segundo lugar.

Sin embargo, la mayor intervención socio-económica y étnica de los belgas en Ruanda y con consecuencias fatales se produjo en 1933, cuando la administración colonial elaboró un censo poblacional e impuso los famosos «carnets étnicos», que diferenciaban a hutus, tutsis y twas en función de unas supuestas diferencias físicas. Esta infeliz iniciativa, muy propia de la antropología europea de salón, serviría a los hutus radicales durante el genocidio para identificar a cada uno de los tutsis residentes en Ruanda, fortaleciendo así la eficacia de las masacres.

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Notas


(1)LINDA MELVERN, Un pueblo traicionado, Intermón Oxfam, Barcelona, 2000, pp 30.
(2)JOAN CASÓLIVA Y JOAN CARRERO,   El África de los Grandes Lagos; Diez años de sufrimiento, destrucción y muerte.
(3)LINDA MELVERN, Un pueblo traicionado, Intermón Oxfam, Barcelona, 2000, pp 31.
(4) http://www.africa.upenn.edu/NEH/rwhistory.htm
(5)LINDA MELVERN, Un pueblo traicionado, Intermón Oxfam, Barcelona, 2000, pp 34.

La Guerra de Ruanda de 1990 A 1994 - Asesinato de Habyarimana>>