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Cap´┐Żtulos del libro:

1. Introducci´┐Żn - Historia de Ruanda.
2. La Guerra de Ruanda de 1990 A 1994.
3. Preparaci´┐Żn del Genocidio.
4. Misi´┐Żn UNAMIR y los meses anteriores al genocidio.
5. Asesinato del Presidente Habyarimana.
6. El genocidio.
7. Reacciones internacionales ante el genocidio.
8. Los refugiados.
9. ¿Qu´┐Ż ocurri´┐Ż con los Twa durante el genocidio?
10. El General Romeo Dallaire.
11. Tribunal Penal Internacional de Ruanda.
12. La visi´┐Żn africana del genocidio.
13. Notas finales.
14. Bibliograf´┐Ża.

 

Notas finales.

Reflexi´┐Żn final

Fuente: www.letralia.com/ 132/ruanda.jpg

Los medios de información occidentales no habían hecho una cobertura total del genocidio, como sí se hizo en los campos de refugiados. No obstante, la información enviada por UNAMIR, las agencias humanitarias y algunos representantes políticos sobre el terreno fue muy precisa sobre lo que estaba ocurriendo en Ruanda durante los meses de abril, mayo y junio de 1994. Pese a todo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no creó un comit´┐Ż de expertos hasta Octubre de ese año para corroborar todas esas pruebas. Sorprendentemente, a finales del año 1994, la ONU aún no había manifestado claramente que lo que ocurrió en territorio ruand´┐Żs fue un genocidio. Finalmente, se concluyó que durante las fechas del 6 de abril hasta el 15 de julio, en Ruanda, se había vulnerado la Convención del Genocidio. El 9 de noviembre, el Consejo votó para crear el Tribunal Penal Internacional para Ruanda establecido en Arusha, Tanzania, el cual, por falta de financiación, no tuvo un inicio eficaz y se necesitaron años para que empezara a funcionar correctamente y los culpables fueran puestos ante la justicia.

Durante los años siguientes, los distintos líderes políticos internacionales fueron reconociendo sus errores y su falta de liderazgo para detener toda aquella masacre.

En 2004, el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, jefe directo del General Dallaire en 1994 y responsable de gestionar las misiones de paz en Ruanda (UNAMIR y UNOMUR), entonó el mea culpa en su discurso en la sede de la ONU y reconoció el fracaso total de todos en la solución del conflicto.

El Secretario General 
Mensaje en el D´┐Żcimo Aniversario del Genocidio de Ruanda

7 de abril 2004

Autor del art´┐Żculo: Jes´┐Żs Sordo Medina

Jes´┐Żs Sordo
Autor del art´┐Żculo

El genocidio en Ruanda no debería jam´┐Żs haber ocurrido. Ni la Secretaría General de las Naciones Unidas, ni el Consejo de Seguridad ni los Estados Miembros, ni la prensa internacional, prestaron suficiente atención a la evidente acumulación de síntomas de desastre. Ochocientos mil hombres, mujeres y niños, fueron abandonados a la m´┐Żs brutal de las muertes, ya que el vecino mató al vecino, y los santuarios como iglesias y hospitales fueron transformados en lugares de matanzas. La comunidad internacional fracasó en Ruanda, y eso debe dejarnos con un sentido de amargo rechazo y pena permanente. (1)

6 años antes, en el aeropuerto de Kigali, otro de los grandes protagonistas en aquellos terribles meses de la primavera de 1994, Bill Clinton, tambi´┐Żn pidió excusas.

Estamos aquí hoy para reconocer el hecho de que los Estados Unidos y la comunidad internacional no hicieron todo cuanto estaba en sus manos y pudieron y debieron haber hecho m´┐Żs para limitar lo que ocurrió . (2)

[...] la comunidad internacional, junto con las naciones de ´┐Żfrica, debemos aceptar su parte de responsabilidad en esta tragedia. No actuamos lo suficientemente r´┐Żpido tras el comienzo de los asesinatos. No deberíamos haber permitido que los campos de refugiados se convirtieran en zonas de seguridad para los criminales. No utilizamos la definición correcta para estos crímenes: genocidio [...] No podemos cambiar el pasado, pero podemos y debemos hacer todo cuanto est´┐Ż en nuestras manos para ayudar a construir un futuro sin temor y lleno de esperanza . (3)

Madeleine Albright, por aquel entonces Embajadora de Estados Unidos en la ONU , ante la publicación de IPEP 2000, sin embargo, justificó su comportamiento de esta manera.

Seguí las instrucciones porque era la embajadora (ante las Naciones Unidas). Pero me horroric´┐Ż ante las instrucciones que recibí en este asunto. Sentía que eran erróneas y protest´┐Ż por ello. Pero solo era una embajadora bajo instrucciones. (4)

Unas semanas despu´┐Żs de la petición de disculpas de los representantes norteamericanos ante el pueblo de Ruanda, el nuevo Secretario de las Naciones Unidas, Kofi Annan, ante el parlamento ruand´┐Żs, tambi´┐Żn se disculpó en nombre de la comunidad internacional.

[...] El mundo debe arrepentirse profundamente de este gran error. La tragedia de Ruanda fue una tragedia para la humanidad. Todos los que cuid´┐Żbamos de Ruanda, todos los que fuimos testigos de su sufrimiento, fervientemente sabemos que podíamos haber prevenido el genocidio. Volviendo la vista atr´┐Żs, ahora vemos los signos que entonces no reconocimos. Ahora que sabemos que lo que hicimos fue, claramente, insuficiente. Insuficiente para salvar a Ruanda de si misma, insuficiente para honrar los ideales por los cuales existen las Naciones Unidas, no negamos que, en los momentos de gran necesidad para los ruandeses, el mundo falló al pueblo de Ruanda.(5)

Por último, el que fuera Secretario General de la ONU durante el genocidio, Boutros Boutros-Ghali, aun reconociendo su responsabilidad, se justificó en relación al hecho de calificar como genocidio lo que estaba ocurriendo en Ruanda durante su gestión:

[...] todos sabían que la gente que se desplazaba hasta Uganda eran tutsis y que la gente que tenía el poder eran hutus y que se trataba de una guerra entre hutus y tutsis. No hubo necesidad de decirles eso, era evidente. Lo que no estaba claro era que existiera un plan de genocidio.

Pero responsabilizó a los miembros del Consejo de la falta de operatividad de las Naciones Unidas: «Pero cr´┐Żame, lo intent´┐Ż». (6)

Tras este breve an´┐Żlisis sobre el genocidio de Ruanda, surge una pregunta primordial: ¿cómo se pudo llegar a un nivel de violencia tan extremo? En tres meses, una d´┐Żcima parte de la población de un país de 8 millones de habitantes fue aniquilada, y ese 10% correspondió al 75% del total de la población tutsi. A todos se les quiso manchar las manos de sangre. Tal vez, los que organizaron este genocidio buscaban por todos los medios que la culpa recayera sobre toda una población y no sobre individuos. Se instó a matar de forma indiscriminada. Se buscó el delirio extremo y colectivo y si en un principio se aportaban motivaciones ´┐Żtnicas para realizar las matanzas para luego pasar a políticas, finalmente, la actitud de los asesinos se convirtió en una antítesis radical de cualquier signo de humanidad. El correr de la sangre alimentó aún m´┐Żs la locura colectiva alcanzando niveles de eficacia superiores al genocidio nazi. La inhumanidad que mostraron los radicales no tenía fisuras. Los genocidas estaban convencidos de que hacían lo correcto. Al igual que ocurriera con los nazis, cientos de miles de personas participaron ciegamente en una campaña b´┐Żlica atroz e inimaginable. El odio fermentado durante años y los deseos de venganza pueden llevar a un pueblo a cometer crímenes terribles, pero el genocidio de Ruanda sobrepasó cualquier límite explicable.

Se podr´┐Żn solucionar, parcialmente, los daños provocados por aquella masacre, pero aun nos quedar´┐Ż pendiente averiguar, desde una perspectiva humanística, por qu´┐Ż ocurrió y lo m´┐Żs importante y a tenor del clima b´┐Żlico en el mundo actual, cómo lograr evitar que pueblos enteros decidan, sin titubear, eliminarse mutuamente.

(1)http://www.un.org/spanish/events/rwanda/sg_message.html

(2)Thomas Pogge, 'Power v Truth: Realism and Responsibility - Comment on Thomas Franck.
http://www.etikk.no/globaljustice/papers/GJ2003_Thomas_Pogge_Power_vs._Truth_-_Realism_and_Responsibility.doc

(3)http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/evil/etc/slaughter.html

(4)http://www.refugees.org/world/articles/rwanda_rr00_7.htm

(5)http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/evil/etc/slaughter.html

(6)LINDA MELVERN, Un pueblo traicionado, Intermón Oxfam, Barcelona, 2000, pp 292.


Ruanda, camposanto.

Dallaire,
con una paloma triste sobre el hombro
entre las nieblas bajas del ´┐Żfrica.

Han muerto cientos de miles de hombres y mujeres,
y nadie dice nada.
Los que bebieron la sangre de esta tierra,
se alejan con fardos de oro y n´┐Żcar,
mientras los nativos horrorizados,
entre gritos de agon´┐Ża,
ven atravesados sus cuerpos a espada.

Dallaire,
con una paloma triste sobre el hombro
entre las nieblas bajas del ´┐Żfrica.

Caen a pedazos los cuerpos
de los perdedores en la cruzada.
Cae a trozos la humanidad
de los verdugos del alba.
Medio planeta cree,
que no hay culpa ni salvaguarda,
otros pocos saben
que para el africano: ¡ni agua!

Y el caballero canadiense
recuerda machetes y lanzas,
y cr´┐Żneos partidos como cocos
y la muerte de media Ruanda.

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La visi´┐Żn africana del genocidio