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Cap�tulos del libro:

1. Introducci�n - Historia de Ruanda.
2. La Guerra de Ruanda de 1990 A 1994.
3. Preparaci�n del Genocidio.
4. Misi�n UNAMIR y los meses anteriores al genocidio.
5. Asesinato del Presidente Habyarimana.
6. El genocidio.
7. Reacciones internacionales ante el genocidio.
8. Los refugiados.
9. ¿Qu� ocurri� con los Twa durante el genocidio?
10. El General Romeo Dallaire.
11. Tribunal Penal Internacional de Ruanda.
12. La visi�n africana del genocidio.
13. Notas finales.
14. Bibliograf�a.

 

La visi�n africana del genocidio

C�mo ven los africanos el genocidio despu�s de los años y sus causas

En 1995, la iniciativa Ruanda: escribir por el deber de la memoria provocó la realización de diversas charlas en París que desembocaron en una "misión"en la que una serie de intelectuales africanos (1) se trasladaron a Ruanda para recopilar información y escribir sobre sus experiencias. Sin embargo, no fue hasta 1998 cuando estos autores pudieron llegar al país y ponerse a trabajar.

Durante los meses de julio y agosto, estos intelectuales realizaron conferencias, visitas a los lugares donde se cometieron las peores masacres, hablaron con voluntarios y profesores en universidades adem�s de toda una serie de actividades que desembocaron, entre otras obras, en el libro �frica, m�s all� del espejo , (2) de Diop Boubacar Boris. En este libro, se recogen reflexiones sobre ensayos de otros autores adem�s de las propias palabras de Boubacar. A esta libro le siguieron, entre otros trabajos, obras teatrales como Corps et voix, paroles rhizomes del autor teatral y poeta chadiano Kously Lamko.

Autor del art�culo: Jes�s Sordo Medina

Jes�s Sordo
Autor del art�culo

Una reflexión importante en el libro de Boubacar se centra en cómo los africanos ven a occidente en relación a conflictos como el de Ruanda. Pese al inter�s que �frica tiene hacia los países desarrollados, su población tiene claro que esa afectividad no es mutua y que occidente sólo se aproxima a �frica para reclamar exclusividad en la explotación de sus recursos, una actitud que ha perdurado desde el inicio del colonialismo. Así, los recursos militares y diplom�ticos necesarios para anticiparse o acabar con cualquier signo de genocidio en Ruanda, se destinaron a otros conflictos, principalmente al de los Balcanes que, se temía, podría alcanzar el corazón de Europa. Recordemos que m�s de 60.000 soldados y multitud de recursos fueron enviados a la antigua Yugoslavia mientras que en los momentos m�s crudos del conflicto ruand�s, Dallaire solo contaba con 270 hombres:

Casi todos prefirieron ver en ese genocidio un nuevo ciclo de masacres inter�tnicas, oponiendo, bajo el manto de una guerra civil sin inicio ni fin, dos partes de la población que se odiaban desde tiempos inmemoriales. (3)

El hecho de que desde occidente se tuviera esta concepción del conflicto ruand�s, acabó con cualquier definición sobre unos (verdugos) y otros (víctimas). Simplemente, se consideraba que aquel era uno m�s de los conflictos y guerras africanas en un continente donde, entre otros prejuicios, se asegura aún se practica el canibalismo. ¿A qu� intervenir entonces? El intelectual africano, no obstante, responde que si los africanos fueran responsables de la barbarie que se da en �frica, todos los europeos tambi�n lo serían del genocidio nazi, o los asi�ticos de las barbaridades cometidas por los Jemeres rojos. Ante esta reflexión, un diplom�tico occidental podría salir en defensa de la judicatura internacional para estos casos, aludiendo a los Acuerdos de Arusha. Bien, es cierto que de forma individual, distintos diplom�ticos de uno y otro país hicieron lo imposible para acercar a las partes enfrentadas. Actitud, desgraciadamente, que finalmente no fue acompañada de medidas claras por la Comunidad Internacional ; medidas como bloquear el envío de armas a Ruanda o detener la formación militar de los futuros asesinos.

Otro aspecto que destaca Boubacar es la desinformación del propio pueblo africano, el cual conoció el devenir del genocidio por medios occidentales como France Press, es decir los medios de los antiguos países coloniales. Boubacar, a propósito de esto, hace una crítica a los dirigentes y población africana. En los meses en los que se desarrolló la masacre, la mayoría de la gente estaba m�s preocupada del Mundial de fútbol que del hecho de que en el país de los Grandes Lagos morían, día tras día, personas a millares. Para Boubacar, el hecho de no conocer lo que estaba ocurriendo en Ruanda no exime a los africanos de su responsabilidad. �stos, no pueden tampoco acogerse al prejuicio, tan valorado en occidente, de que solo los africanos cometen este tipo de barbaridades. A este respecto, incluso importantes intelectuales africanos parecen haber caído en ese africanopesimismo tan nocivo. Boubacar nos deja testimonio de ello, recuperando el comentario de un amigo suyo:

S� todo esto, pero aun así considero a los ruandeses como los únicos responsables de lo que ocurrió. Fueron manipulados por gobiernos muy poderosos, de acuerdo, pero cuando se lanzan beb�s a los perros o a los hornos de pan, antes de nada debemos cuestionarnos a nosotros mismos . (4)

Est� claro que los principales responsables de los asesinatos fueron los propios asesinos. Aun así, esta actitud no se puede hacer extensiva a todo un continente, y tampoco exime a la Comunidad Internacional de su responsabilidad por no haber evitado que todo aquello ocurriera o de haber colaborado, históricamente, en el aumento del odio entre unos y otros. Tampoco debemos obviar la falta de iniciativa por parte de algunos gobiernos africanos para colaborar con el envío de m�s fuerzas militares en la misión UNAMIR.

La visión que ofrecen los intelectuales africanos es de suma importancia, pues podemos apreciar, desde el humanismo m�s sólido, a víctimas del genocidio que han sabido integrar su experiencia ante el anti-humanismo de los verdugos que aun consideran que sus acciones obedecían a un fin legítimo:

Efectivamente, un juguete cerca de un cr�neo aplastado de un niño puede enseñarnos mucho m�s del genocidio que las demostraciones m�s eruditas. Aquí se trata de mostrar rostros en lugar de estadísticas. El delirio de crueldad de los genocidas es difícilmente comprensible, pero no es tan intenso como podemos imaginarlo a primera vista. Si los asesinos humillaron a los inocentes antes de despedazarlos con el machete, fue para convencerse, a ellos mismos pero especialmente a sus víctimas, de que estas estaban completamente desprovistas de humanidad, y que su presencia en la tierra era un error de la naturaleza . (5)

Otro tema que viene a contrariar las falsas teorías antropológicas coloniales es la distinción de etnias en Ruanda. Occidente diferenció r�pidamente a hutus y batwas como los pueblos m�s africanos, m�s �negros� y con una menor capacidad de organización y mando; y luego a los tustis, con un origen semítico, egipcio, casi cauc�sico, cualquier excusa para acercarles biológicamente a los blancos y por lo tanto justificar el que se les diera el control del país a la llegada belga y se crearan los famosos carnets �tnicos. Sin embargo, Boubacar echa por tierra tal teoría afirmando que la distinción �tnica en Ruanda no es tan clara como posiblemente no lo es en el resto de �frica, y mucho menos las capacidades de unos y otros para gobernar. Sin embargo, es cierto que aquellas teorías clasistas han acabado calando en la mentalidad de muchos africanos.

Notas

(1) El grupo estaba formado por Monique Ilboudo, de Burkina Faso; Veronique Tadjo, de Costa de Marfil; Kously Lamko y Nocky Djedanoum, del Chad; Meja Mwangi, de Kenia; Abdourahman Waberi, de Yibuti; Tierno Monenembo, de Guinea; Jean-Marie Vianney Rurangwa y Venuste Kayimahe, de Ruanda, y Boubacar Boris Diop, de Senegal.
(2)BOUBACAR BORIS DIOP, África m�s all� del espejo, Editions Cahiers du cin�ma, 2007. oozebap, 2009. Barcelona.
(3) BOUBACAR BORIS DIOP, África más allá del espejo, Editions Cahiers du cin�ma, 2007. oozebap, 2009. Barcelona. pp 18.
(4) BOUBACAR BORIS DIOP, África más allá del espejo, Editions Cahiers du cin�ma, 2007. oozebap, 2009. Barcelona. pp 81.
(5) BOUBACAR BORIS DIOP, África más allá del espejo, Editions Cahiers du cin�ma, 2007. oozebap, 2009. Barcelona. pp 29.

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