Aristóteles. Etica a Nicomaco.
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Aristóteles. Etica a Nicomaco.

Por Jesús Sordo Medina | 2009-05-01


La esencia de la Ética a Nicómaco y en general, de toda la obra ética de Aristóteles, está presidida por la idea que el estagirita tiene del Bien, el cual es el final al que todas las cosas e individuos tienden. Este bien, dice Aristóteles, “será lo bueno y lo mejor”; será el telos último. En este sentido, la felicidad (eudaimonia), como uno de los conceptos fundamentales de la cultura griega, es fin último pues se quiere por sí misma y todas las otras cosas se quieren por ella.




Introducción.


La esencia de la Ética a Nicómaco y en general, de toda la obra ética de Aristóteles, está presidida por la idea que el estagirita tiene del Bien, el cual es el final al que todas las cosas e individuos tienden. Este bien, dice Aristóteles, “será lo bueno y lo mejor”; será el telos último. En este sentido, la felicidad (eudaimonia), como uno de los conceptos fundamentales de la cultura griega, es fin último pues se quiere por sí misma y todas las otras cosas se quieren por ella.

La idea del bien y de felicidad: Eudaimonia


“Todo arte, todo saber igual que todo lo que hacemos y elegimos parece tender a algún bien: por eso se ha dicho con razón que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden”.

La felicidad que propone Aristóteles no es el concepto de felicidad que hasta ese momento se tenía en el mundo griego: felicidad como poseer un buen espíritu o demon (eudamonia) adjudicado por lo divino; así el hombre feliz tenía el beneplácito de los dioses y las personas desdichadas, por el contrario, sufrían por estar olvidadas de la mano divina. Sin embargo, Aristóteles, como su maestro Platón, y antes Sócrates, expusieron otra explicación ante tanta injusticia y desigualdad. Veían la riqueza más grande junto a la más extrema pobreza. Ese tener tanto, o no tener nada, les hizo plantearse el porqué de estas diferencias. Con Aristóteles, estas concepciones cambiarían y el tener un buen demon, alcanzar la felicidad, iba a ser un objetivo determinado por nuestra actitud y nuestra capacidad de cultivar la virtud y el “espíritu” recto.

Individuo y sociedad: Ética y política


El conflicto entre individuo y sociedad, entre bien individual y bien colectivo está muy presente en la obra de Aristóteles. El hecho de afirmar que vivir bien es un principio ético fundamental y propio de la cultura griega, y que éste está basado en que debemos tener, poseer las cosas que satisfagan nuestros deseos, puede llevarnos a concluir que el egoísmo está, de forma perenne, en la naturaleza humana. Ante este dilema, Aristóteles argumenta que el satisfacer las necesidades individuales es algo apetecible, pero siempre estará supeditado por el contexto colectivo. Por lo tanto será mucho más grande, perfecto e importante alcanzar y preservar el bien de la ciudad. El bien “superior” es el bien de todos: “Un bien superior, pero humano; un bien en el mundo”.
Para conseguir su objetivo, un bien común basado en la felicidad, Aristóteles pone la ética como principal herramienta (con su teoría de las virtudes como principal garante), que sirve a la política para conseguir la felicidad para el total de los hombres, más hermosa que la felicidad individual. Esa reflexión ética, contiene unos elementos indispensables que nos permiten comprender mejor los objetivos del filósofo griego.

La areté


Esta visión de la sociedad, el hecho de que se pueda caminar hacia el bien, implica un proceso de “educación” donde la ética se convierte en una teoría de la felicidad humana en la que se consiguen aunar los intereses individuales con los colectivos. Por lo tanto, la ética se convierte en un saber práctico “pues no investigamos para saber que es la areté, sino para que seamos buenos”.
La virtud o Areté (definida por la teoría de los Justos Medios) es un hábito por el cual el hombre se hace bueno y realiza bien su función propia. Al igual que un zapatero hace mejores zapatos cuantas más veces los haga, “así nos hacemos buenos practicando actos buenos”. ¿Pero que significa que realiza bien su función propia? Hay una palabra importante para entender esta función del hombre: la energeia, o energía, que va adherida a ese hábito y es del motor para practicar la virtud. Esa capacidad para actuar, esa energeia se entiende que debe estar de acuerdo con el lógos pues ser excelentes como humanos nos une inevitablemente a la racionalidad, al lenguaje que nos une con los otros hombres y que a través del diálogo nos invita a entrar en contacto con los demás para conocerlos y conocernos.

Los justos medios.


Ahora bien, una vez explicado la importancia de la areté en nuestros hábitos de comportamiento, debemos explicar qué define a los actos como excelentes y virtuosos. Para ello Aristóteles desarrolla una teoría de las virtudes y hace una división entre ellas:

1. Virtudes éticas: según Aristóteles la virtud moral o excelencia humana (areté) es el justo medio entre dos extremos. Por ejemplo, la valentía es el justo medio entre la cobardía y la osadia. Ambos extremos son defectuosos y el equilibrio es la condición de la virtuosidad. Por la repetición de actos buenos nos hacemos buenos. La teoría del justo medio supone la prudencia, razonabilidad como guía de la acción moral ya que puesto que la ética no es una ciencia exacta, solamente la recta razón gobernada por la prudencia garantiza el encuentro de la mesura. Asi, sobre todas las virtudes o excelencias, destaca la justicia. Su fuerza sobre las demás consiste en su perfección, porque quien es justo se proyecta más hacia el otro que hacía a sí mismo. Este planteamiento muestra el sentido de solidaridad y philia (empatía, amistad) que corresponde esencialmente a la vida humana. Por el contrario, el mal mayor para una sociedad será la injusticia.

2.  Virtudes intelectuales o dianoéticas. Estas virtudes se adquieren mediante el aprendizaje: la ciencia (episteme) y la inteligencia (nous) que, unidas, hacen brotar a la sabiduría (sophía). El objetivo de estas virtudes es, en principio, conocer acerca de las cosas necesarias, o sea, aquello que no puede ser de otra manera. Aunque también las virtudes dianoéticas pueden referirse a lo contingente, a lo que puede ser de otra manera. El arte (téchne) y la prudencia (phrónesis) son dos ejemplos, donde el arte desarrolla la posibilidad de crear objetos y la prudencia, de idear objetos. Es, pues, una sabiduría práctica con la que nos orientamos.

Philía, amistad


La misma experiencia de las relaciones humanas le lleva a Aristóteles a destacar la importancia de la amistad. Casi una cuarta parte de la Ética Nicomáquea está destinada al análisis de la amistad, de “lo más necesario de la vida”. La sensibilidad de Aristóteles ante esta fuerza que une a los seres humanos le hace descubrir ese concepto de alter ego-“el otro que es como yo”-encarnado en el amigo.

“El amigo es otro yo. Y como es muy difícil conocerse a sí mismo [...] y por otro lado resulta muy agradable este conocimiento, y como tampoco es posible vernos a nosotros mismos a partir de nosotros mismos como vemos en el espejo nuestro rostro, cuando queremos conocernos vemos a un amigo”.

Bilbiografía

ARISTOTELES, Etica a Nicomaco, Espasa Calpe, Mexico D.C. 1946.