Dictadura argentina, contexto histórico Artículos Derechos Humanos y Ecología

Proceso de Reorganización Nacional. La última y más sangrienta dictadura de la historia argentina.

Por Dr. Diego Fabio Piacenza
Abogado y profesor de Derechos Humanos de la UNR - Rosario - Argentina.

1ª Entrega:
Contexto histórico

(Proceso de Reorganización Nacional)

2ª Entrega:
Dictadura cívico-militar

(1976-1983)

3ª Entrega:
Genocidio





Homenaje a la memoria del Dr. DAVID OSVALDO PAEZ. PENSADOR, PROFESOR, MAESTRO Y AMIGO

El Dr. David Páez fue sin duda el catedrático y defensor más importante e integro de Derechos Humanos que conocí en mi vida. Si bien esta obra fue escrita por mí, no cabe ninguna duda que él fue y sigue siendo mi principal inspirador y modelo a seguir. Su grandeza y humildad solo es comparable con los grandes pensadores de la humanidad pues su legado solo ha quedado en sus charlas y clases magistrales, pues al igual que el padre de la filosofía, Sócrates, el Dr. Páez nunca ha escrito un libro, pero sus enseñanzas trascendieron la hoja de papel. Además ha sido responsable del gran cambio en la conciencia del alumnado de la Facultad de Derecho de Rosario desde su llegada a la Universidad Nacional de Rosario con su seminario “Globalización y Derechos Humanos”, que en sus comienzos se denomino “Derecho Constitucional” y posteriormente “Derechos Humanos”. En sus clases, han quedado inmortalizados conceptos e ideas de una delicada elocuencia, que han hecho mella en aquellos que como yo las hemos presenciado. En ellas este gran pensador, analizaba la sociedad desde una óptica moderna y futurista con mucha lógica y filosofía analítica. Sin embargo, su vocación hacia el conocimiento no se limitaba a temas sociales y culturales, pues su base en el saber legal le permitió combinar ambas disciplinas y educar a sus alumnos desde una perspectiva jurídica más amplia y global. Es por eso que en su labor amalgamó el pensamiento de los grandes filósofos y sociólogos con el de los juristas más notables. La lógica pasó a ocupar un lugar preponderante y con ella el estudio de la sociedad actual y el fenómeno de la globalización. Aparte fue uno de los primeros especialistas en investigar de manera interdisciplinaria temas tales como: medios de comunicación, medio ambiente, partidos políticos, genocidios, pueblos originarios y pobreza. Todo este proceso que duró bastantes años fue mérito del espíritu abierto, de la receptividad y de su rigor intelectual que lo definieron como uno de los grandes humanistas argentinos.



INTRODUCCIÓN

La existencia de miles de personas secuestradas desaparecidas en la Argentina es la consecuencia más grave de lo que significó la última dictadura militar.

Por su gravedad dejó de ser un problema privado y se convirtió en un problema público y político.

La situación dejo de reducirse a una mera situación judicial que enfrenta a familiares afectados con militares o personal de seguridad como imputado, procesado y/o condenado.

Si la existencia de personas secuestradas desaparecidas se origina en una política desde el Estado -lo que llamamos Terrorismo de Estado- sus consecuencias no solo afectan a las víctimas y a sus familiares y amigos; sino que afectan al conjunto de la sociedad y requiere, en consecuencia, una respuesta y una elaboración social, pública y política.

CAPITULO I

CONTEXTO HISTÓRICO

Sumario:

    1. Situación Internacional de Guerra Fría.


    1. Situación Internacional de Guerra Fría. [Ir a Sumario]

      1.1. La exportación del Terror. [Ir a Sumario]

      En el plano internacional vivíamos inmersos, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en lo que se llamó la "Guerra Fría”: el conflicto global entre la democracia capitalista y el comunismo, entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Ambas potencias sabían que no podían enfrentarse en una guerra atómica, pues no quedarían sobrevivientes. El premier ruso Nikita Kruschev lo explicó con claridad en los años 60: “que importa que los Estados Unidos estén en condiciones de destruirnos siete veces si nosotros estamos en condiciones de hacerlo una vez, y con eso alcanza”.

      El conflicto adoptó entonces una faz dual: fue frío en el mundo desarrollado y caliente en el Tercer Mundo. Los rusos apoyaban el modelo cubano y, bajo la conducción de Fidel Castro y Ernesto Guevara, intentaban exportar a toda Latinoamérica el sistema de guerrillas como medio para alcanzar el poder. El gobierno de los Estados Unidos, por su parte, decidió que los oficiales de su ejército entrenaran a sus pares latinoamericanos para enfrentar esta nueva forma de combate.

      A esa instrucción hay que sumarle la que ofrecieron oficiales del ejército francés que habían peleado en la guerra de Argelia. Gran parte de las técnicas antisubversivas que puso en práctica el gobierno militar de 1976 habían sido dictadas por coroneles franceses durante la década de los 60, en la Escuela Superior de Guerra.

      Por todas esas razones, los militares argentinos afirmaban estar librando una batalla de esa nueva forma de guerra mundial contra el comunismo.

      Así como existía bibliografía abundante que advertía sobre las formas que asumía el ataque comunista a Occidente, también había toda una cultura que proponía la revolución armada como única forma de resolver las injusticias que producía el régimen burgués.

      En forma simétrica con la política exterior definida por el gobierno norteamericano actuaba la Unión Soviética. Nikita Kruschev, durante la conferencia de los 81 Partidos Comunistas en Moscú, en diciembre de 1960, establecía “como prioridad de la política exterior de la Unión Soviética el pleno apoyo a los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo”.

      Esa política fue implementada activamente en nuestra región luego del éxito de Fidel Castro y sus hombres. Era un avance de la influencia Soviética en la región y los Estados Unidos hicieron lo posible para combatirla, aunque respetando el límite de no intervenir directamente. Así prepararon y apoyaron el intento de invasión de una fuerza irregular de cubanos anticastristas, que fue rechazada en “Bahía de Cochinos”. El éxito cubano en las narices del gigante alimentó la leyenda. Para 1966, Cuba se había convertido en un centro de entrenamiento y exportación de revolucionarios a todo el continente americano.

      Durante el juicio a las juntas, el entonces general Viola aportó documentos sobre una reunión que se realizó en Cuba en agosto de 1966, con representantes de África, Asia y América, en la que se constituyó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), con la finalidad de propiciar la lucha armada en América Latina.

      En esa reunión adoptaron una decisión estratégica: “La lucha revolucionaria armada constituye la línea fundamental de la revolución en América Latina. Todas las demás formas de lucha deben servir y no retrasar el desarrollo de la línea fundamental que es la lucha armada”. El documento concluía: “Nuestra lucha constituye un aporte decisivo a la lucha histórica de la humanidad por liberarse de la esclavitud y la explotación. EL DEBER DE TODO REVOLUCIONARIO ES HACER LA REVOLUCIÓN”.

      Ni el modelo castrista ni el modelo militar creían en el régimen democrático republicano.

      1.2. El Nacimiento de la guerrilla (1966-1973). [Ir a Sumario]

      Durante los gobiernos militares que van del año 1966 al año 1973 se produce la aparición en la Argentina de grupos guerrilleros que encuentran en el régimen militar un espacio que les permite un gran crecimiento.

      1.2.1. Los Grupos Guerrilleros. [Ir a Sumario]

      En 1964 un grupo que se estableció en Orán (Salta) fue rápidamente desmantelado, y lo mismo había ocurrido con otros intentos igualmente frustrados en Tucumán y Córdoba.

      En 1968 nacieron los Montoneros, y las demás organizaciones que propiciaban la lucha armada: las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), y otros grupos más pequeños que luego se fundieron con algunas de las organizaciones mayores. Comenzaba así el periodo anticipado por los teóricos militares argentinos y extranjeros y se manifestaba públicamente el enemigo para el cual venían preparándose las Fuerzas Armadas: la guerrilla marxista.

      Con la excepción del ERP (que tenía un origen marxista más homogéneo), la guerrilla argentina se formó con el aporte combinado de militantes que venían del marxismo, con otros que habían militado en diversos grupos nacionalistas, peronistas y católicos.

      La creación de estos grupos no afectó la aparente tranquilidad que había impuesto el régimen militar hasta que, en mayo de 1969, la supuesta calma se hace trizas con el “Cordobazo”, una fusión de protesta estudiantil y movilización de sindicatos del automotor que convulsionó a esa ciudad y repercutió en todo el país. (Esos sindicatos se autodenominaban combativos, tenían ideas de izquierda y estaban fuera de la CGT peronista, que había hecho un pacto con Onganía previo al golpe.) Los manifestantes decretaron un paro activo y entraron en el centro de la ciudad quemando coches y colectivos a su paso. Durante dos días hubo luchas callejeras contra la policía en pleno centro de Córdoba. Se levantaron barricadas, se encendieron hogueras y algunas zonas de la ciudad fueron tomadas por los alzados. Catorce muertos fue el resultado de aquellas jornadas.

      En Septiembre se produce el “Rosariazo”, una reproducción de los conflictos de Córdoba en menor escala.

      Ninguno de estos hechos fue reivindicado por los grupos guerrilleros, salvo un operativo perpetrado en marzo de 1970 por el Frente Argentino de Liberación, que se adjudicó el secuestro y posterior liberación del cónsul paraguayo en la ciudad de posadas.

      1.2.2. El Secuestro de Aramburu. [Ir a Sumario]

      El 29 de mayo de 1970, los Montoneros dieron su primer golpe público: secuestraron al teniente general Pedro Eugenio Aramburu.

      En 1955, el general Lonardi había encabezado la revolución que derrocó a Perón y, con la frase “ni vencedores ni vencidos”, demostró una actitud tolerante hacia los integrantes del justicialismo. Pocos meses después, fue reemplazado en la presidencia por el general Aramburu, que asumió una política de proscripción al peronismo, persecución a algunos de sus integrantes y que enfrentó un intento de rebelión cívico-militar, encabezado por el general Valle, que terminó con más de treinta fusilamientos.

      Los Montoneros sometieron a Aramburu a un “tribunal revolucionario” y lo acusaron de “haber firmado los decretos por los que se realizó la matanza de 27 argentinos sin juicio previo; de condenar a muerte de 8 militares que habían sido absueltos por un Consejo de Guerra; de haber reprimido al peronismo, proscrito sus organizaciones, intervenido sus sindicatos y encarcelado a sus dirigentes; y de la profanación de los restos de la compañera Evita y la posterior desaparición de los mismos, para quitarle al pueblo hasta el último resto material de quien fuera su abanderada”.

      Montoneros emitió un comunicado dando cuenta de lo resuelto por el “tribunal revolucionario”. Se afirmaba también que el cuerpo sería restituido cuando fueran devueltos los restos de la querida compañera Evita. El comunicado terminaba con una fórmula tripartita común: “PERÓN O MUERTE. VIVA LA PATRIA. MONTONEROS”.

      1.3. El gobierno Peronista (1973-1976). [Ir a Sumario]

      Para muchas personas, la guerrilla era parte del movimiento peronista proscrito por los militares. La década del sesenta fue una etapa en que toda una generación de jóvenes argentinos se vio afectada por la desilusión y el descontento que le generaba el sistema político, tanto en la forma constitucional (gobiernos de Frondizi e Illía), como en su forma dictatorial (luego del golpe de Estado de Onganía). Solo si se advierte esta extensión generalizada de la rebeldía puede comprenderse por qué los Montoneros (y en menor medida los demás grupos guerrilleros) se vieron favorecidos por tantos simpatizantes y aspirantes a integrar la organización.

      Luego que la fórmula Cámpora-Solano Lima se impusiera en las elecciones de marzo de 1973 con casi el 50 % de los votos y enormes movilizaciones juveniles en su apoyo, el 25 de mayo de 1973, día en que asumió el gobierno de Cámpora, se cumplió la primera promesa electoral de la fórmula justicialista: fueron liberados todos los guerrilleros detenidos en la cárcel de Devoto y en otros penales. El 27 de mayo, quedó formalmente sancionada la ley de amnistía, cuando todos los presos políticos estaban libres desde cuarenta y ocho horas antes.

      La amnistía no consiguió restablecer el cumplimiento de las reglas de la ley. Aunque el Poder Ejecutivo sostuvo que serviría para cicatrizar las heridas, aplacar las rivalidades y, sobre todas las cosas, desterrar la violencia que imperaba en el país, la muerte como medio para obtener supuestos fines altruistas no sólo no desapareció sino que se incrementó.

      Para el ERP, el régimen democrático era una pantalla y convenía menos que el gobierno militar a sus fines de tomar el poder por las armas. Intentó que la liberación de sus detenidos fuera concedida por el gobierno de Lanusse, para no tener que recibir un perdón del gobierno peronista. Y, después de las elecciones del 11 de marzo de 1973, sin esperar que asumiera el Presidente votado por la mitad de la población, asesinó al contralmirante Hermes Quijada. En abril de 1973 secuestraron al jefe de Inteligencia Naval Francisco Áleman y al comandante de Gendarmería Jacobo Nashif para canjearlos por guerrilleros presos.

      Los montoneros tenían una visión diferente de la situación y actuaron de otro modo. No sólo querían formar parte del movimiento peronista; deseaban coparlo y producir el “Trasvazamiento Generacional” que Perón había prometido. Eso los llevó a dejar la clandestinidad y “actuar en superficie”. A la Juventud Peronista (ya organizada en las diferentes regiones de todo el país) le unieron la Juventud Universitaria Peronista (JUP), la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), el Movimiento de Villeros Peronistas, la Agrupación Evita (rama femenina juvenil) y el Movimiento de Inquilinos Peronistas. Los jefes de estas organizaciones no eran elegidos por sus propios militantes sino por los jefes montoneros. Todos estos grupos fueron conocidos como “la Tendencia Revolucionaria” del movimiento peronista y gracias a ellos, durante los años 1973 y 1974 los montoneros movilizaron multitudes en los actos públicos.

      Cuestionados desde la izquierda por grupos como el ERP, los Montoneros intentaron explicar que su pertenencia al gobierno de Cámpora era coherente con sus ideales revolucionarios. Dijeron que la opción era “liberación o dependencia”: por un lado estaba el pueblo peronista y sus aliados; por el otro lado el imperialismo y sus aliados (una concepción que, como la de los militares, definía a la sociedad en dos grupos antagónicos: amigos y enemigos).

      Los Montoneros tenían 8 diputados sobre 145 representantes oficialistas y fueron construyendo vínculos con algunos ministros del gabinete de Cámpora así como con los gobernadores de la provincia de Buenos Aires, Mendoza, Santa Cruz, Salta y Córdoba (todos ellos serían desplazados pocos meses después, luego de las elecciones que reinstalarían a Perón en la Presidencia de la Nación).

      En su nueva etapa, los Montoneros debían abandonar el mundo “heróico” de la guerrilla clandestina para asumir el trabajo cotidiano y rutinario de la política.

      La esperanza montonera de que, con el liderazgo de la juventud y apoyo de políticos tradicionales, podían adueñarse de todo el movimiento peronista, sufrió un brutal cuestionamiento el 20 de junio de ese año, en el primer enfrentamiento abierto con sus enemigos internos. Ese día retornaba Perón al país después de dieciocho años de exilio. Se había preparado un evento multitudinario para recibirlo, y las organizaciones de base convocaron cerca de un millón de simpatizantes peronistas, que marcharon en diferentes columnas hacia los bosques de Ezeiza. El palco donde se haría el acto central fue copado por sectores que respondían a los grupos de derecha peronista liderados por el teniente coronel Osinde (quien tenía a su cargo el operativo de seguridad del acto). Antes de que aterrizara el avión que traía a Perón al aeropuerto de Ezeiza, los hombres de Osinde y las columnas de jóvenes acaudillados por los Montoneros se enfrentaron a balazos. Los tiroteos se extendieron por toda la zona y dejaron un saldo de centenares de muertos y heridos.

      La influencia de López Rega (por entonces Ministro de Bienestar Social, luego de haber sido secretario privado de Perón durante el exilio en Madrid) iba creciendo. Cuando Cámpora renunció a la presidencia para que se convocara a nuevas elecciones, López Rega logró que se ausentara del país el presidente del Senado (que, según la Constitución, era el primer sustituto) para que asumiera en el cargo Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno suyo. Con la salida de Cámpora, la izquierda peronista empezó a perder espacio en el gabinete: los ministerios de Interior y de Relaciones Exteriores quedaron en poder de la derecha peronista, incluso antes de la asunción de Perón al poder.

      1.3.1. Perón Presidente. [Ir a Sumario]

      La fórmula Perón-Perón obtuvo una victoria aplastante en las elecciones y el 12 de Septiembre de 1973 el nuevo Presidente tomó formalmente posesión del cargo. Los Montoneros celebraron el acontecimiento anunciando su fusión con las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). La nueva conducción estaba a cargo de Mario Firmenich y Roberto Quieto.

      Proclamaban al flamante Presidente como su líder, pero mantenían su enemistad con los otros grupos que integraban el multifacético movimiento. Y, mientras tanto, se negaban a reconocer que Perón tenía una visión de grupo diferente, en la que incluía a los sindicalistas, a los empresarios y a las propias Fuerzas Armadas. En lugar de reconocer las señales de Perón, los Montoneros explicaban su comportamiento sosteniendo que el Presidente estaba cercado por una pandilla de agentes imperialistas, traidores y burócratas, cuyo villano principal era el ministro de Bienestar Social, José López Rega.

      Su dificultad para renunciar a la violencia se había hecho patente ese mismo mes de Septiembre de 1973, cuando Firmenich declaró que de ninguna manera abandonarían las armas: “Si hemos llegado hasta aquí ha sido en gran medida porque tuvimos fusiles y los usamos. Si abandonamos las armas retrocederíamos en las posiciones políticas”. Según Gillespie, durante el período 1973-1974 los Montoneros asesinaron, además de Rucci, al gremialista Rogelio Coria, y al ministro del interior del gobierno de Lanusse, Arturo Mor Roig, a quien responsabilizaban por los episodios de Trelew.

      El gobierno peronista envió a fines de 1973 un proyecto de ley que agravaba las penas para todos los delitos vinculados con el accionar subversivo. El episodio obligó al grupo de ocho diputados que respondía a Montoneros a hacer un planteo público a Perón.

      Perón enfatizó que su gobierno necesitaba una legislación enérgica para poder combatir y vencer a la subversión siempre dentro del derecho. “Nosotros tenemos que actuar dentro de la ley”, dijo.

      En febrero de 1974 Perón avaló un golpe de Estado Provincial protagonizado por el jefe de la policía de Córdoba, que derrocó al gobernador Obregón Cano (otros de los miembros de la clase política cercano a Montoneros).

      El 11 de marzo de 1974 los Montoneros festejaron el año de democracia reuniendo cincuenta mil personas en el estadio de Atlanta. En ese acto, Firmenich denunció que el proceso de liberación había sido tergiversado y traicionado por los traidores al movimiento y llamó a recuperar el gobierno para el pueblo y para Perón. Públicamente no podía reconocer que quien no respondía a la visión montonera era el propio Presidente.

      El 1º de mayo de 1974, los desencuentros de Perón y los Montoneros alcanzaron finalmente su punto más crítico, en la mismísima Plaza de Mayo. La “Tendencia Revolucionaria” hizo un alarde de fuerza numérica, convocando a sesenta mil de las cien mil personas que asistieron al acto del Día del Trabajo. La parte de Montoneros coreó “si Evita viviera sería montonera” y leyó una lista de Montoneros asesinados, respondiendo “Presente” al nombre de cada militante recordado.

      Perón en su discurso luego de encumbrar a los sindicalistas, hizo su primera referencia a “esos estúpidos que gritan en la plaza”, para proseguir diciendo: “A través de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y ahora resulta que algunos imberbes pretenden tener más merito que los que lucharon durante veinte años”. Los Montoneros se retiraron cantando: “Aserrín, aserrán, es el pueblo el que se va”.

      En el curso del mes de junio Perón anunció la clausura definitiva de la rama juvenil del movimiento.

      La salud del Presidente tambaleaba, mientras tanto, crecía la influencia de López Rega en las decisiones del gabinete.

      El 1º de Julio de 1974, a las dos de la tarde, Juan Domingo Perón muere en su casa de la calle Gaspar Campos, en Vicente López.

      Firmenich y Quieto asistieron al entierro, representando a su organización, aún cuando para entonces se hacia más y más obvio, no sólo para los Montoneros sino para todos los argentinos que, con Isabel como Presidente, López Rega se convertiría en amo y señor del país entre bambalinas.

      El 6 de Septiembre de 1974 los Montoneros le declararon la guerra al gobierno, al que acusaron de no ser ni popular ni peronista, y pasaron a la clandestinidad.

    1.4. La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). [Ir a Sumario]

    Desde los episodios ocurridos en Ezeiza habían quedado al descubierto los grupos enfrentados dentro del peronismo que se planteaban la eliminación mutua como objetivo principal. López Rega y el Comisario Villar (creador en 1970 de la Brigada Antisubversiva de la Policía Federal, subjefe de la Policía Federal desde enero de 1974 y luego jefe de la misma hasta su muerte en manos de Montoneros, que instalaron una bomba en la lancha en la cual Villar viajaba con su esposa por el Tigre) habían creado por aquellos meses la Triple A o 3ª, con policías en actividad y dados de baja, matones sindicales y oficiales de las Fuerzas Armadas.

    López Rega, que utilizó fondos del Ministerio de Bienestar Social para formar esos escuadrones de la muerte, escogió como sus lugartenientes, al comisario Ramón Morales y al inspector Rodolfo Eduardo Almirón, dos oficiales que habían sido expulsados de la Policía Federal y fueron reincorporados y ascendidos vía decreto en 1974. Almirón ascendió dos lugares y Morales cuatro, una nimiedad comparada con el ascenso que se autodecretó López Rega: para llegar de cabo a comisario general debió saltar quince categorías jerárquicas. Al día siguiente de este ascenso la Triple A mataría al sacerdote Carlos Mugica.

    Entre Julio y Septiembre de ese mismo año sus operativos se multiplicaron en forma escalofriante: ejecutaron en un lapso de 90 días a sesenta personas.

    El sostén financiero de la Triple A eran los fondos del Ministerio de Bienestar Social y sus objetivos eran enunciados desde la revista El Caudillo (dirigida por Felipe Romeo) y, en su continuación, la revista Puntual, mantenidas ambas con publicidad paga de Bienestar Social. En febrero de 1974, por ejemplo, decía El Caudillo: “La inconciencia criminal de los traidores merece un solo castigo: el fusilamiento por la espalda. Y SI QUIEREN SANGRE LA TENDRÁN. Por eso decimos que la lucha recién empieza”. Y, en noviembre del mismo año, proponían el siguiente plan operativo: “Para combatir este tipo de guerra, las fuerzas de seguridad tienen que despojarse de todas las trabas mentales y legales que les atan las manos. El Código Penal es en muchos casos insuficiente. El paredón es más efectivo. Esta es una guerra santa. Tiene que haber vencedores y vencidos. El que a hierro mata, a hierro debe morir. Combatir a la subversión ya no es una cuestión ideológica, es una cuestión de vida o muerte”.

    Al día de hoy resulta difícil definir exactamente la relación de la Triple A con las Fuerzas Armadas. López Rega terminó abandonando el país en 1975, en misión reservada con destino a Libia (y luego se mantuvo Prófugo hasta que fue capturado en Miami en 1986, extraditado a la Argentina para ser juzgado por sus crímenes, donde murió en la cárcel).

    Si bien las Fuerzas Armadas parecieron ejercer una influencia decisiva en el éxodo del ministro, se pudo demostrar fehacientemente que algunos integrantes de la Triple A se incorporaron, luego del golpe del 24 de marzo de 1976, a los grupos que actuaban a las órdenes de Camps.

    1. 5. Los Militares. [Ir a Sumario]

    Durante el periodo peronista fueron ocurriendo cambios en el Ejército. En la primera etapa, el nuevo comandante fue el general Jorge Raúl Carcagno, que intentó adaptarse al nuevo gobierno peronista. Con el asesoramiento de su jefe de inteligencia, Coronel Cesio, Carcagno ordenó el retiro del personal militar norteamericano y francés en el país, organizó trabajos comunitarios entre militantes de la Juventud peronista y regimientos (bajo el nombre de “Operativo Dorrego”), también propuso en la décima Conferencia de Ejércitos del Continente, un cambio en la estrategia de los ejércitos latinoamericanos: que abandonaran la tarea interna y se concentraran en el enemigo en el extranjero, así como consideró que el control de la subversión requería actuar sobre las causas políticas y económicas.

    El sistema democrático funcionando no evitó que los guerrilleros sigan cometiendo delitos pero los aisló políticamente. Sus ataques ya no podían ser justificados por una lucha contra un régimen opresor. Prácticamente la totalidad de los partidos políticos, incluyendo al Partido Comunista, condenaban los actos terroristas. La guerrilla encontraba un repudio generalizado a sus acciones.

    A partir de 1974 el Ejército fue tomando más y más injerencia en la represión a la guerrilla. Perón había creado antes de morir el Comité de Seguridad (integrado por los tres comandantes y algunos ministros del Gabinete) y una Secretaria de Seguridad, con dos subsecretarias a cargo de oficiales en actividad.

    El asesinato del Capitán Viola y sus hijas fue una medida tomada por el ERP (asesinar dieciséis militares al azar) como venganza por el asesinato de dieciséis de sus hombres que se hallaban detenidos. El Capitán Viola no tenía responsabilidad personal por los hechos y ninguna vinculación con el caso.

    Este caso conmovió a la opinión pública y se comenzó a hablar de la posibilidad de un golpe de Estado.

    1.6. La Preparación del Golpe. [Ir a Sumario]

    La falta de vigencia de las reglas de la ley convertía a las instituciones en meros grupos que hacían alianzas o rupturas. Los militares discutían con los partidos políticos y los sindicatos la conducta a adoptar más allá de la forma en que la ley definía su ámbito de acción. Ya a fines de junio de 1974, cuando la salud de Perón flaqueaba, Balbín se reunió con Viola, Suárez Mason, Azpitarte y Riveros para analizar la situación en que quedaría el país a la muerte del Presidente. En un encuentro posterior entre Balbín y Viola se resolvió la necesidad de apoyar la institucionalización a toda costa.

    Sin Perón, la política del gobierno de Isabel se hizo menos tolerante a los sectores de izquierda del movimiento.

    Las operaciones guerrilleras, especialmente los atentados individuales del ERP contra oficiales y suboficiales y el intento de establecer una zona liberada en Tucumán, habían generado una situación de enorme incertidumbre e inquietud entre los integrantes de las Fuerzas Armadas y de la Policía. Las Fuerzas Armadas lograron en febrero de 1975 que María Estela Martínez de Perón dictara el decreto Nº 261/75, por el cual se ordenaba al Comando General del Ejército ejecutar las operaciones militares necesarias para neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos en la Provincia de Tucumán.

    El Operativo Independencia fue una prueba piloto del accionar que, luego del golpe de Estado, se extendería a todo el país: la sumisión de la ley al éxito del aplacamiento total de la subversión.

    A lo largo de 1975 las Fuerzas Armadas habían ido adquiriendo más y más control de la lucha contra la guerrilla, pero mantenían una disputa con sectores del gobierno que respondían a López Rega, y roces con las autoridades civiles.

    Los procedimientos judiciales (con exigencias de prueba y prohibición de torturas) les planteaban límites a su accionar que no querían aceptar. Esa clase de perturbaciones en su accionar ratificó a las Fuerzas Armadas en su convicción de asumir el poder mediante un golpe de Estado que desalojara al gobierno de Isabel Perón.

    Casi a fin de ese año, cuando las Fuerzas Armadas ya habían definido su estrategia secreta que incluía el golpe de Estado, presionaron y consiguieron que se ampliara esa atribución de control de la subversión a todo el país. El entonces senador Italo Luder, a cargo provisionalmente de la presidencia, había dictado el 6 de Octubre de 1975 el decreto 2770/75 (por el cual se creó el Consejo de Seguridad Interna, integrado por el gabinete y los comandantes de las tres Fuerzas Armadas, para asesorar a la Presidente en la ejecución de la lucha contra la subversión), el decreto 2771 (que ponía bajo control operacional del Consejo de Seguridad Interna al personal policial y penitenciario de todo el país) y el decreto 2772 (que establecía que la Fuerzas Armadas, bajo el comando superior del Presidente de la Nación, ejercido a través del Consejo de Defensa, procederán a ejecutar las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país).

    La posibilidad de un golpe era tan comentada que la discusión, a fines de 1975, se focalizaba en la demora de Videla en concretarlo.

    A fines de 1975 el ERP intentó un ataque contra un arsenal de Monte Chingolo y los Montoneros atacaron un regimiento en Formosa. En ambos casos las guerrillas sufrieron graves pérdidas, pero terminaron de abrumar con su violencia a toda la sociedad. Prácticamente la totalidad de los partidos políticos (incluyendo al Partido Comunista) condenaba tanto los actos de terrorismo de la guerrilla como de la Triple A.

    Al iniciarse el año 1976, a pesar del temor y el repudio generalizado de la sociedad civil, los protagonistas de la violencia continuaron enajenados en sus acciones, en un espiral que desembocaría en el golpe de Estado menos de tres meses después.