La Primera Mujer, por Joseph Antony

Eva era la primera mujer. Ella vivía en un jardín donde había mucho que comer. Se podía comer de todo menos de un árbol con manzanas rojas de pecas blancas; ese árbol estaba prohibido. Eva no sabía porque estaba prohibido. Siempre había dado muy mala espina y no se querían acercar a ese árbol.

Eva vivía con un hombre, Adán. Él era el primer hombre. No se hacían mucho caso el uno del otro, pero si se juntaban para comer. El cazaba y traía animalitos para comer mientras ella buscaba frutas y raíces. Se juntaban los dos y comían juntos. Hablaban un
poco sobre sus cosas, el de la caza y los animales y ella de las plantas. Un día mientras comían, Adán le conto a Eva sobre un ciervo al que él estaba intentando cazar. “Era un ciervo tremendo”, le contaba. “Tenia astas tan grandes que se parecían a las ramas de
un árbol. Sabía cuando iba yo a por él con mi lanza y corría como el viento enfurecido” Adán no pudo cazarlo, el ciervo era muy rápido y alerto como un relámpago.

En parte Eva se alegro que se le escapara el ciervo. A Eva le gustaban los animales y aunque también le gustaban los cuentos de caza de Adán, a veces deseaba que los animales se le escaparan mientras Adán contaba sus cuentos de caza. Pero nunca antes se le había escapado ninguna presa, El que el ciervo se le escapara le trajo una gran alegría a Eva. También Eva estaba cansada de Adán porque aunque a ella le gustaban sus cuentos de caza a Adán no le  gustaba escucharla a ella cuando ella quería contar sobre sus experiencias con las plantas.

A Eva le encantaban las plantas, como daban sus frutas y raíces para comer, y como se sentía ella cuando miraba los colores y las formas de las plantas. Ella siempre sabía lo que se podía comer, no sabía cómo lo sabía pero lo sabía.

Un día Eva estaba andando cerca del rio donde las hasta que le parecía que ella era como la flor que no se quería abrir y en su alegría se abría para que las flores la miraran a ella.

Eva también sabía que se podía comer y que no con solo mirar a las plantas. Sabía cuando había que arrancar la planta y comerse la raíz. Sabía cuando había que cascar las nueces y comerse lo de dentro y donde encontrarlo todo. Sabía cuando la fruta estaba
hecha y preparada para comer. Sabía cuando comerse las cosas duras o cuando comérselas blandas. Los pajaritos también le ayudaban a Eva volando por encima de ella y luego aterrizando en el lugar donde hubiese algo que le gustara a Eva.

La verdad cuando se lo pensaba era que los animalitos les ayudaban mucho tanto a ella como a Adán. Eva creía que los animalitos se dejaban cazar por Adán como si lo hicieran a propósito el ponerse en frente de su lanza. Por eso Eva se alegro tanto cuando ese ciervo no se dejo cazar por Adán.

Eva también notaba como las plantas le ayudaban a ella a encontrar comida. La planta le indicaba que parte comerse y si había que pelarla o no. La fruta si no estaba hecha le parecía decir a Eva “No todavía no estamos hechos, espera un poco y ya estaremos listos.”

Eva no sabía como a Adán no le gustaba oír de las plantas. Ella se entusiasmaba tanto contándolo y el después de un pequeño rato le decía “Jo que aburrido, las plantas no se mueven, se están quietas y no se mueven.”…

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