Proverbios y Cantares, rima XXIX · Campos de Castilla
“Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino:
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.”
El 26 de julio de 1875, en la ciudad de Sevilla-tierra de otro gran poeta español, Gustavo Adolfo Becquer- y en el seno de una familia ilustrada, nació Antonio Machado Ruiz. Educado en la Institución Libre Enseñanza fundada por Francisco Giner los Rios, y con el apoyo de su familia, Antonio orientó pronto sus esfuerzos al mundo intelectual. Sus hemanos, sobre todo Manuel, también se dedicaron a la actividad literaria y artística. De hecho, Manuel y Antonio colaboraron de forma asidua en la creación de importantes obras de teatro.
Desde muy al inicio de su vida, a veces por deseo propio y otras por aspectos profesionales, Antonio Machado y su familia residieron y ejercieron profesionalmente en varias ciudades. Así, el poeta español residió y trabajó en Madrid, Soria, Baeza, Segovia, Sevilla, Valencia y París. Y en todas estás ciudades dejó huella y compartió momentos reseñados con otras personas importantes del mundo intelectual. Al igual que su obra literaria, su vida fue excelente; repleta de pensamiento filosófico y sensibilidad que le convirtieron-en vida-en uno de los mejores literatos y más significativos de su gran generación. Como le ocurrió a la mayoría de los miembros de la época plateada de la literatura española (Unamuno, Galdós, Pio Baroja y Juan Ramón Jiménez entre otros), Machado mostró un gran descontento ante la realidad que le rodeaba, algo que plasmó en su obra. La docencia fue su principal forma de ganarse la vida, y cuando no enseñaba se dedicaba a la colaboración periodística y la escritura de obras de teatro junto a su hermano Manuel, sino a estas tres actividades a la vez. Sin embargo, fue la poesía donde Machado alcanzó su máximos logros literarios y donde pudo plasmar todo su interés y pasión por la filosofía-carrera en la que se licienció cuando ya había cumplido los 40 años- y la naturaleza, que al poeta le motivaba mucho más que el arte.
"Campos de Castilla", publicado en 1912, es sin duda el libro de poesía más leído de Machado y el que, de alguna manera, mejor describe-y descubre-las inquitudes filosóficas y emocionales que alegraban e entristecían al poeta.
“Cinco años en la tierra de Soria, hoy para mi sagrada-allí me casé; allí perdí a mi esposa, a quien adoraba-, orientaron mis ojos y mi corazón a lo esencial castellano.” (1)
También este libro de poemas establece su tendencia poética principal: escribir desde el corazón; que no desapareció ni con la llegada del surrealismo, que a Machado le parecía des-humanizado. Tras abandonar Soria en 1917, solicita el traslado a Baeza, en Jaén, donde conoce a un jovencísimo Federico García Lorca con el que entabla una amistad que se prolongará hasta la muerte del poeta granadino. Allí retoma su actividad docente, la creación de obras de teatro y colaboraciones con diversos periódicos. Trás solo dos años en Baeza, se traslada a Segovia, donde encuentra un ambiente intelectual que le atrae mucho más. De sus colaboraciones periodísticas, años después, se publicará su libro en prosa Juan de Mairena, una pieza imprescindible de la literatura moderna en castellano donde Machado, en la voz de un profesor de escuela, comparte con su alumnos-y con los lectores- un gran abanico de reflexiones, sarcasmos e ironías de una prosa envidiable.
Ya a la edad de 52 años, en 1927 (año que agrupo a una nueva remesa de poetas, literatos y artistas en general como Lorca, Salinas, Albertí, etc-), se reconoce el aporte de Machado a la literatura y es nombrado académico de la lengua reconociéndose así su obra, aunque finalmente no ejerciera como académico.
Los años siguientes, sin embargo, hasta su muerte en 1939, fueron complejos para él y para España. Después del final de la dictadura de Primo de Rivera, en 1931, se constituyó la Segunda República. Este ilusionante y progresista proyecto finalizó pocos años más tarde cuando en 1936 estalló la guerra civil. Como la mayoría de los miembros de su generación (y la mayoría del grupo del 27) Machado apoyó el proyecto republicano hasta que, en 1939, las tropas del bando nacional acabaron imponiéndose y Machado, junto a otros muchos intelectuales tuvieron que abandonar España. El poeta, en su huída del régimen dictatorial franquista, acabó sus días en Francia, en la localidad de Colliure, en los brazos de su madre y alejado de su querido hermano, Manuel, que había elegido aceptar y apoyar el nuevo régimen dictatorial.
Sus últimos versos
En sus últimos momentos de vida, ya en Francia y junto a su madre, y como testimonio de sus últimos momentos, Machado escribió un último verso que encontraron en el bolsillo de su abrigo:
“Estos días azules y este sol de la infancia”
Se alejaba de la negrura de la incipiente dictadura franquista y se acercaba su propia muerte y el obligado repaso vital.
Extracto de Retrato, Campos de Castilla
“Y cuando llegue el día del último viaje
y esté a partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontrareis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.”
Notas:
(1) ANTONIO MACHADO, Poesías Completas, Editorial Biblioteca Nueva, S.L. 2001, Barcelona. pp 91.
Bibliografía
ANTONIO MACHADO, Poesías Completas, Editorial Biblioteca Nueva, S.L. 2001, Barcelona.
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