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La dimensión religiosa y espiritual en el ser humano.

Por Jesús Sordo Medina | 2008-12-01

De norte a sur y meridiano a meridiano, la espiritualidad ha acompañado al ser humano en su evolución socio-cultural. El paso del Mito al Logos griego, las opciones laicas del Renacimiento, el pensamiento ilustrado, la impronta marxista o el quehacer científico, todas ellas racionalidades, no han podido relegar y categorizar la dimensión espiritual del ser humano como una racionalidad antigua y obsoleta.


Unidad de espíritu y razón

La dimensión religiosa y espiritual humana es algo esencial para un filósofo, antropólogo, sociólogo o psicólogo si quiere profundizar en el estudio del ser humano. La espiritualidad es un hecho que forma parte de la humanidad, que se confunde a menudo con el hecho religioso -algo más asociado al hábito, a la costumbre y el dogma- y que no tiene porque ser antagonista del universo racional y lógico. De hecho, el gran pensador alemán Hegel nos habla de un espíritu universal o razón universal como el elemento esencial del ser humano eliminando cualquier conflicto entre razón y espíritu; en realidad, propone todo lo contrario, une y fomenta ambos mundos en una manifestación humana de mayor alcance y donde la libertad cobra gran importancia para la propia realización espiritual.

Hegel estaba en lo cierto. Su visión del espíritu, como aquel nous platónico que se definía a si mismo en la cualidad humana más superior, necesita de la libertad para poder realizarse a sí mismo.

Sin embargo, a la universalidad espiritual hegeliana se contrapone el constante conflicto histórico entre pensamiento racional e intuición espiritual. Y peor aún, en el interior de la reflexión racional y la espiritualidad existen multitud de corrientes también en conflicto. No hace falta recordar los prejuicios entre el movimiento católico y comunista. Para los primeros, aproximarse a posiciones de izquierda marxista (con herencia ilustrada) implica convertirse en ateo y enemigo de todo tipo de sentimiento religioso. Mientras que para los herederos del Engels y Marx, tener creencias religiosas implica ir por la vida de santurrón y sin capacidad de crítica o sentido de la justicia. Cuando se dan este tipo de prejucios y actitudes ni unos ni otros aparentan conocer ese espíritu o razón universal del que nos hablaba Hegel.

Y ya definido el sentido de este artículo pasemos a hacer una pequeña historiografía de la espiritualidad y religiosidad humana.

Historía de la espiritualidad

La variedad de tipos de creencias y religiones es tan compleja y dinámica como la evolución de la propia humanidad. De forma autónoma o adquirida de la fusión con otras culturas, la religión y la espiritualidad han estado presentes desde los albores de la humanidad; de hecho, han fundamentado las sociedades durante milenios hasta que, aparentemente, otra opción, la del racionalismo, aparece y aporta a la comunidad otra forma de ver el mundo y el modo de actuar sobre él.

Monoteismo y politeismo

En el terreno de la creencias religiosas, podemos hacer una diferenciación general en dos grandes grupos: la espiritualidad basada en más de un Dios (politeísmo) o en un solo Dios (monoteismo). Como ejemplo del primer caso, contamos con la religión griega, la cual incluía en su panteón a un gran número de dioses que representaban algunas virtudes y vicios -en el sentido aristótelico- en la ética y moral de los seres humanos. En el segundo de los paradigmas religiosos, hay que prestar atención, sobre todo, a las religiones con Abraham como primer profeta (judaísmo, cristianismo y el islam), las cuales otorgan a un único Dios el papel de Padre, protector a veces y juez, más o menos benélovo según cada confesión, en otras.

Animismo

Dejando a un lado a las «religiones del libro», existe otro grupo espiritual donde el ser humano se comunica con los espíritus que se encuentran en la naturaleza y se mantienen en constante contacto con el mundo de los vivos. A esta forma de entender el mundo espiritual se le llama Animismo, donde el ritual chamánico cumple un factor muy importante para el conocimiento, comunicación y control de los espíritus. Estas «deidades» pueden ser tanto animales como elementos de la naturaleza.

No obstante, el teismo y deismo y el animismo a veces se mezclan y por ejemplo, en la religión egipcia, existen dioses mitad humanos y mitad animales como Anubis, o dioses que representan a astros, como el gran dios Amón, que se asoció en los primeros reinos egipcios al viento para luego fusionarse con el Sol.

Oriente

En el mundo oriental, como ocurre en el hinduismo, tenemos también dioses representados por hombres y mujeres y, de nuevo, dioses asociados a fenómenos naturales. De hecho, la fusión entre el viejo chamanismo y las creencias védicas ha generado uno de los más complejos conglomerados de divinidades en el hinduísmo.

Por otro lado, el budismo, que mantiene parte del panteón hinduísta, ofrece una visión negativa de la teogonía afirmando que no hay creador basándose, sobre todo, en la impermanencia y la ley del karma. Además, el aspecto racional, lógico y psicológico cumple un factor muy importante, y el rito principal es la meditación y no tanto una actitud basada en la fe en un dios concreto. En este sentido, al budismo (llamado religión o sabiduría), sí le podemos otorgar un carácter más humanístico que al resto de las demás espiritualidades, ya que es la propia voluntad e iniciativa de la persona, su análisis y capacidad compasiva los aspectos más importantes para provocar un cambio individual y socio-cultural.

Junto al inicio del budismo, tenemos que considerar el taoismo, confucionismo y la espiritualidad griega, entre otras manifestaciones del siglo VI a.C. A este periodo de la historia el filósofo alemán Karl Jaspers lo llamó Tiempo eje, un proceso muy importante de espiritualización humana donde razón y espiritualidad evolucionaban como un mismo fenómeno. Este momento de la historia es destacado también Hegel como momento crucial en el devenir humano donde el ser humano se convierte a la vez en sujeto y objeto de estudio.

África

En el continente africano, si no contamos con las conversiones al cristianismo y al islam de algunos de sus pueblos, la espiritualidad natural es el Animismo, donde todo ser posee un espíritu o alma (ánima). Suelen ser los animales los que cobran mayor importancia en el panteón espiritual. El rito, la posesión de las personas por los espiritus y la figura del chamán ejercen un gran protagonismo en la práctica tradicional. De nuevo, insistir en que en el animismo, la comunicación entre el mundo de los espíritus y de los hombres es constante.

África, como la tierra madre del ser humano y de la primera religión asociada a la naturaleza, ha dotado al resto del planeta de unas primeras bases espirituales, que luego han ido evolucionando a otro tipo de religiones y sistemas de creencias. Por todo ello, no es extraño que los viejos cultos de todas las sociedades y culturas de la Edad antigua estén teñidas de animismo y chamanismo.

América

Otro continente, América, trató desde el prinicipio (algunos de miles de años atrás), la espiritualidad del mismo modo que África. Toda América está plagada de poblaciones devotas y temerosas de la naturaleza y ven en los animales la representación de los espíritus. Y a pesar de la incursión del cristianismo, el animismo, el rito y el chamán no han desaparecido en la religiosidad de las poblaciones originales de América, desde el norte, con los Inuit, hasta el sur, con los Mapuche.

La espiritualidad en nuestros días: nuevas corrientes y Misticismo cuántico

En nuestros días estamos viviendo un resurgir de la dimensión religiosa humana a través de la recuperación de sistemas de creencias como el orientalismo pero adaptadas a nuestros tiempos, sobre todo en relación al lenguaje que rescata las reflexiones y experiencias de antiguos sabios. Este «renacimiento espiritual», en ocasiones, se interpreta como la antesala del acceso a un nuevo nivel de conciencia, algo similar a lo que ocurrió en el Tiempo eje de los siglos VI y V a.C., descrito por Karl Jaspers. No obstante, hay que recordar que muchos de los postulados de esta nueva espiritualidad o New Age, hunden sus raices en sistemas de creencias ya creados. Es decir, todo lo que se dice ya fue dicho anteriormente e, incluso, en algunas ocasiones, esa supuesta nueva espiritualidad o cambio de conciencia está basada en libros de auto-ayuda cuyo contenido es puro marketing que sólo busca el enriquecimiento personal y no el bien común.

A favor del New Age, sin embargo, habría que decir que han logrado que el acceso a la reflexión y experiencia espiritual se haya vuelto más democrático. Es decir, no sólo las elites pensantes de la sociedad -la superestructura- pueden acceder a la experiencia o gnosis espiritual, sino que una gran parte de la población, medianamente ilustrada, logra comprender y, lo que es mejor, experimentar una nueva versión de los ritmos espirituales.

No nos queremos olvidar en este artículo de destacar los avances de la ciencia -sí, de la ciencia- en el terreno de la espiritualidad. Trás más de dos mil quinientos años de desarrollo del pensamiento científico y epistémico, en las últimas décadas, ha aparecido una nueva corriente en ciencia que observa con respeto y atención los asuntos del espíritu. Hablamos de las reflexiones y experimentos que algunos físicos han llevado a cabo y que podemos reconocer, de forma general, como Misticismo Cuántico, término utilizado en muchas ocasiones de forma peyorativa por los propios físicos, algunos de los cuales consideran a esta sub-disciplina de la ciencia como pseudo-ciencia. Albert Einstein, al abordar Mecánica Cuántica y espiritualidad, afirmó aquello de que «Dios no juega a los dados». Otro científico más contemporáneo, Stephen Hawking, con su irónico sentido del humor, ya dijo que cuando oía hablar de Física cuántica y de que el universo no está regulado por las leyes matemáticas empieza «a sacar la pístola».

Conclusión

A lo largo de la historia, la espiritualidad ha acompañado al ser humano en su evolución socio-cultural más profunda y superior. También, pareja al desarrollo espiritual, la libertad ha supuesto un elemento esencial para el desarrollo humano. Desafortunadamente, algunas doctrinas religiosas no han comprendido que libertad y espiritualidad, unidas, dan pie a la «razón universal», o a lo que los budistas llaman «iluminación», o al «tao» más oriental, y han eliminado la libertad para convertir a la espiritualidad en un mero hábito de prácticas exotéricas sin capacidad de transformación alguna.

No obstante, aunque de forma muy lenta, tarde o temprano, las expresiones religiosas actuales y excesivamente dogmáticas encontrarán su próxima evolución, justamente, tras permitir que la libertad penetre en cada una de sus pautas morales y reflexiones metafísicas, y en el momento que entiendan que tanto el animismo, el islam y demás confesiones religiosas no dejan de ser, al fin de al cabo, una misma aproximación a una única y poliédrica dimensión de la dinámica especie humana: la espiritualidad.

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Fuentes

NINIAN SMART, Atlas Mundial de las Religiones, Calmann & King Ltd, Londres, Inglaterra, 1999




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Comentarios al artículo

nicolnicol, dijo:
dios es grande
Enviado: 2011-12-11 19:02:03



Pan FloresPan Flores, dijo:
es pesino y qaburrido
Enviado: 2011-09-14 03:23:26



antonioantonio, dijo:
si es cierto que el sectarismo ha echado a perder la reflexión sobre lo religiosp
Enviado: 2011-03-20 22:58:21




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