Mencio, el ala idealista del confucionismo
Revista iberoamericana sobre actualidad, cultura, ciencias, ecología y Derechos Humanos.

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Mencio, el ala idealista del confucionismo

Homo homini sacra res | 2012-07-17


MencioTras la desaparición de Confucio, nos dice la tradición que de entre más de setenta discípulos, fue Mencio (371 a. C. – 289 a.C.) el que mejor continuó la labor de educador de su maestro de lo que ya era el Confucionismo. Mencio, también de la escuela de los letrados como su mentor, recibió este nombre por parte de los jesuitas que viajaron por oriente en el siglo XVII y que lo tradujeron del chino Meng.



Mencio, al igual que Confucio tenía relación con los estamentos oficiales y a ellos les solicitó ayuda para difundir el pensamiento Confuciano, ayuda que no recibió, por lo que optó, como hiciera su maestro por retirarse con sus discípulos para reflexionar, departir y componer un tratado que llevó su nombre. Este libro se divide en siete libros dividido en dos partes cada una de ellos: una con las conversaciones de Mencio y los aristócratas de aquel entonces, y el otro entre el propio Mencio y sus discípulos. La importancia de este tratado fue tal que pronto se convirtió en uno de los “cuatro libros” eje principal de educación confuciana.

Doctrina de Mencio

Como ocurriera con Confucio, Mencio enfatizaba la benevolencia (ren) que podríamos equiparar a la benevolencia. Aquí sus palabras: “La virtud de benevolencia es la característica propia del hombre, es la doctrina y el camino de su conducta ” (Mencio VIIb,16). O “Ciertamente, responde a Gao Zi, el agua no distingue entre el este y el oeste, pero ¿tampoco distingue entre arriba y abajo? La naturaleza del hombre tiende al bien como el agua tiende a bajar. No hay hombre que no tienda al bien como no hay agua que no tienda a bajar ”. (1) Comentario que nos recuerda a Aristóteles y que también nos advierte de la convicción de Mencio en que todos los hombres habían nacido con la misma naturaleza humana, y que ésta era buena.

En cuanto a la ética y la moral, Mencio seguía los preceptos de Confucio: “Todos los hombres poseen estas cuatro bases en su yo; si saben cómo desarrollarlas y llevarlas a s plenitud, serán como el fuego que empieza y toma cuerpo o como la fuente que brota y aumenta su caudal. Si las completan, bastan para proteger el universo; si no las completan, no podrán proteger ni a sus propios padres ”.

Estos principios seguidos de forma correcta desembocan, naturalmente, en la observación de las “cuatro virtudes” de que tanto se habla en el confucianismo: “Benevolencia, rectitud, corrección y capacidad de conocimiento no son principios que se nos infundan desde el exterior; con certeza los tenemos en nosotros ”, y por tanto, la virtud ética es inherente a todos.

También encontramos a un Mencio “deontológico” que sigue a su maestro, mostrando su desagrado por el culto al interés y el beneficio. La ética debe estar basada en el deber y el respecto a una serie de principios, independiente de sus frutos. El deber está por encima de la vida.

En relación a la conexión que establece Mencio entre su ética deontológica para los “Grandes hombres” y su conexión con elementos a priori , es decir, metafísicos, que lo fundamenten, para Mencio el Cielo (tian) dotó al ser humano de una naturaleza buena y fuente de bondad a imagen y semejanza de su propia esencia. También ve al hombre con una capacidad de aprendizaje innata. Si un hombre desarrolla estos aspectos y al máximo su corazón alcanzara el Cielo (tian) y se convertirá en una Gran Hombre: se dice de Gran Hombre “Al que vive en la ancha morada universal (relativo a moral), permanece en el recto lugar bajo el cielo y avanza por el gran camino del mundo, al que alcanza el deseado puesto para beneficiar al pueblo y, en caso de no alcanzarlo, practica individualmente su doctrina, incapaz de ser corrompido por riquezas y honores, de ser alterado por la pobreza y la carencia y de doblegarse ante la amenaza y la violencia, a éste es a quien pude llamarse un gran hombre ”.

Mencio, para salvaguardar teoría sobre la igualdad de los hombres y la nobleza de estos, asegura que existe una diferencia entre nobleza humana y nobleza celeste: “Hay una nobleza celeste y una nobleza humana. La nobleza celeste está constituida por la benevolencia, la rectitud, la fidelidad y el complacerse en estas virtudes sin descanso; el ser duque, canciller o alto funcionario es lo que constituye la nobleza terrestre ”.

Mencio tampoco se olvidó del misticismo. La frase “todas las cosas están completas en nosotros mismos ” nos muestra el componente místico del pensamiento de Mencio a través del concepto Hao ran zhi qi, que la profesora María Teresa Román (2) traduce como Gran Moral. Para comprenderlo mejor, leamos lo que el propio Mencio dijo al respecto:

“Yo conozco las palabras y sé cultivar muy bien mi vasta energía vital ” y “Es enormemente (la energía vital) grande y fuerte; si se cultiva rectamente y no se la daña, llena todo el espacio entre el Cielo y la Tierra. La energía vital se conjuga con la rectitud moral y la ley del Cielo. En caso contrario se debilita ”.

(1) MARIA TERESA ROMÁN, Sabidurías orientales de la antigüedad, Alianza Ensayo, 2004, Madrid, pp 370.
(2) MARIA TERESA ROMÁN, Sabidurías orientales de la antigüedad, Alianza Ensayo, 2004, Madrid, pp 374.