Revista iberoamericana sobre actualidad, cultura, ciencias, ecología y Derechos Humanos.

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El nacimiento y la evolución del Derecho Romano

Por Jesús Sordo Medina | 2012-07-07

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Derecho RomanoEl desarrollo del derecho en Roma tuvo tres fases principales. La primera fase se considera como el derecho ritualista heredado de la tradición etrusca y fundamentado en una religión adivinatoria que obligaba a los hombres a asumir ciertos compromisos con el panteón religioso romano. Los representantes de este tipo de judicatura eran sacerdotes, los augures, que componían una especie de colegiado responsable de realizar estas prácticas ritualistas y poder establecer la ley y el orden en los conflictos civiles que se producían entre la población.


Algunos ejemplos de estos conflictos que se solucionaban en aquellos rituales legales eran la compraventa de propiedades, de esclavos, animales o incluso bienes de todo tipo. Para dar comienzo a este tipo de audiencia se utilizaba una ceremonia solemne a la que llamaban mancipatio o la in iure cessio (cesión ante el magistrado). En el desarrollo de las sesiones, los augures eran los encargados de dar validez a negocios, solucionar querellas entre ciudadanos e imponer penas, siempre bajo el amparo de la ley divina.

Este tipo de la aplicación de derecho concluyó a mediados del siglo V a.C., iniciando una segunda fase en el que la República Romana (510 a.C.) había sustituido a la monarquía, y debido a una remodelación de todo lo relacionado con el derecho tras una visita de embajadores romanos a Grecia, la cual inspiraba un nuevo modelo judicial basado en la redacción de las XII Tablas que formulaba por escrito y hacía público las normas jurídicas que debían regular la vida de los ciudadanos romanos. Recordemos esta influencia en las Leyes de Solón impresas en axones y visibles a cualquier ciudadano ateniense.

Tras esta remodelación el derecho ritualista fue evolucionando a uno más civil acorde con los cambios que se estaban produciendo en la República. Se nombró a una comisión de diez ciudadanos con capacidades especiales para legislar, dejando en segundo plano a los augures en la elaboración de los textos jurídicos y los usos y costumbres anteriores. Pese a esto, la irrupción de las XII tablas no desvincula totalmente el derecho de la adivinación y la religión, de hecho, los principales representantes jurídicos, ahora pontifices, se convierten en representantes espirituales de la población en base a una judicatura que toma como razonamiento jurídico verdadero los certa verba, las palabras rituales que no admiten interpretaciones, es decir, letra sagrada, lo que convierte al incipiente derecho republicano romano en un ius strictum, el derecho al pie de la letra.

La tercera fase en la evolución del derecho se produce por la propia ampliación de los dominios de Roma en época republicana lo que produjo cambios en el campo del derecho y la jurisprudencia. Ya en el siglo II a.C. con la creación de provincias dominadas por el incipiente Imperio Romano se debieron crear una especie de jueces para estos territorios, los praetor peregrinus, con la capacidad de administrar justicia de forma más flexible de lo que lo hacían en la propia Roma. Esta nueva forma de derecho contó con diversas modificaciones siendo la más importante la aplicación de la lex Aebutia para el praetor urbanus, un representante jurídico en los contenciosos civiles. Esta ley también podía ser utilizada por los propios ciudadanos para interponer querellas y solicitar justicia. Pero lo más importante de esta modificación fue el avance en la separación entre derecho romano ritualista y uno más cívico donde el praetor se encarga de la instrucción de los casos, escuchar a ambas partes y elaborar un informe con la información necesaria para que un magistrado decida si absolver o condenar. A esta nueva práctica jurídica se la conoce como ius honorarium ya que la autoridad de decidir sobre una sentencia procede de un representante político (y no religioso) de Roma, un praetor o magistrado miembro de la nobilitias y del honos (magistratura) al que el gobierno central de Roma le otorga, aún, el calificativo de pontifice. Este magistrado solía ser, en principio, el propio gobernador de la provincia que trabajaba en los casos con la ayuda de otros praetores. Aunque esto no significa, todavía, que se hubiera conformado un cuerpo oficial de jueces, los magistrados encargados de juzgar tenían una formación adecuada para el caso.

El definitivo contacto con la cultura griega debido a la invasión de Grecia por parte de Roma en el siglo II a.C. provoca una renovación en el mundo del derecho. En el año 156 a.C., una embajada de filósofos griegos estoicos y escépticos, las dos tendencias mayoritarias en la Grecia de entonces, aportan todo una verdadera ciencia laica del derecho basada en la lógica y la inducción filosófica que podía ser aplicada a la realidad cotidiana de los romanos. En base a esta influencia, Roma acaba creando un concepto de justicia cívico al que llama aequitas que son las teorías sobre la justicia de los filósofos aplicada al derecho. Es decir, la filosofía moral va a fundamentar las leyes jurídicas que se liberan de la ley al pie de la letra bajo el amparo divino. Roma abandona su libro sagrado para crear un cuerpo de leyes que permite la interpretación de los hechos bajo la luz de la razón. A raíz de esto se crea un concepto, la bona fides (“intención honesta”) que permite al magistrado salirse de la ley al pie de la letra para analizar los casos con otra visión más flexible y con ello traza el camino para un derecho moderno que ha fundamentado al derecho occidental.

Fuentes:
RAQUEL LÓPEZ MELERO, Breve Historia del Mundo Antiguo, Editorial Universitaria Ramón Areces, Madrid, 2010.