Revista iberoamericana sobre actualidad, cultura, ciencias, ecología y Derechos Humanos.

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Danto y el fin del arte, los nuevos manifiestos post-modernistas

Por Jesús Sordo Medina | 2012-07-07

Scoop.it

Walter BenjaminLa temprana muerte de Walter Benjamin en el norte de España, en 1940, mientras huía de los fascistas, truncó una de las voces mas interesantes en cuanto a crítica sobre el arte había dado el siglo XX.


Introducción

Benjamin, no llegó a conocer, por lo tanto, el movimiento artístico y estético post-histórico de la década de los 60 que Arthur Danto promocionó y avaló en escritos posteriores, pero sí, como le ocurriera a Paúl Valery, supo adivinar, tras la revolución que se produjo en la técnica, especialmente aplicada a la fotografía y el cine, una supuesta muerte del artista y del arte o, al menos, los drásticos cambios que en el mundo de la filosofía de la estética y el relato artístico se produjeron con la llegada de algo que podríamos llamar “democratización” o masificación de la reproducción artística para su consumo. En este sentido, avanzaremos en la obra de Danto “Después del fin del arte, el arte contemporáneo en la “linde de la historia”, con la voz crítica de Walter Benjamin expresada en su ensayo: “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, reproductibilidad que Danto ha vivido de forma plena.

Arthut C. Danto

Arthur C. Danto

Antes de comenzar con un análisis benjamiano del libro de Danto, hay que destacar la poca importancia que el neoyorkino le da a la obra de Benjamin, al menos de forma directa. Sólo le cita en su libro en dos ocasiones (pp 195 y 202) siendo el siguiente párrafo el más destacado: “Pero Benjamin se permitió pensar la fotografía en términos de reproducción mecánica y, por lo tanto, capaz de existir en la cantidad de ejemplares que se necesite, lo cual no coincide con la edición artificial y restringida que corresponde al museo.”(1). Este párrafo, que viene a resumir uno de los postulados de Walter Benjamin relativos a la relación entre arte, con fundamento en la filosofía estética, y la fotografía, como relato o actividad artística, es relacionado por Danto con un análisis político del arte y su producción y no tanto filosófico.

El libro de Danto, “Después del fin del arte”, asume los trabajos desarrollados por él mismo desde principios de los ochenta y durante la década de los noventa, centrándose, tras un repaso de la historia de la estética y del arte de los últimos seis siglos, en la brecha histórica –arte post-histórico ya– de las artes visuales durante la década de los sesenta del siglo XX y, sobre todo, la aparición del pop como mecha incendiaria de una convulsión en el relato artístico sin precedentes donde el espíritu individual del artista, donde nace el nuevo arte, define un nuevo plano de conciencia que acaba con los límites de la antigua narrativa, precisamente presionándolos y donde el nuevo museo para el arte post histórico no contempla criterios artísticos a priori ni categoriza las obras con los anteriores varemos de calidad o crítica. Las obras de Paúl Valery, Clement Greenberg y otros críticos anteriores a él le han servido bien para lanzar un análisis del panorama artístico de la segunda mitad del siglo XX, siempre partiendo de la filosofía de la estética, para certificar, con ese título incendiario, la muerte del arte. Está claro que éste no ha muerto, aún menos el relato artístico, si bien, la década de los sesenta constituyó una brecha radical en el mundo del arte donde las nuevas tendencias ya no podían ser criticadas con la narrativa clásica o los manifiestos anteriores.

Toda esta revolución artística proviene, según Danto, y con el permiso de Clement Greenberg, de la irrupción de la Edad Moderna Filosófica promovida por Descartes donde la regresión al yo pienso individualiza la forma de ver las cosas por mentes estructuradas de una cierta forma. Es decir, ya no prima la investigación de cómo son las cosas, sino como esa mente con sus características individuales las piensa. La interpretación de todo parte entonces del yo y su antropología filosófica. El sujeto y su pensamiento también se vuelven objeto de estudio y este nuevo pensamiento moderno, de forma análoga, alcanza el mundo del arte. En cualquier caso, debemos volver de Benjamin a Danto y no viceversa.

De Walter Benjamin a Arthur C. Danto

Para Benjamin, la relación entre el artista y su obra no está basada en la interpretación individual (conocimiento) sino en algo que lo precede: el lenguaje. Benjamin Walter, pionero del giro lingüístico e influenciado por los románticos, considera que el fenómeno artístico no se puede comprender en términos de sujeto y objeto sino desde la realidad anterior que corresponde al lenguaje. La irrupción científico-técnica, ha acabado con el potencial de la función poética y estética. Esta interpretación del lenguaje artístico, con la aparición de la sociedad capitalista, ha sido utilizado para influir en las masas olvidando la relación individual del artista con su obra y del propio espectador con la misma. Así, el arte ha abandonado su origen en el ritual para buscar el origen en la política haciendo perder la unicidad y autonomía del arte a favor de su difusión para el consumo. Así, el arte tiene otras funciones. Esta crítica se puede asociar al hecho de que el arte se ha convertido en algo de uso diario y consumible y, sobre todo, de la creencia de que cualquier cosa puede ser arte.

Interpelando entre la obra de Danto y, sobre todo, la crítica de un Walter Benjamin de la segunda y tercera etapa de su teoría estética, éste se centra en recuperar la noción de estética en su sentido más etimológico, aiesthesis, o el compromiso perceptual del artista con su obra frente a una especie de “teoría de la modernidad”. Recuperando a Paúl Valery, Benjamin deduce que esta modernidad, producida por dispositivos tecno-expresivos, va a desembocar en una nueva fenomenología de la modernidad estética donde la reproductibilidad técnica de las obras de arte puede acabar con las mismas porque se prestan, sobre todo en el caso de la fotografía y el cine y en las sociedades industriales, a la copia para su distribución comercial, dándole a las obras un nuevo régimen de significación. En este sentido, y volviendo a Danto, en esa brecha histórica que se produjo en los años sesenta, hay mucho de razón en la crítica de Walter Benjamin, sobre todo en la fotografía y el cine. La desconexión entre artista y obra, como el actor que cambia al espectador teatral por un cámara y el mismo se convierte en celebridad y muere como artista, o el cuadro mimético que compite en realismo con una fotografía y que puede ser replicada o reproducida infinitas veces, acaba con algo esencial para Benjamin: el aura de la obra. Este hecho es asumido por Danto, pero de forma colateral; para Walter, sin embargo, esta nueva forma o interpretación del arte es capital en su crítica. Si Danto interpreta la “muerte del arte” como una evolución y ampliación del relato artístico que inunda todas las artes, pese a que el arte se convierta en otro bien a consumir, para Benjamin, la democratización del consumo y creación del arte a través de la “manufacturación” del mismo, significa la “muerte del artista” y la pérdida de unicidad e la obra.

Ante la “democratización” del arte a partir de los años 60 del siglo XX y que Danto considera positiva, Benjamin, ya en 1936, afirma que el arte ya no es único, ya que se puede reproducir prácticamente todo. La irrupción de la fotografía y el cine, provoca que la obra pierda su unicidad (su hic et nunc) a través de la reproducción de las mismas. Y esto se debe, desde la perspectiva de la filosofía de la estética, como decíamos anteriormente, a la pérdida del aura en la obra contemporánea, ese aura aplicado a los objetos naturales que los hace manifestaciones irrepetibles y permanecen en la lejanía aunque los tengamos frente a nosotros: los matices de un atardecer o el movimiento de las ramas de un árbol en un momento y en un espacio son únicos y le confiere algo oculto y misterioso a la relación del autor con la obra, que solo admite una única representación artística en un momento determinado.

La diferencia de muchas de las obras del arte post-histórico, que Danto avala, con las obras que poseen ese aura, es que algunas de las primeras caen en el “arte por el arte” y en la masificación a través de la repetida representación de los objetos en espacios que no son lo suyos. La copia de las obras para su consumo, la categorización de la mayoría de la fotografía y el cine como obras de arte, es realmente el punto crítico que se puede aplicar a Danto desde una perspectiva benjamiana. Para Benjamin, el cine y la fotografía no poseen el aura de una verdadera obra, pierden su unicidad por su continua copia, mientras que para Danto suponen otra manifestación creativa del artista. Para Benjamin se pierde ese lenguaje áureo que define a una obra original y real, y para Danto, ese nuevo lenguaje es una forma más de arte.

En cuanto a la pintura, Benjamin se centra en la interpretación que hacen los artistas de su alrededor y la significación que hacen del mismo. Tendencias como el cubismo no pasan por ser obras que reflejen el momento único de aquellos objetos, sino que son interpretaciones del propio artista, es decir, la trasmisión y reproducción de la mirada personal del pintor frente a un objeto. En este sentido, podríamos pensar que en el surrealismo ocurre algo similar. No obstante, para Benjamin, en este movimiento existe su famosa aura. Las obras que produce este tipo de arte también son irrepetibles, aunque los objetos no son exteriores. El artista se mira hacia adentro (a través de los sueños, por ejemplo) y traslada ese momento único en un ritual donde intervienen tres elementos: su psique (consciente o inconsciente), que sería el espacio, el contenido del cuadro, que corresponderían a los objetos y el propio artista, todo en un momento único e irrepetible. De hecho, Benjamin compara el surrealismo con el pensamiento de Bakunin como una total revolución interior para emancipar al ser humano.

Danto, por otro lado, en relación a la fotografía, le da el carácter de arte por ser una nueva forma de representar la realidad. Para Benjamin, la significación de la fotografía sería, como mucho, histórica, es decir, la forma de rescatar momentos en el tiempo. En este sentido, la crítica que hace Benjamin a este arte visual no queda muy clara. Reconoce la existencia de un aura en algunos ejemplos fotográficos como una fotografía de Atget, hacia 1900, de las calles de París sin gente. De esto podemos deducir que su crítica a la fotografía se va acercando paulatinamente al uso comercial y reproductivo que se hace de ella en las revistas y en los periódicos, donde sirven más de anexos a unas directrices que, por ejemplo, se indican en los pies de las fotos. Por el contrario, y a favor de Danto, en el tiempo post-histórico, es lógico pensar que si existe esa aura en una obra pictórica que rescata un momento y espacios determinados también pueda existir esa misma en la fotografía. Es la falta de unicidad y autonomía lo que preocupa a Benjamin en cuanto a la fotografía y el cine y su invasión en el mundo del arte.

En cuanto al cine, arte consolidado en nuestros días, Benjamin lo aleja aun más del arte aunque con las limitaciones del tiempo en que lo vivió. Destaca de él no solo la copia que se hace de una sola obra, sino la imitación de la realidad que se produce con los decorados, poniendo como ejemplo el Sueño de una noche de verano. Esa imitación o copia de la realidad, le parece a Benjamin razón suficiente para que el cine deba esperar para convertirse en arte.

Otro punto de divergencia en entre Danto y Benjamin es el concepto de museo. Para Danto, con la llegada del post-historicismo artístico, el museo se expande, ya no necesariamente debe ser la clásica galería de arte. La diversidad de las obras (figuras de Botero, el arte natural de Chillida o el arte urbano de los grafittis) también rompe la linde del museo clásico y hasta una ciudad puede servir para la muestra de un relato artístico. Para Benjamin, sin embargo, cada obra o cada tipo de arte requieren de su museo particular, el mismo en el que originalmente se crearon esas obras. Una estatua griega muestra toda su grandeza en el templo para el que fue construida, sin embargo, esta misma obra, en una iglesia cristiana es una aberración, aunque la obra, por otro lado, pueda seguir manteniendo su aura, no así en relación con el nuevo museo. En el arte pictórico un retrato de medio cuerpo puede ser expuesto en infinidad de lugares adquiriendo más importancia que la estatua de un Dios que tiene en el templo su lugar natural de exposición. Y esto se debe a que se rompe el aura de la obra, la relación (lenguaje) casi mística y única entre artista, obra y el entorno en el que se encuentra. Así, intentar replicar o llevar un tipo de arte a un museo que no corresponda con el entorno físico donde ese relato artístico nació y para el que fue creado, deslegitima el valor estético de la propia obra. En este sentido, la libertad para crear arte en la era post-histórica, en algunas ocasiones, puede no encajar con la filosofía estética romantica de Benjamin.

Arthut C. Danto

Andy Warhol

No obstante, Danto es consciente de esta posición aunque defiende la validez artística de obras como las pinturas de Warhol. Para Benjamin, desde luego, podrían haber supuesto una copia artística más sin llegar tan siquiera al arte mimético; para Danto, sin embargo, recuperando la conciencia cartesiana de la interpretación de la realidad, la pintura de un bote de sopa podría suponer la interpretación personal que hacía Warhol de ese objeto dentro un museo, el supermercado. No podríamos decir, obviamente, lo que Benjamin hubiera pensado de esa pintura, si existió esa aura entre la pintura y el artista, pero, posiblemente, no habría estado de acuerdo con la forma de realizar ese cuadro y, mucho menos, con su distribución y efecto comercial. También hay que decir, que Danto crítica, en términos de calidad artística, la irrupción del consumismo en el mundo del arte que provocó que para muchos sólo lo que se vendía de forma masiva era arte.

Podríamos concretar en líneas generales las posiciones de Danto y Benjamin partiendo del artista y la forma y significación que le daba a su obra. Si para Danto, la narrativa anterior a la era post-histórica, estaba basada en la reproducción mimética del entorno, es decir, representar el mundo tal y como es, esta narrativa para Benjamin no es tan errónea (siempre que sea una reproducción única), pues en ese mundo tal y como es, existe ese aura del que habla y es la interpretación del artista de esa misma realidad la que Benjamin rechaza por despojarse de la unicidad de ese momento o trasferirlo a su interpretación individual. La autocrítica que hace el artista contemporáneo de la era post-histórica y su reflejo en sus obras acaba con la autenticidad y verosimilitud del objeto representado, siempre en términos benjamianos.

Benjamin reconoce que la época de reproductibilidad técnica pueda haber dado alas a la estética, en términos de reproductibilidad, sin embargo lo que si ha hecho es crear una cultura de masas, que es lo que denuncia ya en 1930, siguiendo la tradición filosófica de la Escuela de Frankfurt. Por lo tanto, la esencia de la crítica del arte en Benjamin es, sobre todo, de carácter político contra la cultura de consumo dentro del arte o su uso con fines propagandísticos, algo a lo que el arte no debe servir. La democratización del arte que para Danto es capital y constituyente de la era post-histórica, es para Benjamin una vía para encerrarnos en el fascismo y producir que todos seamos idénticos colocando al valor artístico y su significación al servicio del poder. Y es interesante comparar la posición de Benjamin con la de Danto, ya que éste sí considera positivo la ampliación del relato artístico frente a la defensa de la unicidad y autonomía de Benjamin, aunque, como hemos podido comprobar, parte del arte de los últimos cincuenta años se ha convertido en objeto de consumo, se ha copiado de manera total y ha servido para a la educación (para bien o para mal) abriendo la posibilidad de utilizarse también para la persuasión y la creación de conciencia e ideología.

El hecho de que una obra o el arte en general pueda servir a una ideología determinada o incluso al propio capitalismo como una sección dentro de su supermercado global, es lo que realmente preocupa a Benjamin, que ve ese utilitarismo comercial o ideológico acercarse demasiado al fascismo y a la manipulación de las masas. Danto, sin embargo, se muestra más moderado al respecto, aunque como decimos crítica el consumismo en torno al arte. Las afirmaciones de Benjamin no encajan en la postura de Danto, el cual llama a la reflexión sobre las críticas a las nuevas formas de arte aludiendo a la incomprensión de las antiguas narrativas o manifiestos, donde podríamos ubicar a Benjamin, o al menos en alguna de ellas, por parte de los críticos de las nuevas filosofías estéticas. Para comprender a esos críticos, Danto alude a la discontinuidad de los estilos a lo largo de la historia que se produce con la llegada del modernismo y, sobre todo, con el post-historicismo del arte. Lo multidisciplinar en el arte de las épocas modernas, contemporáneas y los nuevos relatos artísticos acaba con esa historicidad artística tradicional donde el Barroco es seguido del Rococó para ser continuado con el Neoclasicismo y así siguiendo hasta la irrupción del modernismo de Van Gogh o la de Warhol en la era contemporánea, el cual, con sus obras, los Brillo Box, produjo ese aun más cambio filosófico rompiendo con la definición de arte anterior y liberando al artista del Manifiesto para concederle la oportunidad de re-pensar, de nuevo, qué es el arte. Benjamin no asume esa discontinuidad que ya se produce, en su tiempo vital, durante el cubismo y antes con el modernismo, recomendando restaurar el fundamento teológico o ritualista del arte en base a la unicidad, autonomía y el aspecto áureo de las obras de arte.

Hay que convenir que Benjamin no está en contra de la técnica, como tampoco Danto, pero el primero si exhorta a vigilar la parte negativa que pueda tener ésta. Tampoco podemos saber qué pensaría Walter Benjamin de la época post-histórica ni si hubiera cambiado su posición ideológica con el paso del tiempo o abandonado la crítica del arte, como le ocurrió a Greenberg. Lo que es claro es que Benjamin parte de una posición filosófica propia de la Escuela de Frankfurt con una tendencia clara al rechazo de la sociedad de masas y el capitalismo, sin olvidar la crítica al marxismo. Esta crítica, a Danto, se le queda corta y estrecha de miras en cuanto a la interpretación del arte y no la asume en su análisis por lo que pudiéramos discernir que Benjamin pertenece a una de esas antiguas narrativas o manifiestos que Danto no comparte por no adherirse a esa nueva autoconciencia que parte de la filosofía para adentrarse en la filosofía de la estética donde cualquier expresión artística, véase el pop-art, debe ser, al menos, considerada. Por lo tanto, Danto asume la práctica artística sin considerar los manifiestos anteriores, mientras que Benjamin, por su parte, se ubica en una especie de tradicionalismo hasta último término y solo considera arte aquellas obras enmarcadas en la narrativa que él defiende.

Como reflexión final y poniéndonos un poco mayéuticos, en una dialéctica a-temporal y desde Walter Benjamin hacia Arthur C. Danto, cabe todavía preguntarse (y preguntar en general) que si la época artística post-histórica rechaza el Manifiesto anterior que valora unos cánones, ¿también rechaza los criterios de autonomía y unicidad? ¿no es el movimiento post-histórico un célebre ejercicio de relativización de lo qué es arte? Y como decíamos antes sobre el consumo de estas obras ¿qué un grupo grande de personas lo consuma le da verosimilitud con respecto a unos criterios de calidad mínimos? ¿Hay la misma calidad estética en un Picasso, pintado con un aura especial, que en un esbozo de alguien que se toma el arte como hobby? ¿o ese aura, como parece indicar Danto, también está presente en el aficionado a la pintura? Y para asociar más el arte a la reflexión filosófica ¿es la era post-histórica en el arte una implementación de una democracia y tolerancia radical en el mismo que puede ceder ante la manipulación ideológica o el consumo? Si fuera un ejercicio de tolerancia y democracia, ¿por qué después de varios siglos, cuando la gente piensa en expertos de la arte, les vienen a la mente Rafael, Miguel Ángel, Goya, Picasso o Dalí, todos ellos con obras únicas y autónomas en su haber? Finalmente, para no agraviar a los defensores de la nueva narrativa ¿hacerse estas preguntas justamente es una posición reaccionaria ante el desarrollo del arte y su filosofía?

Desde luego, las reflexiones anteriores pudieran ser cuestiones que, en algún momento de sus vidas, deben haber inquietado a artistas y espectadores afiliados a la antigua narrativa o defensores de la era post-histórica tras la “muerte del arte”. A saber: el poeta que trasiega por la métrica clásica hasta abandonarla y centrarse en el verso libre que concede más libertad a su ritmo y a la implementación de sus metáforas, hipérboles y demás figuras poéticas; o el músico que repudia a las musas aristotélicas que le visitan trabajando y el do-re-mi-fa-sol-la-si adentrándose en el consumo de sustancias químicas para que le concedan la sagrada inspiración; o el pintor que, en una mañana gélida, aglutina varios botes de pintura de colores fríos para vaciarlos sobre un inmenso lienzo en una pequeña nave industrial confiando en que un incipiente y cuántico universo conspire para crear un cuadro que refleje genialmente y de forma abstracta la época invernal. Todas las posibilidades artísticas que Danto avala, posiblemente, no tendrían el mismo aval por parte de Benjamin, tal vez por una cuestión ideológica ante una primera obra que sí posee ese tono áureo, pero que se corrompe al ser reproducida una y otra vez y por el hecho de formar parte de una industria o servir a una ideología determinada, especialmente en el desarrollo del arte fotográfico y del cine, artes que posiblemente, con algún atisbo de prejuicio, Walter Benjamin traslada a las demás artes.

Fuentes

ARTHUR C. DANTO, Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia, ed. Paidós, Madrid, 2010.

Walter Benjamin “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, en Obras Completas , libro I, Vol. 2.

Notas:

(1) ARTHUR C. DANTO, Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia, ed. Paidós, Madrid, 2010, pp 202.