Revista iberoamericana sobre actualidad, cultura, ciencias, ecología y Derechos Humanos.

Revista iberoamericana sobre actualidad, cultura, ciencias, ecología y Derechos Humanos

Una sociedad atrapada. Mercado y terrorismo incruento

Por Guillermo Menéndez de Llano Menéndez | 2011-11-29

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Por Guillermo Menéndez de Llano MenéndezEs un buen momento para recuperar la aportación humanista e ilustrada, genuinamente europeas, orientadas mediante la razón hacia la libertad individual y a la democracia colectiva. La identidad de España tiene también en este rumbo su horizonte más luminoso. Pero esta recuperación de la aportación humanista e ilustrada ha de consistir también en su recreación o revitalización. No se trata de convertir Europa en un parque temático. El diálogo de civilizaciones o comunicación entre civilizaciones puede encontrar todavía en esta perspectiva un fecundo sentido.


“Hay en mí una sustancial, cósmica aspiración a levantarme de la fiera como de un lecho sangriento” Es una frase algo racial, no diré racista, de Ortega en Meditaciones del Quijote (1914). Añadirá luego: “No metáis en mis entrañas guerras civiles….yo aspiro a poner paz en mis hombres interiores y les empujo hacia una colaboración”.

Ya se advirtió que con la síntesis de las patrias Hölderlin expresó un pensamiento semejante y que también pudo influir esta idea en Nietzsche.

Ortega busca la luz y va a una conquista del sentido de la realidad mediante la mirada que logra claridad, cuando claridad significa tranquila posesión espiritual, “dominio suficiente de nuestra conciencia sobre las imágenes, un no padecer inquietud ante la amenaza de que el objeto apresado nos huya.” Esta claridad piensa Ortega que precisamente nos es dada por el concepto, y que suele faltar en el arte, en la ciencia, en la política española. ¿Se confunde Ortega? ¿Podría ser esta perspectiva un buen referente para la autocrítica todavía en la actualidad?

Pienso que los resultados de las elecciones del 20 de noviembre en España, y que ahora mismo no conozco, todavía pueden encontrar en la meditación de Ortega un punto de orientación a la ahora de tomar un rumbo con esfuerzos básicamente coordinados. También en el concepto se encuentra un núcleo dinámico de nuestra civilización.

Pero España no podrá comprenderse ya herméticamente, y Europa es un referente imprescindible para el análisis previo a la toma de decisiones inteligentes, convenientes o adecuadas. Igualmente Europa deberá asumir las responsabilidades que le correspondan en este momento crítico sin fáciles calificaciones o descalificaciones de algunos de sus miembros.

También se impondrá finalmente una visión global de las cosas, y es aquí donde el concepto se manifiesta como el luminoso foco en el mundo humano.

La espiral de colapso de la confianza a la que la directora-gerente del FMI, Christine Lagarde, se refirió para subrayar el alcance internacional de la crisis actual (15-11-11) en la eurozona encontraría, según ella, su explicación en que la desconfianza tiende a contagiarse y a acumularse. Pero esto más que una explicación es una descripción superficial aunque certera.

El tema de la credibilidad y de las creencias emerge en la actualidad ligado a la confianza cuando se habla de algo tan positivo como la economía o tan cotidiano como la política. Es una cuestión compleja que deberemos detenernos a analizar

¿Qué pasa en Europa?

Una dinámica insaciable nos envuelve encontrándose la política muy por detrás del movimiento de los mercados cuando cada día la partida destinada a abonar los intereses de la deuda va incrementándose en perjuicio de los demás capítulos presupuestarios. Estoy ahora escribiendo a mediados de noviembre del 2011 en España.

¿Una sociedad atrapada?

Acompasados por el miedo, se advierte que retornan ahora los nacionalismos más crudos y que una causa decisiva de la crisis actual podría haber sido la pobreza de la perspectiva conceptual que ha caracterizado la construcción europea en la segunda mitad del siglo XX. Y aunque se produjeron logros en el proceso, como la supresión de las fronteras o la aceptación de una moneda común, habría faltado la perspicacia necesaria para presentar un proyecto ilusionante. Si desde una óptica económica efectivamente Europa consiguió prosperidad, tras la II Guerra Mundial, culturalmente continuó siendo una potencia derrotada que no acertó a recuperar su pasada hegemonía. Ahora, con la llamada "crisis universal", algunos han entendido ya que el único camino posible por parte de Europa es desplazar la centralidad del omnipresente mercado para devolver el eje de gravedad a la democracia. En esta operación, fundamentalmente cultural, Europa todavía podría ser fuerte. De otro modo, la disolución definitiva de un reconocible proyecto europeo podría dejar vía libre a opciones totalitarias para conducir directamente a la barbarie. Como patria histórica de la democracia, su vitalidad depende de su predisposición a retomar la universalidad del concepto admitido como la aguja que marque el rumbo adecuado.

Concepto y libertad son indisociables porque las ideas las tenemos sin que nos dominen. Pero hay un sometimiento que procede hoy de la especulación financiera cuando busca imponer sus intereses como creencias disfrazadas de ideas. La creencia puede no ser perniciosa si se la reconoce como creencia, pero llega a ser algo siniestro si se la disfraza de idea para imponerse luego como lo indiscutible objetivamente. Concepto e idea son nociones muy próximas de las que aquí podemos servirnos indistintamente.

La canciller alemana, Angela Merkel, señaló (14-11-11) la meta que deben alcanzar los líderes europeos para poner fin a la crisis de la deuda que habría llevado al continente a su hora más difícil desde la II Guerra Mundial. Merkel entiende que Europa debe renovarse y orientarse hacia una mayor integración política. “El desafío de nuestra generación es terminar lo que empezamos en Europa: completar la unión económica y monetaria y crear, paso a paso una unión política”.

En la periferia de la unión europea, veintidós años después de la caída del muro de Berlín, la Europa del Este afronta otra conmoción (16-11-11) cuando el euro es el referente de la región y la moneda que todos querrían adoptar. Pero el euro sufre hoy con la crisis de la deuda. En el debate sobre el futuro de la eurozona, los países del anterior Telón de Acero aspiran a ser oídos. La distinción entre Europa y eurozona no debería cristalizar como clases sustantivamente diferentes, y la política pienso que debería aproximar su coincidencia, aunque nadie urja a ello ahora mismo.

Piensa Pedro de Silva, expresidente del Principado de Asturias, que el problema de fondo (16-11-11) es que la lógica de la economía global está hoy dictada por países sin Estado de bienestar, que marcan las reglas. La gran cuestión, indica, sería como librarse de ellos. Lo que yo propondría, sin embargo, es liderarlos impulsándolos con el dinamismo del concepto, a la claridad, a la universalidad. Esta puede ser hoy la misión de Europa en un mundo globalizado según una perspectiva del Prodomorfismo. No diseñemos tampoco una Europa resignada. Podemos aprender de los errores, pero también la esperanza en superarlos puede impulsarnos a elevar nuestra visión.

Es un buen momento para recuperar la aportación humanista e ilustrada, genuinamente europeas, orientadas mediante la razón hacia la libertad individual y a la democracia colectiva. La identidad de España tiene también en este rumbo su horizonte más luminoso. Pero esta recuperación de la aportación humanista e ilustrada ha de consistir también en su recreación o revitalización . No se trata de convertir Europa en un parque temático. El diálogo de civilizaciones o comunicación entre civilizaciones puede encontrar todavía en esta perspectiva un fecundo sentido.

¿Qué ha pasado en el mundo?

“Dejo sin borrar en mi cuaderno de notas una elemental clasificación de las formas del dinero al diferenciar “dinero sincrónico”, que es el que se percibe principalmente en moneda contante, y “dinero anacrónico”, que se representa de forma sólo contable. Las relaciones con el tiempo de esta segunda clasificación superan actualmente las de la física clásica con su complejidad y riesgos.”

Se ha recordado que en 1979, Margaret Thatcher fue elegida primera ministra de Reino Unido. Que en 1981, Ronald Reagan fue elegido presidente de EEUU. Y se advierte que ahora estamos en el oscuro centro de la tormenta que trajo aquel giro con el que se impulsó la economía financiera globalizada. Pero habrían acompañado tres fenómenos económicos de capital importancia. Uno, la aparición de un mercado financiero autónomo que se distancia de la economía real y que también se internacionaliza. Otro, determinado por la liberación de las tecnologías de la información. En tercer lugar, ocurrió que como el mercado financiero consiguió desatarse de sus anteriores regulaciones, pudo crear dinero artificiosamente para moverlo a la velocidad de la luz por todo el mundo mediante los cauces que le proporcionaban la informática y la telemática, también desrregularizadas. Sería un ejemplo de lo que he denominado “dinero anacrónico ”.

Esta creación de dinero a la que antes hice referencia, tomó la forma de deuda, y sucediendo que en cada transmisión había una ganancia para cada entidad o banco de turno por lo que se perdió el sentido de cualquier límite que pretendiera la razón.

Sucedió que en el último cuarto del siglo XX, se propuso un crédito fácil y sin fronteras, que sedujo letalmente a los Estados occidentales al tener necesidades de financiación. Así la deuda pública pasó de representar el 55% del PIB al 100%. También hubo un frenazo a los impuestos, aunque el descenso de los impuestos sobre los ingresos han sido mayores en las rentas del capital que en las del trabajo. Por añadidura, los deficits se dispararon ante la necesidad de ayudar al sistema financiero que precisamente había creado la crisis.

Y si hubiese sucedido que lo que mutó fue la naturaleza del dinero al modificarse cualitativamente su forma por las circunstancias anteriormente resumidas. ¿No estaríamos fuera de juego al pretender entenderlo como se hacía antes? Entonces, sí que a río revuelto ganancia de pescadores...Alguno, diría “pecadores”. Porque se comentó también que este es el proceso histórico en el que con mayor claridad se hizo patente la codicia humana con su capacidad depredadora.

Dejo sin borrar en mi cuaderno de notas una elemental clasificación de las formas del dinero al diferenciar “dinero sincrónico”, que es el que se percibe principalmente en moneda contante, y “dinero anacrónico”, que se representa de forma sólo contable. Las relaciones con el tiempo de esta segunda clasificación superan actualmente las de la física clásica con su complejidad y riesgos.

Saber comportarse


Para Ortega, toda labor de cultura es un esclarecimiento conseguido por la interpretación de la vida. El hombre tendría una misión de claridad sobre la tierra porque la claridad es la plenitud de la vida, escribe Ortega después de citar a Goethe cuando canta: “Yo me declaro del linaje de esos que de lo oscuro hacia lo claro aspiran.” Las referencias que Ortega hace luego al misterio para considerarlo “la lujuria de la oscuridad” se comprenden. Pero esta es otra cuestión en la que me extenderé después para desarrollar un eje de este artículo.

Recuerdo que el Dinamorfismo Filosófico tiene establecido que los conceptos no solo han de ser claros sino que han de aportar claridad. Los conceptos han de ser claros y clarificadores. Aunque la claridad es preciso buscarla y producirla. Los conceptos claros requieren formar igualmente una construcción adecuada para que esa claridad se forme e ilumine convenientemente. El razonamiento forma parte de esta dinámica y la lógica también interviene en el método. El lenguaje mismo tendrá que discurrir por un cauce que respete alguna lógica para hacer posible nuestra navegación sin que la oscuridad del naufragio señale el final de nuestra ruta.

El relámpago más que iluminar parece que enciende las cosas, y no aporta seguridad al que camina. El concepto válido aporta luz, pero además ha de servir de referente para orientar en el espacio y el tiempo como hace también el sol en nuestro planeta con sus posiciones. La claridad implica tanto la complejidad como el matiz. Consideramos verdadero concepto el que adquiere todos los compromisos anteriores con la claridad. La complejidad será una consecuencia inmediata, el matiz un requisito, y la intuición tendrá aquí la atmósfera adecuada como también la vida y el arte.

La claridad del concepto se une también al sentido y no solo al significado, pero para esto es también imprescindible que el pensamiento sea un pensamiento propio. Un pensamiento del que piensa. El pensamiento no puede imponerse para que sea pensamiento, y ni siquiera se lo puede imponer uno a sí mismo. Pensamiento y libertad son indisociables. Y esto es así hasta tal punto que no podríamos existir sin pensar. El “pienso luego existo” podría mudar en “existo luego pienso”. Es la vida misma con su complejidad la que demandará transformar lo racional en lo razonable para cumplir con el objetivo social de la comunicación. La idea reclama su expresión libre, y la comunicación precisa que también se escuche al interlocutor. Ambas cosas reclaman una moral. Saber comportarse.

Emilio Lledó, académico y autor de Memorias de la ética, entiende que no es tolerable que el imperio de la indecencia domine en la política. Añade que en la República de Platón y en la Política de Aristóteles se dice que la salvación de los Estados, de los pueblos y de las naciones se da a través de la decencia y de la cultura. Que la consecuencia más grave de que se lesione la política es la de ir alimentando poco a poco el imperio de una dictadura económica. Añade que hay formas de dictadura que sin disparar tiros dominan también cuando quieren una política determinada donde nadie pueda hacer política. Es lo que he denominado Sociedad atrapada”.

Sobre el “saber comportarse”, señala Emilio Lledó que buscar que el corrupto mande para agarrarnos a su chaqueta sería una catástrofe.

El misterio y el dinero

“Se sabe que los banqueros tenían más facilidad de conocer los activos líquidos que la mayoría de los que trabajaban en otros sectores. Que se quedaban con una proporción enorme de los beneficios, superando en su proporción a otros sectores. Que estos beneficios se calculaban sobre el papel, de año en año, y teniendo muy poco en cuenta los riesgos a largo plazo. Y que cuando llegó la crisis se fueron tan tranquilos con los bolsillos llenos. Pero esos banqueros siguieron luego adelante en bancos rescatados con el dinero de los contribuyentes. ¿Qué pueden hacer o qué se puede hacer con un grupo histórico de personas que se enriquecieron muy deprisa a expensas de otros?”

Volviendo al tema del misterio que dejamos atrás, añadiré la observación de que hay entidades que se presentan como misterios para nuestro conocimiento, y también admitimos que podemos tener creencias sobre algunas entidades. Lo que sucede entre el misterio y las creencias es que se pueden relacionar de un modo muy diverso. Efectivamente, podemos creer también en algún misterio. Así el hombre admite una realidad de la que no puede tener constancia absolutamente, pero con la que decide contar como si la tuviese. Admitamos que tenemos la posibilidad de creer, y de considerar algunas cosas como un misterio. También podemos creer en un misterio. No veo inicialmente en esto una desventaja, si las cosas se plantean bien. Es decir, con verdad.

Nos convendría ahora alguna ubicación histórica del tema en España para explicar el sentido de nuestra posición, y también para comprender el pensamiento de Ortega.

En España, durante todo el siglo XIX no se ha interrumpido un proceso de desintegración de las creencias iniciado con la Ilustración. Una especie de escepticismo básico ya se advirtió en las minorías del ochocientos. Escribe Azorín en 1894 que es mal del siglo, y que así como en los pasados fue la credulidad cerrada, la confianza excesiva es un ideal, muerto para “nosotros que no creemos en nada o creemos solo por fuerza, que es peor”.

En estas circunstancias, crece la radical rebeldía de los noventayochistas para predisponerse contra la aceptación de cualquier credo, aunque fuese el tradicionalmente aceptado en su medio como el de Nicea. El clima es recogido por Menéndez y Pelayo al escribir en 1882 que ”Dentro de poco, si Dios no lo remedia, veremos, bajo una monarquía católica, negado en las leyes el dogma”. Advierto por mi parte aquí, en Menéndez Pelayo, una tensa unilateralidad con un horizonte histórico que puede oscurecerse por falta de perspectiva.

Se consideró cierto que los portavoces del espíritu noventayochista en España acabaron por separarse de la pasiva creencia infantil y hasta de una práctica católica regular, aunque no de una honda preocupación trascendente. Miguel de Unamuno, con su cristianismo agónico, es ejemplo de un deismo matizado por cierto catolicismo ancestral.

En este universo sin dogmas, el espíritu del noventayocho se llegó a percibir anclando en la egolatría. Escribió Unamuno que los que en 1898 habíamos saltado, “renegando contra la España constituida y poniendo al desnudo las lacerías de la patria, éramos quien más quien menos, unos ególatras”. Baroja dirá que la más firme creencia de los noventayochista fue la fe en sí mismos.

Habría sido esta confianza en el yo, al extenderse al gran tema del 98 -España- el que cristalizó en lo que Maeztu llamaba el “orgullo nacional” que por una larga cadena de desilusiones desembocaría en el ansia de regeneración.

No deberíamos dejarnos llevar por una comprensión plana de la noción de creencia obsesionados por alguno de sus sentidos porque entiendo que estamos ante una voz llena de significados no unívocos.

Pienso que la creencia tiene una dimensión positiva contra el fanatismo cuando se sabe que se tiene tal creencia como creencia. De algún modo, el dogma codificado para la fe desarrolla una dinámica interna contra el fanático al proponer sus objetos para el conocimiento como una aceptación sin evidencia, pero definida sobre lo que se cree. La razón se verá por lo mismo obligada a desarrollar un potente ejercicio. Pero los credos han de integrarse en el espacio público con la diversidad y la diferencia. Las Constituciones en la política son las encargadas de garantizar el “saber comportarse” propuesto también por el “Dinamorfismo Filosófico” como máxima moral.

A propósito de la fe en uno mismo, se han formulado críticas al calificar de yoista, egolatra o egoísta al que la tiene. Y es cierto que este centrarse en uno mismo puede conducirnos a un ensimismamiento clausurado, cerrado o encerrado. Sin embargo, está la experiencia histórica del yo que hace brotar al conocimiento fuera de sí mismo. Recordemos el “yo soy yo y mis circunstancias” de Ortega. Y es que el núcleo del yo puede oscurecernos su clave para enclaustrarnos hasta conducirnos a la locura, pero también puede abrirse a una comunicación profunda como la que se expresa por ejemplo en el arte. ¿Llegó a comprender ésto Freud?

El supremo universalismo podría encontrase en el “yo” como una voz que nos concede en la profundidad última la máxima apertura. También el supremo universalismo pudo ser considerado históricamente como divinidad. En el límite, las cosas no se simplifican.

La creencia en uno mismo es una intuición compleja y dinámica que puede conducirnos por caminos muy diversos que no merecen una reducción elemental. No pienso que fuese el presidente norteamericano, Obama, elemental cuando confesó que ellos tenían también fe en sí mismos. Es una actitud que aplaudo, si además también escuchan, como supongo hacen.

Por mi parte, pienso también que la creencia, la posibilidad de creer, ha de verse como un matiz enriquecedor del conocimiento humano que debe ser convenientemente admitido y no amputado. Con esta flexibilidad razonable podemos explorar posibilidades con diversos grados para enriquecer nuestra condición humana. La admisión de la creencia como una posibilidad reconocida como tal nos libraría precisamente del fanatismo y del energumenismo. Nos aproxima a la libertad y a la idea.

Es cierto que también se vio en la creencia una capacidad de someter al que cree, pero pienso que este sometimiento no se debe al carácter mismo de la creencia sino a la forma que tiene el creyente de asumirla, de trasmitirla o de administrarla. Incluso una creencia determinada puede imponerla alguien que no la tenga. “Creed en lo que ellos dicen, no en lo que ellos hacen”. Pero esto ya es un vicio no del conocimiento sino del que carece de criterio conveniente. En la creencia se puede fundar todo tipo de engaño o sometimiento para el que no dispone de un criterio apropiado.

Lo que sucede es que la peculiar relación del misterio con la creencia ocupa una centralidad especialmente significativa por su dinamismo en la existencia humana al enfocar la atención, porque hasta puede enlazarse o confundirse con la experiencia de la divinidad.

Sucede, sin embargo, que con estos valores se pueden construir también divinidades falsas que falsifiquen también al hombre al convertirlo en objeto de dominio por manipuladores intereses. Encontramos entonces al hombre como “ser acorralado”, en realidad, como objeto.

¿No fue esta la baza que jugaron las agencias de calificación en la política y economía actuales?

¿No juegan con esta baza los bancos sin ética al mover el dinero?

Detengámonos a pensar el momento actual de crisis mediante el análisis.

Se ha visto que la conducta de los muy ricos, guiada por la obsesión de conseguir los beneficios máximos, desempeña el papel principal en la disgregación del sistema social. Rechazan así la posibilidad de toda intervención del Estado o de los asalariados en el funcionamiento de la economía. Esta creencia, al imponerse falazmente como idea, es una querencia de intereses privados que se enmascaran dejando a la “sociedad atrapada”.

Agencias de calificación y terrorismo incruento

“Así se llega al hombre acorralado como objeto en una sociedad atrapada. A la sociedad atrapada en la que ahora vivimos se llegó por una clase de terrorismo incruento cuyo ritmo fue marcado con disparos de ratón y la máscara de una pantalla.”

Es característico del momento actual que los Gobiernos, mediante intervenciones masivas, permitieron la recuperación de los beneficios de los bancos. Sin embargo, el elevado paro que se generó no sigue la misma suerte.

Se admitía un acuerdo social no escrito como un contrato que formulaba la provisión de protecciones sociales y económicas básicas, incluyendo oportunidades razonables de empleo, cierto grado de seguridad por el hecho de ser ciudadano, la conveniencia de repartir las ganancias cuando la economía crece, y que los ricos se solidarizarían con las penurias sociales en las recesiones. Pero se habla ahora de que las políticas que han multiplicado el paro y empobrecido a las clases medias fueron generadas por pequeños grupos de personas influyentes que muchas veces quieren dar ahora también lecciones para consumar su enmascaramiento dando por supuesto que se sigue teniendo fe en su condición científica.

Se sabe que los banqueros tenían más facilidad de conocer los activos líquidos que la mayoría de los que trabajaban en otros sectores. Que se quedaban con una proporción enorme de los beneficios, superando en su proporción a otros sectores. Que estos beneficios se calculaban sobre el papel, de año en año, y teniendo muy poco en cuenta los riesgos a largo plazo. Y que cuando llegó la crisis se fueron tan tranquilos con los bolsillos llenos. Pero esos banqueros siguieron luego adelante en bancos rescatados con el dinero de los contribuyentes. ¿Qué pueden hacer o qué se puede hacer con un grupo histórico de personas que se enriquecieron muy deprisa a expensas de otros?

La farsa se consuma al tratar de echar la culpa a los ciudadanos para eludir reflexiones muy necesarias sobre sus errores o estrategias que también pueden clasificarse como terrorismo incruento provocado muchas veces con golpes de ratón.

En la mañana de hoy (18-11-11) escucho en los informativos de TV que el movimiento de los indignados sigue en el mundo con sus encendidas reivindicaciones. ¿Puede decir alguien que no tengan razón?

Por mi parte, sigo viendo la sociedad humana como una forma de tregua permanente. También constructiva. Se trata de la actitud que procede en el momento actual de la humanidad. En este periodo pienso que es tan imprescindible el consenso renovado como la crítica actualizada para que la dinámica social no se estrangule o estalle.

Ya se ha visto que las agencias de calificación se han convertido en un foco de inestabilidad y contribuyen al deterioro del sistema cuando emiten opiniones en cuatro ámbitos: países y otras instancias nacionales y supranacionales, empresas no financieras, entidades financieras y productos financieros. Pero las agencias bombardean constantemente los mercados con anuncios de rebaja de calificación, muchas veces causados por sus propios cambios de criterio o sus intereses desmedidos y privados. Cuando se trata de calificaciones de países, se abrió la sospecha de que las agencias agudizan los problemas que denuncian por lo que se discute si añaden valor o han devenido en parte del problema. Respecto a la independencia, se duda que las calificaciones realmente se estén emitiendo con igual libertad independientemente del país afectado. Aunque presumen de la mayor autonomía a la hora de difundir con total irresponsabilidad sus opiniones cuando y como les viene en gana, sin consideración alguna sobre sus efectos y en aparente carrera con sus competidores para pronosticar la inminencia de un deceso. ¿Estamos ante la pérdida del sentido común? ¿No es esto un nuevo asalto a la razón? Yo lo llamo terrorismo incruento.

Con las agencias de calificación, no estaríamos ya en el terreno de la ciencia sino en el de las creencias convertidas por la forma de su gestión en instrumentos de poder.

Así se llega al hombre acorralado como objeto en una sociedad atrapada. A la sociedad atrapada en la que ahora vivimos se llegó por una clase de terrorismo incruento cuyo ritmo fue marcado con disparos de ratón y la máscara de una pantalla.

Con una nueva normativa europea se pretende armonizar las legislaciones de los Estados miembros para asegurar que los errores o los conflictos de intereses en que caigan las agencias de calificación podrán ser castigados. La iniciativa es un nuevo capítulo del pulso que la Comisión y las agencias mantienen desde hace dos años, cuando empezó la crisis de la deuda soberana y se señaló a las agencias como las culpables por su excesivo poder y la incapacidad para detectar los fallos. Las instituciones europeas son, sin embargo, también responsables de ese poder ya que durante años exigieron a las entidades financieras acreditar las máximas calificaciones de las agencias.

El FMI consideró en su informe sobre la estabilidad financiera mundial de 2011 que las agencias usan y abusan del poder que tienen, y que necesitan una supervisión más estricta porque sus actividades tienen una importancia muy significativa en los costes de endeudamiento de los países, pudiendo afectar a su estabilidad financiera.

En España, la Unión por las Libertades Civiles y el Observatorio de los Derechos Económicos y Sociales acusaron en febrero ante la Audiencia Nacional a tres agencias por sus rebajas en la calificación de deuda española. Los abogados que presentaron la querella criminal, por uso de información privilegiada para alterar los precios del mercado, opinan que se produjo un conflicto de intereses en beneficio de los clientes de las agencias y en detrimento del erario público.

Un error de concepto

Quisiera concluir este trabajo señalando que no deben suponerse informaciones neutras porque no se dan. En la Estética Dinamorfista ya se aclaró que la percepción del objeto podría suponer la modificación del objeto percibido. Es una experiencia que se comprobó en campos como la física o en ámbitos como el de la pedagogía, entre otros. La información también modifica el campo al que se refiere y dirige. Recuerdo que el Dinamorfismo Filosófico tiene establecido que cualquier forma es también forma formante, además de forma formada. En ningún momento se puede eludir la responsabilidad. Esto sería un error sobre el ser de las cosas.

Que las agencias de calificación se consideren irresponsables únicamente es admisible en una sociedad que haya sido seducida por la barbarie sin conceptos. Comparar a las agencias de calificación, en su papel o papelón, con un termómetro que marca la fiebre es algo que sólo se puede imponer desde la impunidad que da hablar por una pantalla de TV bien controlada.

Es lo que consideré terrorismo incruento y sociedad atrapada. (18 de noviembre del 2011)

Añadiré para terminar, antes de saber lo que ocurrirá en España el 20N, que en el mundo posdemocrático hay un nuevo sujeto que se configura trágicamente como suplantador del ciudadano. Me refiero al turista como vaca sagrada del nuevo mundo. El mercado encuentra aquí la encarnación de su divinidad: El dinero. El sinsentido puede ser el agujero negro donde todo lo posdemocrático quede olvidado.