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El exilio de Harar o 120 años sin Arthur Rimbaud

Por Manuel Ruiz Rico. Addis Abeba | 2011-01-29

Manuel Ruiz Rico

“Viajaremos, cazaremos en los desiertos, dormiremos en las calles empedradas de ciudades desconocidas, sin cuidados, sin sufrimientos”. Arthur Rimbaud, Una temporada en el infierno.


Amanece. Es martes y son las seis de la mañana. Una caravana abandona la ciudad de Harar, al este de la actual Etiopía, a unos cien kilómetros de la frontera con Somalia. La caravana parte con el cometido de transportar a un comerciante francés que ha caído enfermo de su pierna derecha y apenas puede moverse. Tras un viaje de doce horas llega a Zeilah. Desde ahí es embarcado hacia Adén, Yemen, donde es ingresado en un hospital y recibe un primer y fallido diagnóstico: sinovitis. Estamos en abril de 1891. El 10 de mayo este comerciante enfermo embarca hacia su país natal, Francia, a bordo del L'Amazone . A finales de este mes llega a Marsella y en junio le amputan la pierna. Atraviesa semanas de relativa calma hasta que la enfermedad vuelve a aparecer de nuevo. A finales de octubre sabe que todo está perdido, que nunca volverá a Harar, donde vivió diez años de aventuras y desolaciones tras su exilio de Europa y de las Letras. Muere en Marsella a las diez de la mañana del 10 de noviembre de hace 120 años. Tiene 37 años. Se llama Jean Arthur Rimbaud.

El wesen Seged Hotel

El Wesen Seged Hotel, donde estuvo la primera casa de Rimbaud en Harar, en la plaza de Faras Maghala

El nombre de Joyce lleva enseguida a Dublín; Baudelaire, a París; Zweig, a Viena; Galdós, a Madrid; Pessoa, a Lisboa… por razones muy diferentes la ciudad etíope de Harar está ligada a Rimbaud, quien mantuvo con ella una turbia relación de amor y odio. Desde Harar, el 15 de febrero de 1881, apenas diez semanas después de su llegada, escribió Rimbaud a su familia: “No espero quedarme mucho tiempo, pronto sabré cuándo me voy. No he encontrado lo que esperaba; vivo en condiciones espantosas y no gano dinero”.

El poeta había llegado hasta Harar para emplearse en el almacén del comerciante francés Alfred Bardey. Pero Rimbaud, vidente en sus versos, no lo fue tanto para su propia vida y entre 1880 y 1891 habría de vivir en la ciudad etíope más de cinco años a lo largo de tres etapas. Durante ese tiempo hay más sombras que luces, más misterios que certezas sobre la vida de uno de los escritores que más ha influido en la poesía de nuestro tiempo.

Todo lo que se conoce proviene de la cartas que enviaba a su familia o de las memorias y misivas de quienes trabajaron o convivieron con él. Pero, aún así, la información es superficial. ¿Por qué abandonó Europa? ¿Cómo era su vida en Harar? ¿Qué negocios cultivó? ¿Dónde vivía? ¿Escribió poesía? O, sencillamente: ¿Escribió? No todas estas preguntas logran tener respuesta. En realidad, no se puede más que imaginar para rellenar los huecos. Una cosa parece estar clara y el diagnóstico lo dejó escrito él mismo en una carta fechada el 10 de septiembre de 1884: “Es más que probable que yo jamás encuentre la paz de espíritu. Que ni viviré ni moriré en paz”.

Autorretrato de Rimbaud

Fotografía autorretrato de Rimbaud, expuesta en la Casa de Rimbaud de Harar.

 

Pero la huella de Rimbaud está viva en Harar. El visitante puede acudir a la supuesta casa del poeta, conocida en el lugar como la bet Rimbaud (bet significa casa en amárico). Se trata de una gran construcción de madera en pleno casco histórico de la urbe etíope. Abdu Naser, uno de los guías encargados de mostrarla, admite que ésta no es ninguna de casas en las que realmente vivió el autor de El barco ebrio . Entre otras cosas, relata Naser, “en esta casa el padre Jarousseau enseñó francés a un pequeño Ras Tafari, hijo del gobernador Ras Makonnen y sobrino del emperador Menelik II”. Ras Tafari habría de ser gobernador de la ciudad y más tarde se convertiría en el emperador de Etiopía Haile Selassie.

Harar es una de las ciudades más bellas de Etiopía. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2004, los orígenes de este enclave de unos 90.000 habitantes datan del siglo XII, cuando fue fundada por los árabes al otro lado del mar Rojo para expandir sus redes comerciales. Harar es la cuarta capital del islam tras La Meca, Medina y Jerusalén. Aún era una ciudad egipcia cuando Rimbaud se instaló en ella. Fue el emperador Menelik II quien la incorporó a Etiopía en 1887. En su faceta de comerciante, Rimbaud llegó a venderle a Menelik II 2.040 rifles Remington y 60.000 cartuchos en su base en las colinas del monte Entoto, el germen de la actual Addis Abeba.

Casco histórico Harar

Puerta principal al casco histórico de Harar.

 

Bardey fue uno de los primeros europeos en llegar a Harar (el primero fue sir Richard Francis Burton, quien se introdujo en la ciudad en 1854). Bardey abrió su almacén en Harar en agosto de 1880 y un mes después llegó Rimbaud y comenzó a trabajar para él (hasta diciembre de 1881). Fue la primera etapa del poeta francés en la ciudad. Más tarde viviría en Harar en dos etapas más, una entre 1883 y 1885 y la última, ya sin Bardey en la ciudad, Rimbaud se instaló por cuenta propia en un emplazamiento distinto a los dos anteriores. Ninguna de esas casas existe hoy como tales viviendas. La única similitud es el edificio del Wesen Seged Hotel en la céntrica plaza de Faras Maghala (mercado de caballos, en amárico), que, según la escasa documentación existente, se habría levantado en el mismo emplazamiento que ocupaba la primera casa del poeta en Harar. Pero ni siquiera esto puede afirmarse a ciencia cierta.

Rimbaud no sólo fue comerciante, también se dedicó a la fotografía (algunas de ellas expuestas en la bet Rimbaud ) y realizó expediciones por zonas ignotas para el hombre europeo hasta ese momento. Por este motivo, se ganó el prestigio de legendario viajero y explorador entre los europeos que residían en la zona en aquellos años, sobre todo griegos y armenios. No en vano, conocía perfectamente el Corán, hablaba las lenguas del lugar (entre ellas árabe y amárico) y hasta llegó a publicar, a través de Bardey, dos escritos de sendas expediciones que encabezó en la revista de la Sociedad de Geografía francesa. Fue lo único que escribió en sus años africanos. Nada de poesía.

En Europa, ya enfermo y postrado por la enfermedad, recordaría con nostalgia los años de Harar. Con su muerte, el misterio se hizo mito. Llevado por estas sombras, Evelyn Waugh viajó hasta Harar en los años 30 del pasado siglo, mientras ejercía en Etiopía de corresponsal de un periódico británico. Así fue como entrevistó al padre Jarousseau. El sacerdote católico había llegado a la ciudad dos años después que Rimbaud y se relacionó con frecuencia con el poeta, sin embargo no aclaró mucho las cosas: “Era un joven muy, muy serio”, contó a Waugh.

Pero quizás el juicio más fiel pertenezca a Jules Borelli, uno de los comerciantes que compartió con Rimbaud la aventura africana y quien conoció en primera persona los vaivenes y desasosiegos de su alma: “No se merece ni todo lo bueno ni todo lo malo que se ha dicho de él”.




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