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Mijaíl Alexándrovich Bakunin y el anarquismo

Por Jesús Sordo Medina | 2011-11-29

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Por Jesús Sordo Medina

El pensamiento anarquista del aristócrata ruso del siglo XIX, Mijaíl Alexándrovich Bakunin, fue una verdadera filosofía de la naturaleza y del hombre, que él mismo se encargó de difundir por toda Europa. Contrariamente a lo que se puede pensar, el orden fundamental en el pensamiento Bakuniano, no es tan caótico como algunos creen, sino que deriva de las leyes del universo: “La anarquía es la tendencia natural del universo, la federación es el orden de los átomos” (Bakunin)


Mijaíl Alexándrovich Bakunin (1814-1876) nació el 30 de mayo de 1814 en la ciudad de Priamujino, hoy perteneciente al Oblast de Tver, en el seno de una familia aristocrática. Tras acabar sus estudios primarios ingreso en la academia militar de San Petersburgo de la que salió como oficial de la Guardia Imperial Rusa. Sin embargo, a los 21 años, en 1835, renunció a su puesto para emprender estudios de filosofía ya como civil. Ya en 1840, acabados sus estudios, inició una serie de viajes por Europa que duraron varios años con la motivación principal de conocer mejor la obra de los pensadores Ludwig Feuerbach y el pensador socialista francés Charles Fourier. Durante estos años también conoció al teórico del anarquismo Pierre Joseph Proudhon (1809-1865), al cual se considera fundador de los fundamentos de este movimiento y también de ejercer una gran influencia sobre otros pensadores de izquierda como Marx y Engels planteando durante su vida una importante defensa de las clases más bajas y el reparto equitativo de la riqueza.

Mijaíl Alexándrovich Bakunin

Mijaíl Alexándrovich Bakunin, uno de los fundadores del Anarquismo

Durante estos años en el extranjero, Bakunin, comenzó su activismo al lado de otros pensadores sociales como Marx y Engels de los que finalmente se separó. Tomó parte en las revoluciones que se dieron por toda Europa en 1848, especialmente en París y Alemania. Fue detenido en Dresde un año después y se le condenó a muerte, aunque la pena fue conmutada y devuelto a Rusia donde se le encarceló durante varios años hasta que en 1855 fue deportado a Siberia. Desde allí escapó en un barco japonés con destino a Estados Unidos para luego trasladarse a Inglaterra donde, desde 1861, se dedicó de pleno a difundir el pensamiento anarquista.

Aunque Bakunin no fue el fundador del pensamiento anarquista si fue su gran difusor a nivel internacional fundando y liderando en 1869 la organización Alianza de la Democracia Socialista, la cual se opuso a la otra gran internacional de izquierda liderada por Karl Marx. Esta separación se produjo durante el transcurso de la I Internacional a la que ambos todavía pertenecían representando a distintas facciones del pensamiento de izquierdas. Enfrentarse a Marx le supuso la expulsión del organismo en 1872 dando inicio a dos movimientos con ciertas similitudes pero que evolucionaron de forma distinta.

El anarquismo y marxismo de entonces, pese a tener un frente común en el capitalismo y el catolicismo, mantenían diferencias de fondo que se han mostrado irreconciliables en la evolución de ambas doctrinas. El centralismo estatal de los marxistas y la acumulación del poder en pocas manos (los líderes del partido) y que llevaron a rígidos experimentos tan negativos como el modelo de estado estalinista, supuso la crítica más importante que Bakunin realizó al marxismo, al que consideró un movimiento propio de una minoría dominante y contraria al ideario anarquista donde se rechazada cualquier tipo de autoridad de unos pocos sobre muchos.

Fue expulsado de Inglaterra y se desplazó a Suiza, donde vivió sus últimos años en condiciones de pobreza pero desde donde seguía manteniendo correspondencia con otros líderes anarquistas que le consideraban una fuente de inspiración. Escribió varios escritos entre los que destacan “Dios y el Estado” y “El Estado y la anarquía”. Finalmente, en 1876, falleció en Berna a los 62 años.

Desde entonces, su obra y pensamiento evolucionó obteniendo un moderado éxito en el último cuarto del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. También hay que decir que el anarquismo de Bakunin ha seguido ejerciendo una importante influencia sobre todo en el movimiento de izquierdas popular y no tanto en los círculos intelectuales, con algunas excepciones como León Tolstoi. Las personas y organizaciones más proclives a seguir el anarquismo han sido las que rechazan el Estado como regulador de la vida humana. En este sentido, lo que Bakunin desarrolló fue más una filosofía de la naturaleza humana que filosófica y que tenía varias importantes motivaciones (1):

Primera: antiteísmo absoluto. “Ni siquiera hay que demostrar que Dios no existe o que no es más que un reflejo : hay que sublevarse, pues el hombre no puede reconocer ninguna subordinación de su ser. Si Dios existiera realmente habría que hacerle desaparecer (Bakunin) .” De aquí parte el anticlericarismo anarquista.

Segunda: “[...] Rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiada, patentada, oficial y legal, aun salida del sufragio universal, convencidos de que no podría nunca sino volverse en provecho de una minoría dominante y explotadora contra los intereses de la inmensa mayoría sojuzgada” (Bakunin, Dios y el Estado) ”. De lo que si infiere la histórica resistencia del anarquismo a someterse a cualquier tipo de autoridad.

Tercera y la justificación de la violencia: “ Así se explica el papel conferido por el anarquismo a la violencia en la acción de masas. Algunos anarquistas deificarán la violencia, de la que harán un absoluto. Nada de esto existe en los grandes doctrinarios anarquistas. Si no descartan la violencia es por dos razones. Primero, porque es una de las manifestaciones de esa libertad de la naturaleza y de la vida (“El anarquismo es un radicalismo vitalista”, ha dicho acertadamente P. L. Landsberg). En segundo lugar, porque la violencia es el modo de acción de las masas, al menos en tanto que intenten hacer una revolución política antes de hacer la revolución social. ¿Por qué? Porque la revolución exclusivamente política es, o llega a ser, necesariamente burguesa, en beneficio de privilegiados (aunque sean ex proletarios): y en ese caso las masas reaccionan según su ruda naturaleza, con violencia.

Esta posición llevó a los anarquistas, ya desde sus inicios, a criticar el comunismo marxista y colectivista, lo que les llevó a autoproclamarse comunistas libertarios en tiempos de la I Internacional. Tampoco asumieron la democracia por convertirse, al fin de al cabo, en un sistema donde el poder, pese a ser elegido por el pueblo, queda finalmente en manos de unos pocos, los representantes políticos.

La interpretación y puesta en práctica del anarquismo ha sido diversa. Desde los que consideran que es el horizonte último de la democracia donde los individuos no necesitan ser apadrinados por ninguna autoridad ya que poseen una ética y moral auto-suficientes para regular la vida en comunidad, a los que lo asocian con el desorden y la revolución social beligerante. Hay que decir que en la aplicación práctica del anarquismo de Bakunin ha habido de todo, dependiendo de cómo se ha interpretado. Bakunin, al igual que Marx, justificaban el uso de la violencia para alcanzar sus fines y en los últimos 150 años se han dado multitud de levantamientos revolucionarios de carácter violento. También es cierto y justo reconocer que detrás movimientos pacíficos como el del 68 del siglo pasado, habían una clara motivación libertaria que rechazaba la dictadura soviética incluso en países tras el Telón de Acero como la antigua República Checa o anteriormente Hungría.

Al día de hoy, anarquismo y revolución sigue ligados aunque, especialmente en los países europeos, se rechaza el uso de la violencia en favor de la revolución cívica y cultural, manteniendo aún el rechazo a cualquier tipo de autoridad propia del anarquismo original.

 

Notas:

(1) Touchard, Jean. Historia de las ideas políticas . Traducción de J. Pradera. Madrid: Editorial Tecnos, 1981.