Lo más preciado: la lucha de la comunidad educativa en España
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Lo más preciado: la lucha de la comunidad educativa en España

Por Luis Alfonso Iglesias Huelga | 2011-11-01


Luis Alfonso Iglesias“Y procura, mi buen amigo, no arriesgar ni poner en peligro lo más preciado, pues mucho mayor riesgo se corre en la compra de enseñanzas que en la de alimentos. Porque quien compra comida o bebida al traficante o al comerciante puede transportar esto en otros recipientes y, depositándolo en casa, antes de proceder a beberlo o comerlo, puede llamar a un entendido para pedirle consejo sobre lo que es comestible o potable y lo que no, y en qué cantidad y cuándo. Pero las enseñanzas no se pueden transportar en otro recipiente, sino que, una vez pagado su precio, necesariamente, el que adquiere una enseñanza marcha ya, llevándola en su propia alma, dañado o beneficiado para toda la vida”. PLATÓN (Protágoras 314 a-b)



Se referían a ella como lo más preciado, advirtiendo de la necesidad de preservarla y no ponerla en peligro. A lo largo del tiempo, en algunas partes del mundo, consolidarla como derecho adquirido costó esfuerzos ingentes y vidas generosas y se alimentó la esperanza de poder constituirla en un derecho universal, inalienable y efectivo.

Unos cuantos siglos después, en España, la crisis económica está suponiendo todo tipo de recortes en los servicios públicos y, especialmente, en la educación. Algunos gobiernos autonómicos, ajenos al sentir de la mayoría de la ciudadanía, no tienen otra voluntad que superar el déficit reduciendo la protección social y los derechos que tanto nos ha costado conseguir y que representan el progreso social.

El objetivo de las políticas conservadoras es el deterioro progresivo del derecho fundamental a la educación que garantiza la enseñanza pública, lo que tendrá como consecuencia la merma en la igualdad de oportunidades y el avance de las desigualdades en educación, favoreciendo la reproducción de la estratificación social y laboral y, junto a ello, el deterioro de las condiciones para que el profesorado pueda realizar con éxito su tarea educativa.

“[..] hay motivos fundados para sospechar que de lo que se trata es de aprovechar la crisis para realizar una “reforma de la educación” en la que sólo se mantenga como gratuita una enseñanza destinada a formar peonaje, mientras la formación superior se reservará a quienes puedan costearse las elevadas tasas que habrán de exigir unas universidades que recibirán cada vez menos recursos públicos.”, Josep Fontana

Desde esa perspectiva, los gobiernos de algunas comunidades autónomas pretenden redoblar, con desproporcionados recortes en la educación pública, su política de siempre: el adelgazamiento del sistema público de enseñanza para incrementar la red de centros privados. Así lo han entendido los profesores y profesoras y las comunidades educativas de Madrid, Galicia, Navarra y Castilla la Mancha, que están protagonizado importantes movilizaciones de rechazo de esas medidas y en defensa de la Enseñanza pública, la única que garantiza una función integradora e igualitaria. Y los sindicatos de estudiantes y las asociaciones de madres y padres de alumnos, están participando masivamente en los diversos actos reivindicativos y en las diversas jornadas de huelga para evitar las diferencias en la oferta educativa que propone la praxis política del neoliberalismo, tan esgrimido en algunos territorios de nuestro país.

Como señalaba recientemente Josep Fontana, lo más grave es que estos recortes se nos presentan como una medida transitoria, como una consecuencia obligada de la crisis, superada la cual todo volverá a ser como antes, cuando en realidad hay motivos fundados para sospechar que de lo que se trata es de aprovechar la crisis para realizar una “reforma de la educación” en la que sólo se mantenga como gratuita una enseñanza destinada a formar peonaje, mientras la formación superior se reservará a quienes puedan costearse las elevadas tasas que habrán de exigir unas universidades que recibirán cada vez menos recursos públicos.

Algunos dirigentes del Partido Popular han sugerido de forma tan sibilina como alarmante que tal vez no sea necesario que “todo el mundo”, acceda a los estudios superiores y ya sabemos a quién se refieren con “todo el mundo.

La educación es una inversión, no un gasto. Las actitudes cicateras y los recortes en el servicio público educativo tanto en tiempos de crisis como de bonanza son el mayor error en el que puede incurrir una Administración. Pero en la actual situación de crisis, que según todos los indicios, se prolongará bastante más tiempo del previsto inicialmente, parece evidente que los recortes previstos hipotecarán el futuro de generaciones de jóvenes que ahora más que nunca están necesitados de formación y retrasarán la salida de la crisis.

Almeida Garret preguntaba a los economistas políticos y a los moralistas, si habían calculado el número de individuos que era necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico.

Algunos dirigentes del Partido Popular han sugerido de forma tan sibilina como alarmante que tal vez no sea necesario que “todo el mundo”, acceda a los estudios superiores y ya sabemos a quién se refieren con “todo el mundo”. Vino viejo en odres nuevos con la música de fondo que pone notas a la necesidad de adelgazar el Estado para actualizar la democracia. Nada extraño, porque en este mundo patas arriba la especie que lo habita se ha especializado en hacer imposible lo necesario y necesario lo imposible: alrededor de 80 millones de niños y niñas siguen sin escolarizar y unos 800 millones de personas adultas no saben leer ni escribir. Además se necesitan 11 millones de profesores adicionales para conseguir hacer realidad la educación de todos los niños y niñas. Y los gobiernos tienen la obligación de velar tanto por el Estado de bienestar como por el bienestar del Estado porque cada pérdida de derechos en nuestro ámbito compromete también la consecución de los Objetivos del Milenio y de la Educación Para Todos.

Almeida Garret preguntaba a los economistas políticos y a los moralistas, si habían calculado el número de individuos que era necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico. Lo peor no es la pregunta sino la aceptación de la respuesta, llegar a pensar que no todo el mundo tiene porque estudiar, comer o vivir felizmente. No es que sin educación no haya futuro: el futuro es la educación porque en el caso de las enseñanzas el recipiente es el contenido, lo más preciado, capaz de contener, en igual medida las certidumbres y las ilusiones. Porque sin un sistema educativo sólido no podremos educar para no ansiar más allá de lo necesario, como en la hermosa plegaria a la que Platón, por cerrar el círculo, se refería en el Fedro: “Concededme que llegue a ser bello por dentro, que lo que alcance a tener fuera de mí se enlace en amistad con lo que soy, que considere rico al sabio, que todo el dinero que tenga sólo sea el que puede llevar consigo un hombre decente ”.