El psiquiatra Karl Gustav Jung y la psicología analítica
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El psiquiatra Karl Gustav Jung y la psicología analítica

Jesús Sordo Medina | 2011-11-01

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Karl Gustav JungEl 5 de junio de 1961, a la edad de 85 años, Jung abrió una botella de su mejor vino para la cena. Al día siguiente falleció pacíficamente en su casa de toda la vida. Dicen, que tras morir, se desató una terrible tormenta, evento que dio comienzo al mito sobre este psiquiatra suizo fundador de la Práctica médica de la Psicología Analítica, alternativa al psicoanálisis de Freud.


La infancia de Jung

Carl Gustav Jung, nacido el 26 de julio de 1875 en Kesswill, Suiza fue hijo único de un pastor de la Iglesia Reformada de su país hasta los nueve años, cuando nació su primera hermana. Desde su infancia primera Jung recibió muchas influencias religiosas. De hecho, hasta ocho tíos de sus tíos y su propio abuelo eran miembros de la Iglesia Reformada lo que provocó que Jung se educara rodeado de motivos religiosos lúgubres como cementerios donde las personas que conocía hablaban de la muerte y de una tal «Jesús» mientras acarreaban grandes cajones pesados. Esta formación cultural inicial, definitivamente, acabaría por marcarle en su visión mística de la psicología humana e inauguraría una nueva tendencia separada de su maestro Sigmund Freud, más cientificista y materialista.

A la edad temprana de 3 años Jung inicio su actividad intelectual. Recuerda que tuvo un sueño en donde caía por una fosa hasta una recámara donde encontró un gran pene en un trono, símbolo para él del cuerpo de Jesús. Desde entonces, las imágenes fálicas y la espiritualidad ocuparían una gran importancia en sus estudios psicológicos y psiquiátricos. Paso su infancia descubriendo toda la teología cristiana desde una posición crítica además de una espiritualidad pagana de su abuelo materno el cual realizaba rituales en su presencia para hablar con el espíritu de su abuela fallecida. Este contacto con los esotérico y los exotérico, le llevó a crecer con, según el mismo afirmaba, dos personalidades: una, a la que llamaba Número 1, y que estaba relacionada con el estudio, la tradición y la conexión con el mundo real a través de búsqueda del prestigio; mientras que la personalidad Número 2 representaba su parte más inquietante, la que se orientaba hacía lo misterioso y la experiencia mística. Esta última personalidad se convertiría en el objeto de estudio del psicoanálisis.

En este sentido, a los doce años tuvo una experiencia mientras caminaba por la calle: se encontró a sí mismo como saliendo de la niebla, lo que interpretó como que había alcanzado la seguridad en sí mismo abandonando la duda que le producía aquella dualidad en su personalidad. Esa especie de experiencia de sentido le llevó a identificarse con la que él llamaba personalidad Número 1, que le alejaba de lo misterioso y lo místico para centrarse en el mundo real y buscar el éxito en él. Así, Jung salió de la adolescencia convertido en un hombre de buen estado físico y personalidad carismática lo que le trajo una buena reputación especialmente entre las mujeres.

Época universitaria

En la Universidad de Basilea estudió medicina aunque no abandonó el contacto con la ciencia, la filosofía y el espiritualismo. Leyó vorazmente a Nietzsche, Kant y Swedenborg. Desde una posición académica retomó su interés por el estudio del alma humana uniéndose a un prestigioso grupo de debate universitario: el Club Zofingia, compuesto de dualistas y donde pudo desarrollar la teoría kantiana de la doble orientación del Alma hacia lo cotidiano y el mundo más espiritual. Si Kant estaba en lo cierto, los fenómenos paranormales podrían convertirse en hecho instructivos de la propia alma humana, por lo que Jung se centró aún más en el estudio de la parapsicología, hipnosis, espiritismo, clarividencia o telepatía, pseudociencias para los más ortodoxos.

A partir de aquí Jung buscó la ciencia o disciplina donde poder poner en práctica sus intuiciones y lo hizo al leer un texto de Bichard von Krafft-Ebing que le introdujo en la psiquiatría, el terreno empírico donde se producía el choque entre naturaleza y espíritu; entre lo tangible y lo intangible.

Jung, durante esta época, participó en sesiones de espiritismo y otras experiencias de las pseudociencias. Según él a raíz de esto y la muerte de su padre, en su casa, junto a su madre, pudo vivir ciertas experiencias paranormales: muebles que se partían en dos sin que nadie los tocara u hojas de cuchillo que se quebraban como el papel. Jung relacionó todos lo hechos, aquellos hechos eran manifestaciones de su padre a través del canal que el había abierto con el espiritismo. Sin embargo, tras dos años acudiendo a estas sesiones, acabó por abandonarlas al considerarlas una farsa.

Jung entonces se acercó a la psicología más científica y materialista de su tiempo y que tenía a Sigmund Freud como principal exponente, heredero éste de otros neurólogos materialistas como Jean-Martin Charcot, uno de los descubridores del Inconsciente. Aunque la corriente freudiana dominaba en el ámbito académico, prácticas como la hipnosis y el espiritismo eran comunes en las investigaciones de neurólogos, psicólogos y psiquiatras y hasta bien entrado el siglo XX gozaban en algunos círculos de más credibilidad que el propio psicoanálisis.

Su trabajo como psiquiatra

Acabada su carrera comenzó a trabajar, en 1900, en el Hospital Neuropsiquiátrico Burgholzli, junto al doctor Eugen Bleuler, un eminente psiquiatra suizo. En aquel lugar, Jung entró en contacto con «el mundo de los insanos» o de los muertos del submundo del dios griego Hades. Durante nueve años permaneció trabajando en aquel hospital entrando en contacto, de manera masiva, con psicóticos y aquellos que habían perdido el contacto con la realidad debido a que su mente se había desbordado al terreno de la locura. De esta época, su aporte más importante fue los experimentos en los que colaboró sobre la «dementia praecox» que el propio Jung re-bautizaría con el nombre de esquizofrenia, una dolencia hasta aquel entonces entendida como una enfermedad degenerativa como el Alzheimer, pero que con el tiempo se demostró que también tenía un origen psicológico y se podía curar. Para Jung, la mayoría de las psicosis tenían su origen en el hecho de que el individuo deseaba crearse una nueva visión de la vida alejada de su vida real repleta de traumas, lo que convierte a las ideas sicóticas en pura compensación.

Su trabajo en el hospital le granjeó prestigio dentro y fuera del país hasta el punto de convertirse el jefe médico en Burgholzli. Por esta época, Jung abandonó la psicología experimental acercándose cada vez más al psicoanálisis. En el plano personal se casó con Emma Rauschenbach, siete años más joven que él y proveniente de una familia acomodada. Tuvieron cinco hijos y un matrimonio relativamente estable excepto por el hecho de que Jung, a los pocos años de casarse, tuviera una amante que le duró hasta el final de sus vidas y que contó con la aceptación de su mujer.

Su relación con Sigmund Freud

El gran acontecimiento vital para Jung fue su relación con Freud. Éste había realizado unas observaciones sobre el inconsciente que Jung, mediante su experimento de los tests de la asociación de palabras había logrado demostrar. El suizo envío sus resultados al eminente psicólogo en 1906 estableciéndose una relación epistolar que concluiría en una entrevista personal en la que ambos hablaron durante 13 horas de la que derivó una admiración mutua inicia pero que no duraría mucho tiempo. En 1909, Jung se convirtió en el primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional y director de la revista Jahrbuch, convirtiéndose en el heredero natural de Freud al frente del psicoanálisis. Tanto Freud como Jung trabajaron duro para dar a conocer las últimas investigaciones sobre psicología en Estados Unidos y otros países. Sin embargo, como decimos, esa idílica relación filio-paternal no duró mucho. Ante la posición de autoridad de Freud ante un discípulo, éste se mostró crítico para con su maestro, lo que comenzó a enturbiar la relación hasta que en 1913. Jung criticaba la importancia que Freud le otorgaba al sexo en todo el psicoanálisis y tampoco tenía muy claro si las terapias eran del todo correctas. Freud respondió ante esas críticas con severidad calificando al suizo de brutal y santurrón. Jung, finalmente, en una conferencia en la Fordham University de Nueva York donde debía limitarse a arengar al auditorio con las tesis clásicas del psicoanálisis de Freud, crítico los fundamentos básicos de esa teoría poniendo en duda, por ejemplo, que la conducta sexual pudiera influir en los estados psicóticos como la esquizofrenia. Esto rompió definidamente la relación entre ambos.

La crítica general que Jung hace a Freud está en relación a la excesiva importancia que l segundo le da a la sexualidad en la evolución psíquica del ser humano desde el nacimiento hasta la madurez. Mientras para Freud, el bebe que chupa del pecho de la madre experimenta una especie de acto sexual, para Jung aquello es comparable al acto de comer en un adulto. Pero ¿dónde están realmente los fundamentos de las diferencias entre ambos científicos? Bien, cuando Jung busca los orígenes de las distintas enfermedades psicológicas y psiquiátricas, lo hace bajo la influencia de su propia evolución personal más orientada a los intangibles del hecho humano: el alma y la parte mística, recordemos a la personalidad Número 2. Para Freud, que considera esa posición el resultado de una sexualidad reprimida, el origen primero de los conflictos psicológicos y psiquiátricos es de carácter tangible, de carácter material, es decir, biológico. Por eso el sexo, muy asociado a los procesos químicos humanos tiene tanta importancia en Freud.

Crisis de Karl Jung

Tras la ruptura con su maestro y la amistad con él, Jung se centró en el ocultismo y el estudio de la mitología, lo que le llevó a proponer que el inconsciente, además de acumular las imágenes, olores y sonidos de la vida diaria –restos diurnos– podía también acumular «restos arcaicos» o imágenes colectivas y heredadas (arquetípicas) de los primeros grupos humanos que permanecían enterradas en nuestra psique pero que ejercían una importante influencia sobre ella. Pese a estos avances, Jung no conseguía refutar la teoría de la sexualidad de Freud, tal vez porque se acercaba a los pacientes con la personalidad Número 2, es decir, de forma subjetiva. Así, tras haber abandonado las tesis de su mentor y el poco éxito de las suyas propias, Jung sufrió en 1913 un colapso que le puso al borde de un derrumbe psicótico y a convertirse el mismo en un enfermo. Durante 5 años, desde 1914 hasta 1919, abandonó cualquier responsabilidad académica y médica para dedicarse a investigar su propio inconsciente. Contaba con 39 años y estalló la Primera Guerra Mundial, que él había intuido a través de una serie de sueños. Esta relación le llevó a preguntarse cuál era la conexión entre su propia experiencia y la experiencia del mundo en general.

Esta investigación, si bien le ofreció una gran cantidad de material para el estudio, le colocó en una situación de auténtica esquizofrenia. Filemón, un personaje del antiguo testamento se convirtió en su gurú para enseñarle su camino espiritual. Con él conversada mientras paseaba por el jardín, algo considerado desde la psiquiatría un síntoma claramente psicótico. Tiempo después, el propio Jung definiría a aquel mentor como una «imagen arquetípica espiritual» perteneciente a los «restos arcaicos» de nuestra psique y que componen lo que el llamó «imaginación mitopoiética».

Este periplo por lo más profundo de su mente, por el submundo del Hades, pareció dar conclusión con una visión en la que, tras oír que llamaban frenéticamente al timbre de su casa, al abrir la puerta pudo ver a un gran número de espíritus. Durante los tres días siguientes, escribió su obra los Siete Sermones y concluyó que el proceso que se inició en la primeras sesiones espiritistas a las que había acudido como estudiante, daba a su fin convertido él mismo en un médium.

Nueva tendencia en la psicología analítica

Abandonó entonces su personalidad Número 2 para retomar la Número 1 y volver a conectar con el mundo aunque sin dejar a un lado todo lo que había descubierto en su «viaje». En 1919 utilizó por primera vez el término Arquetipo que asoció al sustrato colectivo de imágenes y símbolos arcaicos. Esto le llevo a afirmar que además del inconsciente individual existía uno colectivo compuesto por los citados arquetipos y los instintos. Éstos últimos cumplían una importante función en nuestro comportamiento, son de naturaleza biológica y dada una necesidad se traducen en acciones. Por otro lado, lo arquetipos serían unas modalidades de percepción en formas innatas de «intuición» y que determinan los procesos psíquicos a la hora de ver el mundo. Los arquetipos no los podemos pensar porque se encuentran en la parte más recóndita de nuestra mente, sin embargo obtenemos pista de ellos en las imágenes arquetípicas como la imagen del guía espiritual con barba larga y blanca al estilo Merlín; o la experiencia arquetípica de la salida del sol que ha acompañado a todos los seres humanos a lo largo de la historia y que ha provocado que las personas busquen la luz y alejarse de la oscuridad. Ahora bien, cuál domina sobre el otro o, mejor dicho, cuál tiene una influencia mayor sobre el otro sería como preguntarnos ¿qué viene antes? ¿el huevo o la gallina? En cualquier caso, para Jung, tanto los instintos como los arquetipos cumplen una función esencial en nuestro comportamiento y percepción de lo que nos rodea.

Después de todo este bagaje trascendental en los estudios que Jung desarrollo en plena madurez intelectual, ¿cómo los aplicó al análisis psicológico y psiquiátrico? Muchas personas tienen fobia a las serpientes. Solo contemplarlas o pensarlas les produce pavor. Estas imágenes suelen aparecer en los sueños o en nuestros pensamientos. Cuando lo hacen, Jung interpreta que realmente lo que ocurre es que se libera el propio significado de los arquetipos y a este proceso lo llama Función trascendente que cumple la función se sanar y buscar el equilibro en la psique. Es decir, la aparición de estas imágenes arquetípicas en nuestra mente, siempre que vengan seguidos de su comprensión, libera de tensión a nuestro inconsciente, algo parecido a una catarsis en los procesos mentales más ocultos. Este razonamiento le lleva a Jung a desarrollar toda una terapia en base a la Función trascendente y ya curativa en la que el paciente, a través de las imágenes arquetípicas conecta con los propios arquetipos. Esto se convirtió en un método terapéutico llamado Imaginación Activa.

Aplicación práctica médica 

En las sesiones de trabajo de Jung, los pacientes hablaban sobre esas imágenes e intentaban relacionarlas con experiencias anteriores, alcanzando en origen del problema y liberándose de él bajo la comprensión del mismo, o se establecían vínculos con arquetipos individuales o colectivos. De nuevo, la comprensión del origen de esas imágenes y su función devolvía al paciente a su propio centro.

Siguiendo con la psicología analítica de Jung, decir que la aparición de una imagen, idea o ilusión en nuestra mente genera una realidad psíquica. Es decir, para nuestra mente no hay categorías para dividir la realidad. La identificación de un sonido externo, un olor o una visión, para nuestra mente es tan real como la aparición de una imagen arquetípica o un sueño. Desde aquí, Jung elaborará su psicología clínica que pronto se convertirá en fundamento para la Práctica de la Psicología Analítica, que se diferencia de la otra gran corriente desarrollada por Freud, el psicoanálisis.

Desde un principio, Jung pone ciertas reglas éticas en su práctica: la primera, que el análisis de una paciente es un encuentro único, nada tiene que ver con el anterior y muy importante, «sólo puede curar una herida un médico que ha sido herido», lo que compromete al profesional a poseer experiencia además de conocimientos académicos; la segunda regla es que antes de afrontar un tratamiento, el doctor debe asegurarse de estar limpio de neurosis propias, y tercero, que todo profesional debe tener una supervisión superior de otros profesionales: «hasta el Papa tiene un confesor» decía Jung.

Además de este pequeño código deontológico, Jung hacía otro tipo de recomendaciones como las de ser tolerantes a otros métodos para cumplir mejor con su cometido y, sobre todo, no olvidar la historia secreta de cada paciente, la que permanece oculta a su cotidianidad.

La estructura mental, según Karl Jung

Jung también poseía una teoría sobre la estructura de la psique que dividía entre consciente e inconsciente y que toda ella tenía un objetivo innato «teleológico», es decir, buscar el crecimiento y el equilibrio de la propia mente. La relación entre consciente e inconsciente para Jung era simbiótica. A los excesos de la consciencia el inconsciente se manifestaba en sueños e imágenes o incluso enfermedades para equilibrar el desorden o avisar de que se estaba produciendo uno.

También las proyecciones se convierten en avisos de ciertas irregularidades que nosotros mismos esta padeciendo. Cuando amamos u odiamos algo en un individuo, lo hacemos porque hemos proyectado parte de nosotros en él, realmente no tenemos un conflicto con otro individuo sino con nosotros mismos.

En cuanto al flujo de nuestra energía psíquica o personalidad, Jung la dividía en extravertida, cuando nuestra personalidad fluye hacia el exterior, hacia el mundo, y la introvertida, cuando toda esa energía psíquica fluye hacia dentro intentando captar también la energía del exterior. Así, en un mismo individuo, cuando la energía extravertida le domina, la introvertida se refugia en el inconsciente permaneciendo sin manifestarse hasta que el consciente se vuelve demasiado rígido, momento en el que equilibra la situación manifestándose en la consciencia. Estos dos términos, extravertido e introvertido, durante el siglo XX pasaron al terreno de lo cotidiano y hoy en día los utilizamos para definir a las personas.

Ahondando más en la estructura mental, Jung definió cuatro Funciones Psíquicas dividiéndolas en racionales, para la función racional (pensamiento) y emotiva (sentimiento), ya que ambas sirven para evaluar nuestra experiencia, e irracionales, para la función de la intuición y la de la sensación, que a diferencia de las racionales no sirven para analizar nuestra propia experiencia. Estas funciones, para Jung, tendrán un nivel superior que será ocupado por el pensamiento, el cual nos informa de lo que existe y define. Así, si combinamos los tipos de energía psíquica (extravertida e introvertida) con estas cuatro funciones típicas, tendremos ocho tipos de personalidades. Por ejemplo, dentro del grupo de «Pensamiento introvertido» se encontrarían los filósofos, o en la Sensación Extravertida, estaría Casanova. Es interesante pensar en cómo las personas establecen las relaciones o incluso uniones sentimentales buscando en la virtud del otro la carencia de uno mismo.

Las cuatro figuras arquetípicas

Jung le da mucha importancia al Yo, que sería una figura arquetípica consciente que lleva asociada otra inconsciente: la sombra. El yo bien cuidado y desarrollado lleva al si-mismo, es decir, a la realización a través de la reflexión. Sin embargo, un Yo insano, va a traer los comportamientos más bestiales y bajos, que Jung llama su Sombra, dejando al individuo en la oscuridad. A propósito de esto, Jung analiza el movimiento Nazi que justamente relaciona con un Yo insano, que enfermó al querer agrandarse asociándose con la «raza aria pura» proyectando su sombra, sobre todo, sobre el pueblo judío al que identificó con el mal.

Otro par de imágenes arquetípicas son la Persona y la Imagen Anímica que para el hombre es Ánima (alma en femenino) y para la mujer Ánimus (alma en masculino). La persona está en nuestra parte consciente y la parte de nuestra mente que se encarga de lidiar con el mundo, de relacionarse con él. De hecho, la palabra «persona» deriva del latín «máscara teatral». La relación entre Persona e Imagen Anímica (ya sea ánima o ánimus) se define por las dos actitudes (extravertida e introvertida) y las cuatro Funciones Psíquicas (las racionales pensamiento y sentimiento y las irracionales sensación e intuición). La Imagen Anímica se convierte en una especie de guía para el alma, aunque potenciada en exceso

Últimos años de su vida

A la edad de 69 años, en 1944, Jung sufrió un accidente doméstico y se fracturo el pie. Además de la fractura, sufrió un paro cardíaco lo que le mantuvo narcotizado durante semanas. Durante este tiempo tuvo diversas experiencias que su doctor interpretó como alucinaciones. Una de ellas se componía de una gran roca con una apertura donde se encontraba un hindú. Allí, Jung, pensaba que conocería su origen elemental, su forma primordial. Sin embargo, se recuperó de sus dolencias, y esto le apartó de aquel estado alterado de conciencia. Como anécdota, Jung cuenta que el doctor que le visitaba se le aparecía en su forma primordial, concretamente como Basilio de Cos, rey griego de la antigüedad. El doctor, que pensaba que todas las visiones que Jung le contaba que tenía, eran simples alucinaciones, murió a los pocos días de la recuperación de Jung de septicemia. Para Jung, su recuperación estaba directamente relacionada con la muerte del doctor. Se había intercambiado el mal. Para muchos estas experiencias eran propias de un enfermo, para otros de alguien que había trasgredido los estados de conciencia de la gente común lo que le otorgaba una visión del mundo mucho más amplia, capacidad de predecir hechos futuros y una constante conexión con el más allá. En cualquier caso, loco o genio, fue tras esta época que Jung escribiera sus mejores obras y comenzara a crear un movimiento que contó con infinidad de seguidores o acólitos, según sus detractores, y él se convirtiera en un gurú con una importante influencia en su época.

Desde aquel momento, a su práctica médica analítica, Jung añadió la sabiduría oriental. Libros como el I Ching o libro chino de la Mutaciones, centrado en el mundo de la adivinación. Así, Jung contaba con un amplio abanico de explicaciones para dar respuesta a las psicosis de sus pacientes, desde la psicología clásica cercana al psicoanálisis a la propia psicología de la religión, alejada de los terribles prejuicios occidentales con la mística. Entre estas influencias estuvieron la sabiduría de los chamanes y los procesos místicos de Muerte y Renacimiento o la propia astrología, con la que analizó la historia del cristianismo y su conflicto con tesis más racionalistas como el marxismo y el darwinismo.

Al final de sus días, Jung había logrado equilibrar en su aplicación médica contra neurosis varias, al Número 1, aquella parte de su personalidad científica y racional, y al Número 2, parte más misteriosa y mística. Es decir, la ciencia y la «imaginación mitopoiética», que también le sirvió para dar su particular explicación del mundo y su relación con el ser humano.

El alcance de su sistema de ideas entró en conexión con la ciencia de Einstein, las últimas tendencias en filosofía y participo en la fundamentación de lo que se llamó la Nueva Era. Jung no pasó desapercibido y aunque tuvo una ingente cantidad de seguidores también recibió fuertes críticas. Su antiguo maestro le calificó de antisemita; para Lenin era un arrogante intelectual que ahogaba todo en favor de sus propias teorías, y otros le calificaron de tiránico y sectario al frente de una corte de acólitos. Pese a las críticas, Jung, en el terreno de la psicología, sobre todo la alternativa al psicoanálisis, sigue siendo una fuente de conocimiento.

El 5 de junio de 1961, a la edad de 85 años, Jung abrió una botella de su mejor vino para la cena. Al día siguiente falleció pacíficamente en su casa de toda la vida. Dicen, que tras morir, se desató una terrible tormenta, evento que dio comienzo al mito sobre este psiquiatra suizo fundador de la Práctica médica de la Psicología Analítica, alternativa al psicoanálisis de Freud.