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La mística cristiana y Santa Teresa de Jesús

Por Jesús Sordo Medina | 2011-07-06

Santa Teresa de JesúsLa mística cristiana es tan antigua como el propio cristianismo pues es el propio Jesús quién, en su devenir vital y sus parábolas, rompe con la tradición ascética judía para centrarse en la mística (1), estableciendo una nueva relación con Dios, es decir, se centra en la experiencia humana trascendental de lo divino que deriva en la unión con Dios, un método, por otro lado, que define el misticismo en cualquier religión o espiritualidad, llámese el telos Dios, Nirvana, Tao, Atman o cualquier otro nivel superior de iluminación, consciencia o existencia.


Introducción

En un artículo anterior hicimos un pequeño repaso sobre la mística musulmana, centrándonos en el sufismo. Ahora hacemos lo propio pero en el mundo cristiano rescatando a una de las mejores representantes de la mística cristiana: Santa Teresa de Jesús, la cual sería canonizada en el año 1622 y declarada Doctora de la Iglesia en 1970.

Teresa de Cepeda y Ahumana, nació el 28 de marzo del año 1515 en Ávila, España. Estudió en el convento de las agustinas y a los veinte años, en 1535, se convirtió en monja en el convento carmelita de la encarnación. Durante largo tiempo sufrió grandes dolores físicos que la tuvieron en cama durante años. En su convalecencia, Santa Teresa desarrolló y experimento todo su potencial espiritual que tras superar su enfermedad le llevaría a afrontar grandes proyectos y ha convertirse en una de las grandes figuras del cristianismo del siglo XVI.

Convento de Santa Teresa en Malagón

Convento Carmélita fundado por Teresa de Ávila en Malagón en 1562

A los cuarenta años, disgustada como la orden de las Carmelitas por su indisciplina, decidió reformar la orden con el apoyo del Papa y otros personajes como San Juan de la Cruz o Antonio de Heredia. El primer convento que fundó fue en Ávila, su ciudad natal, al que llamó San José y que constituyó la primera comunidad de monjas Carmelitas Descalzas, rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo o Carmelitas, como se conoce a esta orden.

Santa Teresa, instauró las rígidas reglas y normas de la orden que habían caído en desuso y pese a que no contaba con el apoyo de parte de la jerarquía de la iglesia, logró fundar 16 casas o conventos para mujeres (Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana, Salamanca, Alba de Tormes, Segovia, Beas de Segura, Caravaca de la Cruz, Villanueva de la Jara, Palencia, Soria, Granada y Burgos), y 14 para hombres, repartidos por toda España.

Tras una vida dedicada a la experimentación mística, la escritura y la fundación de conventos, Santa Teresa murió el 4 de octubre de 1582 en Alba de Tormes, Salamanca, donde también había inaugurado un convento. Diversas partes de su cuerpo fueron repartidos por los diversos conventos que inauguró, aunque gran parte de él se envío a Ávila. Hallado su cuerpo incorrupto años más tarde fue devuelto a Alba de Tormes, donde permanecen sus restos.

Publicó varios libros donde da cuenta de su trabajo con fundadora de conventos y sus inquietudes religiosas y experiencias místicas. Su autobiografía espiritual, Camino de perfección (1583) y Castillo Interior (1577) destacan entre sus obras más profundas y reveladoras sobre la espiritualidad de la Santa, mientras que su obra El libro de las fundaciones (1573-1582) relata sus avatares al frente de los distintos conventos que fundó en vida.

¿Cuando y quién comienza la mística cristiana?

La mística cristiana es tan antigua como el propio cristianismo pues es el propio Jesús quién, en su devenir vital y sus parábolas, rompe con la tradición ascética judía para centrarse en la mística (1), estableciendo una nueva relación con Dios, es decir, se centra en la experiencia humana trascendental de lo divino que deriva en la unión con Dios, un método, por otro lado, que define el misticismo en cualquier religión o espiritualidad, llámese el telos Dios, Nirvana, Tao, Atman o cualquier otro nivel superior de iluminación, consciencia o existencia.

Pese a la fortaleza del mensaje místico de Jesús, en el cristianismo se ha diferenciado, desde la patrística (2), lo místico de lo ascético, entendiendo esto último como la parte de la teología que se preocupa más por llegar a la unión con Dios a través de la práctica de las virtudes, de la renuncia y la privación. Esto es, trabajar en el terreno de la ética, la moral y la costumbre para alcanzar el reino de Dios una vez trascendamos. No queremos decir con esto que no haya un mensaje moral, unos mandatos conductuales y la petición de ciertos sacrificios en la doctrina de Jesús, sino que es la experiencia mística la que une al hombre con Dios la que prevalece sobre el hábito y la costumbre, aunque el cristianismo posterior se preocupe más en la formación ascética de las personas (lo exotérico) que en la introducción a la experiencia mística de las mismas (lo esotérico).

No obstante, en la historia del cristianismo, que ha evolucionado siguiendo diferentes ramas y produciendo diversos resultados -de ahí los amores y odios hacia la doctrina de Jesús- el misticismo siempre ha mantenido una línea de investigación que ha contado con diversos representantes. Los Padres de la Iglesia (o apologetas), en el siglo II, ya teorizaban sobre la mística en general y lo hacían bajo la influencia de la filosofía neo-platónica y estoica, que utilizaban de forma apologética para fundamentar la mística en lo cristiano. El filósofo y teólogo medievalista Étienne Gilson lo describe así:

"El siglo II después de Jesucristo es una época de activa fermentación religiosa. Desde todos los puntos y bajo todas las formas se buscan y se creen encontrar en él los medios de alcanzar la deseada unión del alma con Dios. Saber si Dios existe y qué se puede afirmar razonablemente de Él, o sea, tener un conocimiento filosófico de Dios, no se considera ya suficiente; ahora se desea una gnosis, es decir, una experiencia unificante y divinizadora que permita llegar a Él en un contacto personal y unirse realmente a él." (3)

El siglo II de la era cristiana es una época de gnosis y conocimiento espiritual a través de la experiencia. Teólogos como Orígenes o Gregorio de Nisa, «padre de la mística», dan forma a estas inquietudes e inician una línea de la reflexión cristiana que irá encontrando reproductores y otros teólogos que aportarán y definirán aun más la mística cristiana. Pese a que gnosis significa conocer, la mística gnóstica de siglo II se ubica y promueve un conocimiento negativo. Para conocer a Dios, debemos desembarazarnos del conocimiento de la filosofía, liberarnos de sus prejuicios hacia el reino de la espiritualidad para experimentar una verdadera unión con Dios.

Ya en el siglo VI, aparecen los escritos de un tal pseudo-Dionisio Areopagita; decimos pseudo porque en un principio fue considerado discípulo de San Pablo en el Aeropago de Atenas (4) aunque después se comprobó que este teólogo o pensador cristiano vivió al menos cinco siglos después del tiempo de Cristo. En cualquier caso, este autor dejó algunos escritos conocidos como Corpus Dionysiacum , con una clara influencia neo-platónica donde destacaba la obra De mística theologia , donde se recogían las influencias de sus predecesores -filosofía patrística- y se convirtió, con el permiso de los escolásticos y el apoyo del maestro Eckhart (5), en una clara influencia para los místicos alemanes y flamencos del siglo XII y los españoles del siglo XVI, con Santa Teresa y San Juan de la Cruz como principales representantes.

En el siglo XV, la mística pierde importancia en el mundo cristiano. Se impone un tipo de piedad, el Devotio moderna, de origen flamenco y que propone una forma santa de vivir acorde con los preceptos cristianos, es decir, una vida ascética. Sin embargo, en España, cuna del mundo católico junto a Roma a principios de la Edad Moderna, aparece Santa Teresa de Jesús, que reinventa el misticismo con un nuevo itinerario: una «morada» o «castillo» al que se accede con la oración. Diversos aposentos en el interior (siete) y finalmente el telos, la ascensión a lo alto o subida del Monte Carmelo como culmen a la experiencia gnóstica y mística. En este tránsito el sufrimiento, la angustia o el temor, llamado «noche oscura» es la moneda de cambio para conseguir la unión del alma con Dios. Jesucristo se nos presenta muy humano y Santa Teresa promueve el culto a su humanidad y destaca toda la teología del conocer o no a Dios, de su presencia o ausencia, en resumen, de la experiencia de la propia duda en Jesús, prueba sobre la existencia o no de Dios.

Pese a todo el sufrimiento y el dolor, la unión con Dios a través de un éxtasis espiritual es para Santa Teresa un hecho místico capaz de subyugar la voluntad humana. Lo explica así en sus memorias:

Ví a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal... No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parece todos se abrasan... Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios . No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento... Los días que duraba esto andaba como embobada, no quisiera ver ni hablar, sino abrasarme con mi pena, que para mí era mayor gloria, que cuantas hayan tomado lo criado., Vida de Santa Teresa, cap. XXIX

Sin lugar a dudas, Santa Teresa de Jesús se ha convertido en una de las grandes escritoras del mundo cristiano, razón por la cual su experiencia mística ha sido valorada de tan magnífica forma no solo por católicos, sino por otros estudiosos de la gnosis y la mística en otras confesiones cristianas e incluso en otras religiones. Su experiencia interior al respecto, el itinerario que se marca para alcanzar la iluminación y cómo lo comunica, en su poesía y especialmente en su libro Las moradas o Castillo interior , llena de verosimilitud el universo espiritual incluso para los más escépticos.

Notas:
(1) Del griego mystiké, misterioso, secreto.
(2) Periodo del cristianismo que abarcar desde el siglo II hasta el siglo VI y en la que la doctrica de Jesús se organiza gracias a los padres y doctores de la iglesia.
(3) ÉTIENNE GILSON, La filosofía en la Edad Media, Gredos, Madrid, 1958. pp 36.
(4) Literalmente, Monte de Ares, utilizado en Atenas desde la época Arcaica como una especie de parlamento donde se tomaban las decisiones más importantes en Grecia. Con el paso de los siglos este lugar fue perdiendo importancia y en el tiempo Pablo de Tarso, hacía las veces de tribunal. En él presentó el discípulo cristiano su fe a los griegos.
(5) Eckhart de Hochheim O.P. (Turingia, c. 1260 – c. 1328), primero de los místicos renanos que tuvo una gran influencia en la mística posterior.

Fuentes:
ÉTIENNE GILSON, La filosofía en la Edad Media, Gredos, Madrid, 1958.




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