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CEH Centro de Estudios Humanistas Ortega y Gasset: la sociedad vocacional

Centros de Estudios Humanistas Ortega y Gasset | 2011-03-16

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Cada hombre, entre varios caminos posibles a elegir en la vida, entre varias formas de ser posibles, puede decidirse por un camino, un ser que es el auténtico. La voz que llama a construir ese camino, ese ser, es lo que llamamos vocación. Pero la mayor parte de los hombres se dedican a acallar y desoír esa voz de la vocación, estafándose a sí mismos sustituyendo su auténtico ser por una falsa trayectoria vital.


Antes de adentrarnos en el tema es importante que definamos el término vocación y en que sentido lo vamos a utilizar. 

En su raíz etimológica, el concepto de vocación viene del latín vocátio, que significa acción de llamar, es decir, significa llamado, en el sentido de convocatoria o convocación significa llamamiento. Por lo tanto, en la vocación hay un llamado, algo o alguien me llama, me convoca para hacer algo.

Cada hombre, entre varios caminos posibles a elegir en la vida, entre varias formas de ser posibles, puede decidirse por un camino, un ser que es el auténtico. La voz que llama a construir ese camino, ese ser, es lo que llamamos vocación. Pero la mayor parte de los hombres se dedican a acallar y desoír esa voz de la vocación, estafándose a sí mismos sustituyendo su auténtico ser por una falsa trayectoria vital.

Este llamado que nos propone, que nos predispone hacia un tipo de vida, esta voz que asciende de nuestro más radical fondo, es la vocación.

En nuestra mano está realizar la propia vocación o no. Ser fiel a nuestra vocación o traicionarnos a nosotros mismos. Por eso el no seguir la vocación va acompañado de una sensación de extrañamiento de sí mismo.

Habitualmente se suele asociar el término vocación a lo religioso o incluso a una disciplina que se denomina orientación vocacional relacionada con el asesoramiento profesional. Nosotros no vamos a restringir aquí el concepto de vocación. Para nosotros puede haber una vocación religiosa, artística, científica, política, etc. Nosotros concebimos la vocación como algo que va más allá de la mera actividad profesional u ocupacional proyectándose sobre la totalidad de la vida humana.

Cuando hablamos de acción vocacional nos referimos a aquello que realizamos con mucho gusto. Este gusto viene al descubrir y más tarde desarrollar aquello que a uno le gustaría hacer realmente en su vida. La sensación que deja la acción vocacional es la de estar haciendo aquello que he venido a hacer a esta vida. Por eso la vocación es una pasión y tiene sabor de misión vital.

La vocación es, por lo tanto, un argumento vital, un proyecto que justifica una vida y que le da pleno sentido.

Qué atributos tiene la acción vocacional. 

Podemos enumerar algunos atributos de la acción vocacional:

  • Es una actividad con gusto personal. Satisface al individuo que la realiza. Se siente una suerte de acuerdo consigo mismo, de crecimiento al ir desplegando la vocación.
  • Es una actividad que no sólo se queda en el gusto personal sino que va más allá. Es una actividad que aporta algo al bienestar de los demás, de la comunidad o de la sociedad. Es una acción solidaria, es una acción que está en función de otros.
  • Es una actividad sin cálculo. No busca el éxito. Se justifica por si misma, tiene sentido por sí sola.
  • Es una actividad entusiasta. Le aporta a la vida intensidad. Se caracteriza por el entusiasmo con que se realiza y que transmite. Se desarrolla una fuerte energía que le da a la vida un tono intenso.
  • Tiene para la propia vida carácter de máxima prioridad. Todo lo demás (dinero, sexo, prestigio) es secundario, gira alrededor sin llegar nunca a ocupar su lugar.
  • Es propio de la vocación la resolución. Esa sensación de plenitud y fuerza creciente al actuar que predispone a superar toda resistencia que se presente en el camino.
  • Es una acción que transforma lo personal y por lo tanto el mundo social. Va más allá de la acción por necesidad, por convencionalidad social y por reacción frente al azar.

Dificultades para descubrir y desarrollar la propia vocación: el estado de enajenación personal y social del hombre. 

Al definir y enumerar las características de la vocación podemos vislumbrar la importancia que tiene para la vida de una persona descubrir su vocación y tener la posibilidad de desarrollarla. Sin embargo, esto no es fácil por varios motivos que vamos a estudiar a continuación.

Nos importa resaltar que la vocación es aquello que más quiero hacer en la vida, por encima de cualquier otro proyecto condicionado por la biografía, por la familia o por la sociedad. En este sentido, cuando decidimos abocarnos a nuestra vocación es una decisión libre y ésta se convierte en un camino de liberación frente a la situación de enajenación en que se encuentra el hombre.

La enajenación se produce cuando algo o alguien controla o dirige nuestra vida.

Pasamos a describir, brevemente, dicha situación de enajenación.

Para describir la situación de falta de libertad del ser humano, no partimos de una teoría sobre la vida, sino de cómo esta se manifiesta desde dentro, de cómo uno la experimenta.

El estado de arrojado al mundo 

En un primer momento, el hombre se encuentra en el estado que algunos filósofos han descrito como de arrojado al mundo. No elige la época, el país, la familia, ni el tipo de sociedad donde va ha vivir.

Nace en un mundo natural y social construido por otros. Por sus antecesores. Aquí encontramos un primer motivo de enajenación. El primer motivo de enajenación es impuesto por la situación estructural de la vida humana como circunstancia que uno tiene que asimilar, adaptarse y luego enjuiciarla.

A nivel personal, el niño incorpora mecánicamente, sin crítica, el mundo de sus padres, familiares y profesores y es en la adolescencia cuando entrevé que el sistema de creencias, valores y conductas aprendidas es simplemente una de las múltiples formas de afrontar el mundo. Pero no son las suyas, son las de otros. Por eso el joven trata de buscar su identidad, su propia forma de comprender el mundo y de enfrentarse a él tratando de separarse de las generaciones anteriores. Es decir, trata de romper la enajenación que significa vivir la vida marcada por otros.

La dictadura de la naturaleza y la injusta organización social.

Nacemos en un mundo natural que nos condiciona. Dependemos del propio cuerpo, de los recursos naturales y del ambiente en general. Además, nacemos en un medio social organizado por otros, con sus instituciones y su sistema de creencias y valores. A pesar de dicho condicionamiento, la característica más importante del ser humano es su capacidad para elegir entre condiciones. Esta libertad ha permitido que algunos seres humanos se apropien ilegítimamente del todo social. Es decir, que nieguen la libertad y la intencionalidad a otros seres humanos, reduciéndoles a instrumentos de sus propias intenciones. Esta situación provoca la lucha entre opresores y oprimidos, entre dominados y dominantes. Este estado de cosas anima a preguntarnos qué tipo de organización social y qué escala de valores sería la más justa para que no haya nada por encima del ser humano y ningún ser humano por encima de otro. Mientras esto no se cumpla la sociedad aparecerá como un elemento de enajenación para el hombre.

La inevitabilidad de la muerte.

Otra característica estructural es el horizonte temporal limitado de la vida humana. Cada hora que pasa es irremplazable. Esta limitación está determinada por la inevitabilidad de la muerte. De forma que el hombre se encuentra con un futuro limitado por delante, con un pasado construido por otros y con un presente en el que se ve obligado a elegir entre condiciones, enfrentándose a su circunstancia y eligiendo constantemente su futuro.

La sociedad vocacional.

Por lo tanto, el ser humano nace y crece en una determinada situación social que no ha elegido, enajenado por la Naturaleza , por otros hombres y por la amenaza de la muerte. Al sentir estas agresiones físicas y mentales que registra como dolor y sufrimiento se moviliza contra los factores agresivos tratando de superarlos.

A nivel social el hombre crea instituciones o formas de organizar la sociedad para resolver los problemas que la estructura vital le presenta. La religión es la institución social que trata de resolver el problema de la muerte. El derecho ha ido regulando los abusos de unos hombres contra otros, la política se ocupa de los aspectos comunes o públicos, y así siguiendo.

Al igual que en el ámbito social, de lo que se trata es de romper con la enajenación y con el determinismo que se nos impone desde fuera, desde la Naturaleza , la organización social o desde la muerte. Por eso la búsqueda de identidad, de autenticidad y en última instancia de libertad es el proyecto básico del hombre como individuo y de la sociedad como humanidad.

El hombre se descubre arrojado a un mundo dado, que no ha elegido, en el que se siente agredido por la dictadura de lo natural, por la opresión social (la dominación de unos hombres sobre otros) y por la futura desaparición del yo. Frente a estas agresiones que le producen un desequilibrio sufriente trata por medio de la acción compensar el desequilibrio y superar así el dolor y el sufrimiento. Dicho de otra manera, el hombre trata de salir de la enajenación y liberarse de las leyes naturales, controlando a la naturaleza, liberarse de las distintas formas de opresión de unos hombres sobre otros y finalmente trata de liberarse del absurdo de la muerte.

Si esta es la estructura de la vida humana, tal como se nos presenta, podríamos afirmar que la historia es el proceso de liberación del hombre frente aquello que la oprime. Por coherencia argumental, podríamos afirmar que la historia personal, la biografía de cada uno es el intento que cada uno realiza para superar el sufrimiento que le provoca el estado de enajenación personal y social.

Al igual que en la historia ha habido avances, retrocesos, aciertos y errores, en la vida personal cada uno realiza ese proyecto básico de liberación como puede.

Vistas así las cosas, podemos vislumbrar que la historia y con ella la humanidad tiene un proyecto, tiene un sentido y una dirección. Pero, ¿hemos domesticado del todo a la Naturaleza ?, ¿ha desaparecido la opresión social?, ¿hemos dejado de tener miedo a la muerte? Si la respuesta es no, el proyecto sigue y tanto el hombre como la sociedad no están acabados. Por lo tanto, el proyecto de transformación personal y social sigue vigente.

¿Qué proyecto vital no es resultado de una enajenación, es decir, que proyecto parte de mí, me de identidad, unidad y sentido? ¿Qué acción supera la enajenación y rompe con el estado de arrojado al mundo ? La vocación aparece como el proyecto elegido libremente que ayuda a superar el sufrimiento dando unidad y sentido al individuo. Si la vocación de la humanidad es domesticar la Naturaleza , organizar una sociedad justa y trascender la muerte, la vocación individual tiene que apuntar al aporte personal, particular a la resolución de los problemas de la humanidad. Desde este punto de vista deberíamos considerar el aporte de un médico, de un científico, de un artista y de cualquier otra ocupación vocacional.

La tesis que proponemos es que la vocación personal está vinculada a la vocación de la humanidad, unificándose el interés personal con el interés social o colectivo. De esta forma desaparecería la falsa dicotomía que enfrenta lo personal a lo social, lo privado a lo público, lo individual a lo colectivo.

En el contexto de estos talleres, el de los fundamentos de una nueva civilización, para que una sociedad sea plenamente humana, debería generar los medios para favorecer que cada individuo descubra su vocación y pueda desarrollarla a lo largo de su vida. De esta forma, será la sociedad en su conjunto quién se beneficie. La tecnología serviría al hombre para liberarle de los trabajos mecánicos y aburridos. La educación estaría orientada al descubrimiento de la propia sensibilidad, de las cualidades y a impulsar el potencial de cada uno. Así podríamos profundizar en todas las instituciones sociales que se reorganizarían según una nueva escala de valores.

Más información: Centro de estudios humanistas