Leonardo Da Vinci cocinero: pesadilla en la cocina

Leonardo da Vinci CocineroSi a Leonardo da Vinci, en su infancia, le preguntaron «¿qué quieres ser de mayor?», la respuesta tuvo que tener su gracia. Fue pensador, arquitecto, pintor, inventor, científico, astrónomo, poeta y hasta hostelero en varias ocasiones, una de ellas con su amigo Botticelli. Mientras que en el terreno de las artes, ciencias y humanidades destacó como nadie, como regente de restaurante y jefe de cocina su fracaso no tiene parangón.

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Yo la historia la escuché por primera vez en una clase de segundo de Filosofía, y la he recordado a menudo. Antonio, mi profesor, se encontraba por aquel entonces escribiendo un libro que quería tender puentes entre conocimiento y gastronomía y que tituló: Saber y Sabor. Y así, hablando de todo un poco, llegamos a la historia de Leonardo Da Vinci, hijo de Ser Piero da Vinci y la dama Caterina, quien se metió entre cacerolas y pucheros a lo Ferrá Adriá junto con su amigo y pintor Botticelli al que conoció en 1469 mientras ambos eran aprendices del escultor, pintor e ingeniero Verrocchio. De este taller, Leonardo fue expulsado por glotón (literalmente) y acabó trabajando por las noches (en plan extra de camarero) en una taberna llamada Los Tres Caracoles.

Leonardo da Vinci CocineroUn día indeterminado de la primavera de 1473, todos los cocineros de este restaurante murieron envenenados y las sospechas cayeron sobre Da Vinci y su afición a experimentar con un nuevo tipo de cocina: la nouvelle cuisine, basada en preparar platos de pequeñas porciones y mezclando todo tipo de ingredientes al estilo pincho vasco. El envenenamiento de sus compañeros hosteleros y el hecho de que los florentinos preferían una pata de cordero asada a la cocina minimalista propuesta por Da Vinci, provocó que éste abandonara Los Tres Caracoles.

Tras aquel primer fracaso y luego de un tiempo de vuelta en el taller de Verrocchio, decidió volver a intentarlo pero Los Tres Caracoles sucumbió en un incendio en extrañas circunstancias. Es entonces cuando, con su buen amigo Botticelli, se decidió a reconstruir aquella taberna para convertirla en La Enseña de las Tres Ranas de Sandro y Leonardo, un proyecto similar al local anterior pero esta vez regentado por el propio Da Vinci. Como dato positivo, decir que durante esta época Leonardo inventó la “servilleta”, que se añadía en las mesas del local junto a cubiertos y demás para evitar que los comensales se llevaran la mitad de la comida en las mangas. También, la decoración destacó sobre cualquier otro restaurante o taberna puesto que se componía de varios cuadros de Botticelli y del propio Da Vinci.

Pese a todo, de nuevo, la iniciativa fue un fracaso: platos como una anchoa rodeada de zanahorias y otras hortalizas no convencieron a los clientes (nótese que esto de la cocina experimental y minimalista no es de ahora. La cosa viene de lejos).

Tras unos años lejos de la tarima del bar, Da Vinci se puso en manos de Lorenzo de Medici, mecenas y señor de Florencia por aquel entonces. Éste le recomendó a Ludovico Sforza “El Moro”, regente de otra ciudad-estado, la de Milán, y Da Vinci le envió su CV para conseguir trabajo:

No tengo par en la fabricación de puentes, fortificaciones, catapultas y otros muchos dispositivos secretos que no me atrevo a confiar en este papel. Mis pinturas y esculturas pueden compararse ventajosamente a las de cualquier artista. Soy maestro en contar acertijos y atar nudos. Y hago pasteles que no tienen igual.

Así, Da Vinci consiguió trabajo como Consejero de Fortificaciones y Maestro de Festejos y Banquetes, lo que viene siendo un concejal de festejos actualmente.

Pronto empezó su labor cuando se le encargó la organización de la boda de una sobrina de Ludovico para lo que Da Vinci puso toda la carne en el asador mecanizando el funcionamiento de la cocina y creando un menú degustación basado, como ya había hecho antes, en pequeños platos a lo Master Chef. Sin embargo, las anchoas rodeadas de zanahorias fueron sustituidas por 600 salchichas de Bolonia y otros platos con más sustancia al estilo cocido maragato. No obstante, sí es cierto que logró que le permitieran implementar sus experimentos tecnológicos en la cocina, lo cual no fue la mejor de las ideas.

Para manejar las grandes cantidades de comida que había que preparar para un evento similar, Da Vinci había creado una picadora de vacas y una rebanadora de carne accionadas por caballos y por aire respectivamente. También, unas cintas transportadoras llevaban troncos automáticamente a las chimeneas, la cuales contaban con una hélice movida por el aire que a su vez daba vueltas a los asados de forma automática. Además, Leonardo había ideado un circuito de provisión de agua caliente con una serie de tuberías y una caldera de carbón para calentar el agua; un sistema anti-incendios que lanzaba agua pulverizada ante la presencia de fuego y, para colmo, unos grandes cepillos automáticos para mantener el suelo limpio.

Por último, y en plan aristotélico, Da Vinci creó unos tambores mecánicos para que la música no parara en la cocina, ya que según Leonardo, la gente trabaja mejor bajo la influjo de las musas.

Cuando todos los comensales, finalmente, ya estaban sentados a la mesa comenzó el lío. Tan grande fue el mare magnun que se formó, que la historia la conocemos porque algunos asistentes al evento tuvieron que levantarse e ir a la cocina para ver qué eran los gritos y ruidos que de ella provenían. Uno de aquellos curiosos fue el embajador florentino Sabba de Castiglione di Pietro Alemani, quien dejó escrito lo que vio: al llegar a la cocina, Di Pietro pudo ver cómo uno grandes fuelles que pretendían mantener el aire limpio habían avivado el fuego consiguiendo que éste se propagara por toda la cocina, lo que a su vez había activado el difusor de agua contra incendios y a lo que se sumó que la máquina encargada de proveer de agua caliente se descontrolara provocando una total inundación. Este mal funcionamiento había conseguido que algunos animales (usados para mover estas máquinas) camparan a sus anchas entre pucheros, cocineros y electrodomésticos; la troceadora de carne y de pan habían encallado cortando a un animal e, incluso (se cuenta) el brazo de un cocinero quien junto a sus compañeros hacían todo lo posible para no ser (además) barridos por los grandes cepillos encargados de mantener limpio el suelo.

Entonces comenzaron las explosiones debido a la pólvora que Leonardo había utilizado para encender los fuegos, los abrasamientos y las muertes por ahogamiento o asfixia y todo esto con la banda sonora de los tambores que Da Vinci había colocado en la cocina y que ahora tocaban sin orden ni concierto.

No se sabe a ciencia cierta las consecuencias de este incidente para el maestro Leonardo porque el texto original del relato se perdió hace siglos y la historia se transmitió parcialmente de forma oral hasta que volvió a ser escrita negro sobre blanco. Lo que sí queda claro, es que Da Vinci fue un pionero en muchas facetas de la vida y en unas triunfó mientras que en otras fracasó estrepitosamente, como lo prueba aquella pesadilla en la cocina.

Fuente: http://www.historiacocina.com/gourmets/leonardo/leonardo.htm