Notas a los fundamentos de la ética cristiana

Ética nicomaqueaEn la historia de la reflexión ética dentro del campo de la filosofía hay dos grandes edificios: la teleología o «ética de los fines» impulsada por Aristóteles en sus libros Ética a Nicomaco y Ética Magna; y la deontología, o «ética del deber» promovida por Emanuel Kant.

Immanuel KantEn ambos casos, hay que decir que nada de lo escrito es nuevo: Aristóteles bebe de los clásicos anteriores, y Kant de los racionalistas de la Ilustración y otros pensadores. También, hay que recordar que la reflexión ética no es una ciencia pura y admite el relativismo. Sin embargo, sí que es cierto que ambas propuestas se han alzado como teorías fundamentales de ambas posiciones.

Tampoco la reflexión filosófica sobre la moral es universal, ya que deja a un lado o no da tanta importancia a otras mōris que las comunidades han creado como la Ética cristiana, una ley moral que tanta influencia ha tenido en el mundo durante casi dos milenios.

El acto moral de amar al próximo es un deber porque Dios nos amó primero y, además, es teleológico, porque solo amando al prójimo se llega a Dios.

Ética cristiana: entre el deber y los fines

Para Kant la buena voluntad es el principio y fin de todo, y esa buena voluntad tiene que ver con observar y seguir una ley moral la cual que se convierte en imperativo categórico de comportamiento para todas las personas. Sin embargo, ¿cómo desglosa Kant esa ley moral?

  • Primero de todo, el ser humano es un fin en si mismo, no un medio para satisfacer los intereses y deseos de otras personas. Hablamos por lo tanto de un humanismo radical.
  • Esa ley moral debe seguir unos valores universales, es decir, que cualquier acto moral sea beneficioso para el total de la humanidad.
  • Kant establece valores perfectos e imperfectos: los primeros son siempre verdaderos, como no matar, mientras que los segundos pueden ser correctos solo en momentos y circunstancias determinadas, como la caridad.
Fiedrich Hegel
Fiedrich Hegel

Pese a esta aparente infalibilidad, la ética kantiana ha contado con detractores y críticos como Fiedrich Hegel, quien echa en falta en la ética kantiana un análisis profundo de la naturaleza humana y sus contradicciones.

En el caso de la ética aristotélica, hablamos de una ética basada en una serie de principios que tiene el objetivo de proveer felicidad a toda la sociedad:

  • El comportamiento correcto es el que está basado en la Virtud. Y el comportamiento virtuoso es aquel que respeta el “justo medio”: entre los extremos cobardía y osadía, la actitud correcta o virtuosa es la valentía.
  • La idea del Bien sobrevuela por toda la ética aristotélica, ya que todo tiende hacia él, tanto los individuos como las comunidades. El discípulo de Platón es antropológicamente optimista.
  • Todo esto debe llevar a una sociedad donde reine la felicidad, ese es el telos de la etica nicomaquea.

No obstante, aunque Aristóteles ha supuesto en el plano ético-laico una influencia a la altura del judeo-cristianismo en el plano religioso, algunos aspectos como el clasismo del griego (no todas las personas son iguales para Aristóteles) echan por tierra el hecho de considerar a esta ética universal.

Llegados a este punto, ¿dónde queda la ética cristiana? Precisamente en medio o en la unión de una ética de los fines y otra deontológica. También el cristianismo supedita a la reflexión ética un concepto metafísico: en este caso, la idea de Dios y el amor,

Los 10 mandamientosEn cuanto a lo teleológico, el cristianismo pide a quienes siguen su ley moral actuar en función de dos grandes fines: alcanzar el Paraíso, una vez abandonada la vida terrenal, y conseguir la llegada de la utópica Ciudad de Dios a este mundo. Y en el caso puramente deontológico –precisamente para conseguir los fines mencionados– se pide respetar un código de valores: los 10 Mandamientos o Decálogo, tronco principal moral y de adoración del judeocristianismo que une el amor a Dios con el amor a los hombres.  

Si la ética cristiana ha sobrevivido a decenas de relatos y paradigmas filosóficos y políticos a lo largo de la historia es porque hay Verdad en ella.

Los dos pilares de la Ética Cristiana

Primera epístola de San JuanLos 10 mandamientos suponen la parte fundamental de una ley moral donde hay otros textos que hablan de cómo la ética cristiana une ética de los fines y ética del deber. Un ejemplo es la Epístola de San Juan, que dice en su capítulo IV:

19 Nosotros amamos porque Dios nos amó primero.

20 El que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?

21 Este es el mandamiento que hemos recibido de él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano.

En este texto se puede comprobar que la ética cristiana combina la deontología con teleología. El acto moral de amar al próximo es un deber porque Dios nos amó primero y, además, es teleológico, porque solo amando al prójimo se llega a Dios.

Además de este ejemplo de unión entre metafísica y ley moral, el cristianismo deja muy claro a sus fieles que para ser coherentes con la ética cristiana hay que seguir una conducta que respete los 10 mandamientos. Para los cristianos, estos deberes son universales (católicos), como también lo son para Kant sus deberes perfectos. En este sentido, hay coincidencias entre los mandatos cristianos y kantianos: no mentir es algo bueno a nivel universal para Kant y el cristianismo; o matar es un pecado para la moral cristiana y un acto moral contrario a la deontología kantiana.

Ética cristiana: Regla de oro y humanismo

Humanismo y Regla de OroAhora bien, a efectos de la felicidad y bienestar de las personas ¿cuánto de humanismo en el sentido kantiano (la humanidad como fin en sí misma) hay en el cristianismo?

Los 10 mandamientos intentan limitar la violencia (psicológica y física) entre las personas, pero el amor a éstas no deja de ser un vehículo para alcanzar el fin principal: el amor a Dios. ¿Qué hacer entonces, desde el punto de vista moral, con alguien que no ama a Dios? La ética cristiana intenta solventar esta disyuntiva con el perdón y con una versión de la famosa Regla de Oro, en el caso cristiano: «Todos los que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.» (Mateo 7:12), pero la historia ha demostrado que no todos los seguidores de la doctrina cristiana lo han practicado. Como no todos los afines a la Ilustración o apologetas de la Grecia clásica ha sido coherentes con sus postulados.

Conclusión

Sin pretender caer en el relativismo moral, no podemos afirmar que la ética cristiana esté por encima o sea inferior en solidez y coherencia a otras teorías éticas o leyes morales. No obstante, si la ética cristiana ha sobrevivido a decenas de relatos y paradigmas filosóficos y políticos a lo largo de la historia es porque hay Verdad en ella.

Jesús Sordo

Escritor y redactor web.