Paridad salarial entre hombre y mujer para acabar con la disparidad histórica

El pasado 1 de enero de 2018, el gobierno de Islandia, -que lidera Katrín Jacobsdottir- aprobó en el parlamento la Ley de paridad salarial, paso de gran importancia para acabar con la discriminación que la mujer ha sufrido a lo largo de la historia (y prehistoria) y que allana el camino para su emancipación total como ser humano.

Hasta el momento, ningún otro gobierno ha imitado al islandés, y ha tenido que ser el sector de la economía, en concreto el Foro Económico Mundial con sede en Davos, quien ha animado a los gobiernos a acabar con la brecha salarial entre mujeres y hombres, dando razones económicas de gran calado como que medidas de ese tipo podrían aumentar el PIB de algunos países hasta en un 20%.

No obstante, la reacción de los principales gobernantes del mundo no ha sido muy entusiasta. En el caso del presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, en la entrevista que concedió a Carlos Alsina en la emisora de radio española Onda Cero, respondió a la cuestión de que hay empresas que pagan menos a mujeres que a los hombres por desempeñar una misma función con una respuesta ultraliberal: «no nos metamos en eso»:

Aunque es cierto que, días después, el presidente español corrigió ese comentario, da una idea de por dónde transitan los principios de los populares españoles en relación a la reflexión sobre los derechos de la mujer.

Por qué es necesaria la paridad salarial en el sector privado

El sector más conservador de la sociedad alude, como hiciera el presidente Rajoy, a que los estados liberales no deben intervenir en los asuntos internos de las empresas. No obstante, no hay que olvidar que los estados (incluso los más ultraliberales) tienen la obligación que hacer cumplir la ley que tienen como fundamentos a las distintas constituciones y tratados que se han firmado.

Es necesaria acabar con la brecha salarial: por que es lo democrático, lo justo y, además, proporciona bonanza económica.

Históricamente, en ese sentido, la ley prácticamente no hay se ha cumplido para la defensa de los derechos de las mujeres; en muchos casos, esas leyes han ido, precisamente, contra ellas. Esto nos coloca en un siglo XXI donde la “disparidad” salarial y de derechos entre hombres y mujeres es más que notoria y vigente, lo que va contra cualquier declaración de principios democráticos.

El papel lo aguanta todo, por eso es importante pasar de la teoría a la práctica (incluso desde el punto de vista liberal) concediendo a la mujer igualdad y libertad económica, uno de los pilares que la permitirán emanciparse totalmente y tratar a sus conciudadanos de igual a igual, más allá de su género.

Retrasar la aplicación de una ley de paridad salarial entre hombres y mujeres (aunque sea intervencionista) va contra los propios principios del liberalismo, por no ser democrático y, no hay que olvidar, porque como afirma en Foro Económico Mundial, trae bonanza económica.

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Jesús Sordo

Escritor y redactor web.