Ética y racionalidad para los ahorradores: más vale pájaro en mano…

Cerdito AhorroEn los últimos años hemos visto como pequeños ahorradores que habían acumulado una cantidad de dinero suficiente como para disfrutar de una plácida y merecida jubilación, vieron sus aspiraciones truncadas por ciertas actitudes de dudosa decencia por parte de algunos bancos y cajas. Según fuentes de El País, 534.150 personas contrataron productos financieros de riesgo y 427.952 han acudido a arbitraje por presunta estafa. Es decir, un 80% del total afirman no haber sabido en ningún momento lo que habían contratado. Aunque este tema tiene para largo, hoy nos queda claro -a nosotros, los ahorradores- que la mejor opción a la hora de administrar nuestro dinero no pasa por la aventura del  broker, ni tampoco por dejar que nadie nos venga con el truco de la «estampita», especialmente en estos años de crisis donde, más que nunca, se valora lo que cuesta ganar el dinero.

En todo esto, en la relación entre usuario y su banco o caja, hay una cuestión esencial y es la actitud del ahorrador frente a su entidad bancaria, la cual ha sido, al menos hasta hace bien poco, bastante a-crítica, bien porque mucha gente ha confiado en su interlocutor financiero o, porque, aunque no se confiaba, se desconocía totalmente o se interpretaba la información de una forma errónea, buscando las garantías en la gestión de nuestro dinero en una declaración verbal del tipo: «Soy ahorrador. A ver si voy a perder todo mi dinero». A lo que algunos representantes de algunas entidades bancarias, respondían: «No se preocupe. Que no va a perder usted su dinero». Entre medias, quedaba una letra pequeña sin leer o comprender por parte del ahorrador; unas características de aquella inversión que el ahorrador entendía como un «dinero a plazo» con algo más de interés del normal sin que nadie le dijera que su dinero se iba a acciones de Lehman Brothers o bonos islandeses, y una confianza casi como de amigos en «su» banquero. El caso es que la mayoría de los ahorradores que padecieron esto entraron al banco con un perfil de eso, ahorradores, y salieron con uno de «inversor de alto riesgo». Sin saberlo, pasaron de disfrutar de mañanas al sol en la plaza de sus barrios y pueblos a, con carácter ignoto, formar parte de otra plaza, la de la Bolsa de Madrid. Sino ellos, sí sus ahorros.

No queremos decir con esto que es cuestión de desconfiar por norma de todo el mundo bancario ni de criminalizarlo, sino de encontrar un posición intermedia, un «justo medio», que diría Aristóteles, en las relaciones con nuestro banco. Así, para los particulares avezados en temas financieros, que los hay, productos con algo más de riesgo, si es lo que prefieren; mientras que para los ahorradores, productos como depósitos a plazo o una cuenta ahorro, que encaja perfectamente con el perfil de «hormiguita» y, a la par, olvidarse de todos los productos que no entendamos. Al fin de al cabo, la relación con nuestro banco es de carácter comercial, como cuando vamos a contratar una línea móvil o de Internet: vemos lo que nos ofrecen y si nos interesa, lo adquirimos.

Pérez ReverteNo obstante, también hay que decir que hay de todo. Pérez Reverte, en una entrevista que se le hizo hace poco, decía algo así como que muchos están esperando a que pase la crisis para volver a hacer lo que hacían antes. Esto es: despilfarrar y endeudarse. Todo es posible y se podrían dar casos de nuevos endeudamientos masivos o pérdida de capital adquisitivo por dos vías.

La primera sería que las propias entidades bancarias, una vez recuperada, de forma parcial, la capacidad adquisitiva de sus clientes y activado el consumo volvieran a ofrecer todo tipo de productos financieros como créditos personales con alto interés o participaciones de sus usuarios en productos de inversión en el mercado variable, con el consiguiente riesgo para ellos.

Una segunda vía, y que sería la que recalca Reverte, es que los propios usuarios, es decir, nosotros, una vez superadas nuestras dificultades económicas, nos «animáramos» de nuevo y volviéramos al crédito para aumentar nuestro nivel de vida: unas vacaciones mejores, una presuntuosa reforma en nuestra casa o un coche nuevo. Todo esto sin tener capacidad económica real para afrontarlo.

También, en relación a este último caso, muchos pueden pensar que las cuentas de ahorro y otros productos como depósitos a plazo, no proporcionan suficiente interés. Y esto es cierto. En el mundo financiero sólo se gana mucho dinero invirtiendo y asumiendo riesgos. Pero, ¡cuidado! que «más vale pájaro en mano…».

¿Qué estamos intentando decir con estos párrafos? Que debemos establecer una nueva posición ética con nuestro banco y con la forma de gestionar nuestro dinero. Todo aquello que no pase el filtro de nuestra racionalidad -y razonabilidad- en cuestiones económicas, que no entendemos -y tras un esfuerzo seguimos sin comprender- es mejor dejarlo pasar. La entidad bancaria debe ocupar la misma posición que una empresa proveedora de servicios ADSL y móvil, que una empresa de reformas, que un servicio publicitario, que un proveedor energético, que una papelería, que un servicio de belleza…nos ofrecen un servicio, lo analizamos, y si nos convence, lo adquirimos. Y sobre todo, lo más importante, es aplicarse aquello de «zapatero a tus zapatos». Si somos ahorradores, es mejor no entrometerse en el terreno de los brokers y el riesgo bancario.